Fotografía de Luis Sevillano

Conviene estudiar a tus enemigos, no sólo para evidenciar el rechazo evidente a sus valores morales y reafirmarnos en nuestros postulados, sino también para adelantarse a sus movimientos, convirtiéndolos así, en meros fracasos. La derecha española, tan homogénea en sus principios y diversificada en sus expresiones o formas, ha de ser considerada como un elemento de análisis lejos de superficialidades y simplismos. Este cúmulo de artículos o reportaje en su conjunto, en menor medida, intenta abrir un debate colectivo acerca de la composición y las reproducciones de la derecha en la sociedad española. Este primer artículo, ataña a la cuestión de los medios coercitivos e ideológicos encargados de vertebrar el conjunto heterogéneo de la derecha española en unas decisiones políticas unánimes. Dada su relevancia, no extraña su continua alusión y utilización como herramienta analítica clave durante el transcurso de todos los artículos.

El primer elemento indisociable alude al pasado y presente histórico que representó el franquismo como régimen y la deriva de sus cloacas sociológicas en la actualidad. He aquí la primera anomalía de la derecha española frente a otras. Mientras los fascismos y nacionalismos, en su distinta índole y desde la complejidad y controversia en torno a su clasificación, en mayor medida, han sido desterrados, la derecha española es incapaz de romper ese estrecho y difuso vínculo que le separa del franquismo. Todo ello ha de encuadrarse dentro de un proceso histórico de transición de las élites que, llegadas al tardofranquismo, comenzaron a sufrir una trasmutación en favor de un sistema democrático sin perder la relación con el régimen. Esa relación y, al mismo tiempo, distancia, provoca que, en la actualidad, la condena del régimen por parte del PP y, por ejemplo, su vehemencia contra la Memoria Histórica, siga sin hacer aguas dentro de su electorado e incluso, en ciertas ocasiones por parte de algunos sectores, sea aplaudida. Es cierto que el Partido Popular aúna en parte de su electorado a lo que podría definirse como “melancólicos del franquismo”. Sí, aquellos que no muestran pudor alguno para hacer apología del mismo, se veneran en banderas franquistas y sacan la mayor de sus putrefacciones morales en cuestiones que atacan a sus preceptos más tradicionalistas. Pero lejos de percepciones e intuiciones históricas, resulta aún más complejo entender el conjunto de la derecha política y sociológica del país y, fundamentalmente, los pilares en torno a los cuales se configuran sus identidades propias.

Al igual que el electorado político de la izquierda responde a un conglomerado de elementos históricos, sentimentales, sociales, culturales…la derecha también se articula y cohesiona junto a otros elementos distintos dentro de una misma tradición política. Cabe rechazar, en primera instancia, el burdo y pretencioso precepto de que la derecha española no tiene ni intelectuales ni referentes culturales. Puede considerarse que no sustenta sus consideraciones ideológicas en unos intelectuales, en el más sentido elitista del término. Pero evidentemente que en su espectro ideológico circundan referentes de todo tipo. Se ha de entender a las ideologías, lejos de nuestras desavenencias con algunas, y, fundamentalmente, la construcción de identidades, como un conjunto de elementos que necesitan los individuos para seguir sosteniendo sus preceptos más elementales. Los cuales dependen, en gran medida, del entorno social y cultural en torno al cual estructuran sus vidas.

 Y, por ello, en la batalla ideológica confluyen, como es evidente, los aparatos coercitivos e informativos o propagandísticos. La relevancia de los medios ideológicos en la derecha española se articula en torno a sus relaciones con la prensa, la radio y la televisión. Al igual que El País, en el pasado, jugó como intelectual colectivo del progresismo, medios como La Razón, el ABC, El Mundo, La Vanguardia…juegan un papel fundamental como contrapesos de poder. Cada uno cumple con su función elemental, y he aquí su éxito, comparten una serie de máximas inquebrantables y fundacionales dentro de la derecha española. La Razón y el ABC forman parte del grueso duro y más reaccionario de las posiciones derechistas. Ambos suelen estar ligados a generaciones adultas y ancianas, en las cuales cabe incluir a lo que hemos llamado “melancólicos del régimen” y a una parte de la población con un arraigado vínculo al tradicionalismo. Ciertamente estos, aunque puedan ser considerados con acierto como los más carpetovetónicos e indignos moralmente, no destacan por su función cohesionadora ejercida, en mayor medida, por El Mundo dentro de la derecha española. Resulta más relevante analizar este último como un elemento generador de unión dentro de la derecha sociológica que necesita un medio generalista para encontrar información de distinta índole y calibre, sin desligarse de su tradición política. Podría decirse, enlazando con la radio, que son parte de ese electorado con El Mundo bajo el brazo y Onda Cero, en mayor medida que la COPE, en sus oídos.

El último aparato ideológico fundamental para comprender la cultura derechista española es la televisión. La televisión, como sujeto articulador fundamental para la cohesión debido a su gran capacidad de masas. Algo que, ineludiblemente, complejiza y confunde los límites del análisis. Los medios con mayor influencia, y en este caso la televisión, tejen la realidad y confunden lo que podríamos diseccionar como izquierda o derecha. En gran medida ese es su acierto, llegar a un mayor público posible sin importar la tradición política de cada uno. He aquí un inciso como nexo en el análisis. El popular Owen Jones relata con meticulosidad el proceso de demonización vivido por la clase obrera inglesa en su libro Chavs: La demonización de la clase obrera. Si ese libro existiese respondiendo a la realidad española, no sólo debería recoger la permanente alusión del bipartidismo a las “clases medias”, sino también analizar el papel que tuvieron los gobiernos de Aznar durante este mismo proceso. El bombardeo de programas de show fue una perfecta herramienta, con su marcado sentido americanizado, para, al igual que el fútbol, ser una expresión alienante para desvirtuar la politización progresiva de la sociedad. Más concretamente en la juventud que, como ya señalaremos, se ve atraída por una nueva cultura que le aleja de su clásico cariz contestatario.

Por último, dentro de este primer artículo, el medio coercitivo por excelencia del pensamiento conservador es la Iglesia. La Iglesia sigue siendo, en nuestros días, un aparato de reunión que consolida, por regla general, las posturas más reaccionarias de toda la sociedad. Durante el franquismo y el régimen democrático ha sido y es un pilar fundamental para la derecha política española. No sólo como lugar de encuentro, sino por su potencial capacidad propagandística. Retirar las subvenciones por parte del Estado directamente e indirectamente, junto a la consolidación de un estado laico real, sería un varapalo sin precedentes para la derecha española desde tiempos de la Segunda República y, sin lugar a dudas, uno de los mayores triunfos que podría conseguir la izquierda desde hace años. A pesar del buenismo y las absurdas ingenuidades de condecorar a vírgenes con medallas, desde un extraño y nunca conocido sentido del laicismo.

 

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