Se llama Cinta Tort Cartró pero en las redes es conocida como “Zinteta”. Una joven de veintidós años nacida en Torrelles de Llobregat, Barcelona que ha conseguido ser un fenómeno en las redes sociales por su artivismo. Sin embargo, eso no la aleja de la clásica crisis de los veinte ni de la realidad de ser artista más allá de internet. Aprovechamos que está en Madrid por su exposición en la Galería Rizoma y por su participación en el Hybrid Festival, un festival de arte alternativo de Madrid, para hablar con ella.

Empezó a pintar de niña en el colegio pero el sistema educativo le hizo creer que lo suyo era la rama de ciencias y que el arte solo era un hobby. La confusión de esa edad también la llevaba a decir “ni machismo, ni feminismo: igualismo”, cuenta entre risas echándose las manos a la cabeza. Sin embargo, en el bachillerato y la universidad volvió a pintar y se convirtió en su forma de canalizar sus emociones.

“Para mí el arte es una herramienta tanto de lucha como de terapia” y es que sus obras tratan de muchos temas que empoderan a las mujeres. Con sus dibujos intenta transmitir el amor al propio cuerpo con todas las “imperfecciones”. Pinta tampones y ropa interior para expresar que la menstruación no debe ser un tabú. Además realiza body painting en los que dibuja corazones conectándose más allá de la etnia, raza o edad…Sus obras tienen una fuerte carga de lucha social.

Me cuenta que el feminismo llegó a su vida a través del blog “Faktoria Lila” y a través de conocer el movimiento empezó a conectar con ella misma. Acudió a charlas, asambleas, se reencontró con su cuerpo y se alejó de personas tóxicas hasta el momento en que dijo “Venga” y fusionó sus ideas con sus pinceles. Aunque defiende que “el arte es emoción de la persona” y es respetable aunque no tenga ningún trasfondo social, “Cuando tengo épocas más íntimas me gusta pintar cosas más abstractas” confiesa pero insiste en la importancia de que el arte sea “lucha y critica”.

Una campaña en la que pintaba de colores las estrías hizo que se volviera viral y actualmente tiene más de 70.000 seguidores en Instagram. Le preguntamos sobre si considera las redes sociales como un buen o mal escaparate, se concentra para responder que a ella le asustan “porque hay personas o asuntos peligrosos” pero añade que “el poder crear una red de redes con otros artistas u otros activistas es necesario. Así podemos mostrarles una alternativa a las jóvenes.”  

“Yo las criticas las llevo bien” nos dice en referencia al campo de batalla que pueden surgir en los comentarios de algunas de sus publicaciones. “Soy una persona que comunico mucho en redes y me gusta tener feedback con mis seguidores. Me gusta expresarme y explicarme. Es mi red, puedo hacerlo.” Se queda pensativa y pone cara de haberse venido arriba, imaginó que estará recordando cómo está la libertad de expresión en este país…pero vuelve a la carga “Pero cuando alguien te pone un comentario llamándote algo que no eres y por lo que luchas, duele” y termina: “Decir algo de ti que no saben es un error muy grande”

Más allá de las redes ha realizado numerosas exposiciones gratuitas en espacios muy diferentes; desde centros sociales okupados, universidades o galerías de arte. “Me gusta que las exposiciones sean gratuitas porque creo que la accesibilidad es necesaria. Son gratuitas pero yo confió en que la persona que vaya aporte en el proyecto a través de la taquilla inversa o comprando algo. Confió en que el público contribuya en el trabajo del artista.” Le preguntamos si la gente suelen funcionar estos métodos. “No. No funcionan mucho” dice tajante. Le comento si cree que como sociedad no estamos acostumbrados a pagar por el arte y me responde: “Aquí por el arte no paga ni Dios. Intentas poner precios coherentes al trabajo que te ha costado y te dicen “¡Qué caro!” o cuando te piden un dibujo gratuito…” Hace un gesto entre la resignación y la rabia. “A mí me gusta hacer esto pero es mi trabajo…Es complicado desde el enfoque de nuestro país. Debemos reflexionar sobre la cantidad de arte gratuito que consumimos.” Pese a eso dice que puede vivir de su arte parcialmente: “Hay gente que me dice que podría vivir de esto pero tampoco quiero presionarme. Vivo de ello porque dejé todos los trabajos para apostar por esto pero sigo viviendo con mis padres. Lo que gano no me permite independizarme. De momento.”

“Si me gusta el sistema en el que vivo o no es otra cosa. Tengo derecho a ganarme la vida con mi arte” sentencia. Y nos invita a reflexionar tanto sobre el sistema como sobre la precarización del arte y por tanto, del artista. Tras la entrevista tan amena, volviendo del parque donde la hemos hecho se queja del neoliberalismo y de la “auténtica basura” que puede convertirse en tendencia por las redes sociales. También es muy franca consigo misma cuando me dice “No todos los espacios están al alcance de Zinteta. Nunca la verás en ARCO, por ejemplo.” (Aún no había salido la noticia de la retirada de la obra de Santiago Sierra) Y volvemos a la carga contra el sistema que nos toca vivir. Finalmente suelta un “Yo flipo mucho” entornando los ojos, medio riendo pero bastante indignada.