Ucrania es un país limítrofe con Rusia que desde la caída del muro de Berlín ha estado sometida a continuos y traumáticos cambios en su modelo de estado. Formando parte de la Unión Soviética, Ucrania alcanza su independencia en 1991 y asume profundos cambios económicos y políticos. Al igual que otros países similares, como Polonia o Hungría, se producirían intentos de alejamiento de la órbita rusa para acercarse más a Europa, asumiendo la economía de libre mercado y una estructura política más cercana a los regímenes occidentales.

Sociológicamente, el oeste de Ucrania parece más próximo a integrarse en la Unión Europea frente al este y sur del país, de mayoría totalmente rusoparlante y que sería más nostálgica de la integración soviética. Hoy en día, Ucrania es un país dividido que se encuentra en el centro de las disputas geoestratégicas entre EE.UU y Europa, por un lado, y Rusia por el otro.

¿Qué son las revoluciones de colores?

En la primera década del 2000, numerosas protestas ciudadanas se produjeron en países miembros de las exrepúblicas soviéticas. Reciben su nombre, por los colores distintivos elegidos para abanderar las protestas.

Principalmente, las revoluciones de colores más o menos exitosas han estado vinculadas a movimientos sociales y estudiantiles como por ejemplo, OTPOR (que significa Resistencia en Serbio) y muchas más.

Estas protestas desembocaron en cambios de estado y suponen revoluciones que han cambiado completamente el escenario geoestratégico internacional en favor de intereses occidentales, esto es, en favor del interés de EE.UU y Europa.

Si profundizamos un poco más en la estrategia de este tipo de revoluciones y qué tiene que ver esto con EE.UU, nos podemos encontrar con que estos movimientos tienen las siguientes características:

  1. Están protagonizadas fundamentalmente por jóvenes, estudiantes y activistas de movimientos sociales.
  2. Estos movimientos están apoyados, financiados y formados por fundaciones, asociaciones, instituciones y ONGs procedentes de fuera del país, mayoritariamente occidentales.
  3. Emplean métodos no convencionales de protesta que bordean la legalidad, pero que se presentan como no violentos. Buscan provocar una escalada represiva que legitime sus reivindicaciones ante la opinión pública.
  4. Tienen una amplica cobertura y difusión de aquellos grandes medios de comunicación, dentro y fuera del país, que están vinculados a intereses económicos y políticos de EE.UU.
  5. Ideológicamente, son movimientos difusos con reivindicaciones genéricas y eslóganes poco precisos y vacíos, aunque asumen las reglas básicas de la economía de libre mercado y tienen un posicionamiento radicalmente anticomunista y antisocialista.
  6. Suelen producirse en momentos de inestabilidad y frustración ciudadana. Muchas se han desencadenado en procesos electorales a los que se se les ha acusado de fraudulentos.

Gran parte de las tácticas de estos movimientos proceden de las ideas del sociólogo y filósofo Gene Sharp y sus métodos de lucha no violenta para derribar regímenes supuestamente autoritarios o dictatoriales.

En palabras del propio Gene Sharp, “la acción no violenta es una técnica para conducir conflictos, tal como la guerra militar, el gobierno parlamentario y la guerra de guerrillas. Esta técnica usa métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos. Ha sido utilizada para una variedad de objetivos, ‘buenos’ y ‘malos’. Ha sido utilizada tanto para cambiar gobiernos como para sostenerlos contra ciertos ataques”.

¿A qué se le llama acción no violenta?

La lucha no violenta se puede clasificar en tres tipos de acciones: protesta y persuasión, no cooperación, e intervención no violenta.

Estas acciones van desde manifestaciones simbólicas como marchas y vigilias, el boicot, el desabastecimiento, la especulación y las huelgas (laborales, de hambre…), la insumisión o la constitución de estructuras gubernamentales paralelas. Este último ejemplo, se practicó en Venezuela en 2002 y en 2014, cuando la Plaza del Maidán ratificó al nuevo gobierno surgido del golpe de estado.

Lograr el apoyo de la opinión pública es indispensable, crear un escenario favorable desde los mass media para generar legitimidad es un paso previo al apoyo institucional.

Viendo que estas acciones puedan llegar a ser bastante contundentes. Quizás con no violencia, se refieren a que no arrasan un país a bombazos, pero eso no significa que no se puedan emplear tácticas violentas y de terror con las que conseguir el mismo objetivo, como se observó en las llamadas primaveras árabes, en Siria, Venezuela y también, en Ucrania.

¿Qué intereses europeos y estadounidenses hay en Ucrania?

Rusia era uno de los principales socios comerciales de Ucrania y es dependiente del gas que Rusia le suministra a este país y parte de Europa (los gasoductos que abastecen a Ucrania y parte de Europa pasan por su país). Igualmente, la situación geográfica de Ucrania, que limita con el Mar Negro, es importante ya que éste mar es el que da acceso naval de Rusia al Mediterráneo.

Según el académico Carlos González-Villa, las revoluciones de colores en Europa se han producido en los países que poseían gran importancia estratégica para Rusia.

Es más que obvio que EE.UU lleva cercando militarmente a Rusia desde la disolución de la Unión Soviética. Y Ucrania es de una importancia estratégica fundamental.

Hay que destacar que las movilizaciones del Euromaidán comienzan precisamente cuando el gobierno de Yanukovich se niega a ratificar las exigencias de la UE y decide negociar un acuerdo más ventajoso con Rusia, que se compromete, entre otras cosas, a comprar bonos del estado ucraniano por valor de 15 mil millones de dólares. A partir de que el gobierno ucraniano se niega a ratificar el Acuerdo de Asociación con la UE en noviembre de 2013, es cuando el conflicto comienza a radicalizarse.

¿Cómo se desarrolla el movimiento del Euromaidán en Ucrania?

Tras la Revolución naranja de 2004, el liderazgo de Yanukovich perdió fuerza frente a Viktor Yuschenko y Yulia Tymoshenko, que eran más favorables al acercamiento a Europa que a Rusia. Sin embargo, sus políticas no parecieron contentar mucho a la población ucraniana y los reiterados casos de corrupción de estos gobiernos llevaron a que Yanukovich ganara de nuevo las elecciones en 2010 y a finales de 2013 termina aceptando la oferta rusa de abaratar su suministro de gas y comprar bonos del estado, desoyendo las advertencias de la Unión Europea y las exigencias del FMI.

Ante esta perspectiva, EE.UU y Europa no se han quedado de brazos cruzados en ningún momento. Desde 2006, la OTAN ha proporcionado entrenamiento militar en Estonia a activistas de extrema derecha como los de Autodefensa Ucraniana (UNA-UNSO), que ya participaron en acciones militares junto a tropas georgenias contra Osetia del Sur. A través de sus fundaciones y ONGs financiadas desde el Departamento de Estado norteamericano, se presta apoyo, se inyecta dinero y se proporciona entrenamiento a activistas ucranianos Aquí jugarán un especial protagonismo las fundaciones del magnate George Soros.

En diciembre de 2013, se cierra el acuerdo con Rusia. El movimiento maidán ya estaba prácticamente conformado y el 8 de diciembre, en la marcha del millón, manifestantes bloquean el barrio gubernamental e incluso llegan a tumbar una estatua de Lenin. El movimiento proeuropeo del Maidán culpabiliza de todos los males de Ucrania a Rusia y ataca con ferocidad cualquier signo o símbolo, como el propio idioma ruso, utilizado como primera lengua por más del 30% de la población ucraniana.

Ante la resistencia del gobierno y, dado que la protesta relativamente pacífica no terminaba de cuajar, se opta por la alternativa más violenta y grupos de extrema derecha entran en el juego.

El empleo de barricadas y armas de fuego empiezan a imponerse por las calles de Kiev. Se ocupan ayuntamientos, se destroza mobiliario urbano y se producen linchamientos. Se fuerza tácticamente una respuesta represiva por parte del gobierno ucraniano ante esta escalada de violencia y esto es aprovechado por los medios de comunicación para mostrar como víctimas de un estado corrupto y dictatorial a quienes protestan. Esto refuerza positivamente las simpatías de parte de la opinión pública hacia el movimiento de la Plaza Maidán. Una táctica ya bien vista en otras revoluciones de colores.

El discurso filonazi del “movimiento indignado” del Maidán recupera la imagen de Stepan Bandera, colaborador nazi de la segunda guerra mundial que realizó matanzas sistemáticas en su propio país. Los símbolos fascistas y nazis se hacen presentes en las protestas, como la runa Wolfsangel del partido fascista ucraniano Svoboda y que fue el emblema de la 2ª División Panzer SS.

Finalmente, tras la matanza de más de 20 personas a manos de francotiradores no identificados en la plaza de Maidán, cuando parecía que estaba a punto de firmarse un principio de acuerdo entre el estado ucraniano y líderes de la oposición más moderada, el gobierno de Yanukovich se desmorona. Algunas fuentes señalan que los disparos pudieron haberse producido desde el Hotel Ucrania, cercano a la plaza y ocupado en aquel entonces por opositores de ultraderecha.

Asumirá el poder interinamente Turchinov, antiguo colaborados de Tymoschenko, encerrada en prisión por abuso de poder durante su mandato. Turchinov también asumiría el mando supremo de las fuerzas armadas del país. El nuevo ejecutivo, ya en sintonía total con EE.UU y Europa da marcha atrás en el acercamiento a Rusia y apenas dos meses después de la marcha de Yanukovich, el nuevo primer ministro Yatseniuk firma con Van Rompuy, Durao Barroso y los 27 miembros del Consejo de Europa el Tratado de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea.

La violencia ultra, el golpe de estado contra un gobierno democrático y la creación de un gobierno compuesto de personajes corruptos y filonazis, llevó a procesos separatistas en la zona de Crimea y el Donbass, que ha desencadenado una guerra civil en Ucrania.

Rusia no tardó en reaccionar al golpe de estado del Euromaidán enviando tropas hasta la frontera ucraniana e incluso proporcionó apoyo a Crimea con soldados. Más allá del debate sobre quién es más ingerencista, si Rusia o EE.UU, lo cierto es que la ultraderecha del movimiento Maidán fue explícito en amenazar y perseguir violentamente cualquier signo de simpatía por Rusia, por una posición política de izquierdas o cualquier cuestionamiento de la deriva europeísta del nuevo régimen. Desde entonces ha habido matanzas como la de la Casa de los Sindicatos en Odessa perpetradas por la extrema derecha.

El tratamiento de los medios ha ido en completa sintonía con los objetivos de la UE y de EE.UU, relativizando cuando no censurando directamente cualquier elemento que pudiera repudiar a la opinión pública en su países. Logrados los objetivos de la injerencia en Ucrania, hoy en día silencian la situación de estado fallido en que vive Ucrania, con una economía deteriorada y un estado fragmentado y en guerra.

No es de extrañar que la afición del Rayo Vallecano protestara por el traspaso de Zozulya, quien es un militante confeso de extrema derecha que ha hecho campaña por los elementos más ultraderechistas que perpetraron el golpe de estado del euromaidán. Las televisiones, los periódicos, la radio, la liga de fútbol profesional y el ayuntamiento de Madrid no tardaron en atacar con dureza muy oportunamente este gesto de ética y dignidad. La práctica unanimidad en condenar a la afición del Rayo de ultra y de violenta a una afición para la que el fútbol es secundario frente a valores como el antifascismo. No es de extrañar, pues estos mismos medios son financiados y comparten los mismos intereses de aquellos que ven con buenos ojos lo que ha sucedido en Ucrania.

Tendremos que seguir analizando y contrastando informaciones para impedir que este tipo de procesos violentos y anti-democráticos que desestabilizan países, como los de las revoluciones de colores, puedan seguir produciéndose.

Frente al fascismo y sus promotores, tanto ayer como hoy, decimos “¡NO PASARÁN!”.