A lo largo de estos últimos meses hemos visto a través de diversos medios de comunicación como tenían lugar numerosas, y polémicas, manifestaciones convocadas por el sector del taxi. El motivo era claro: la creación de un nuevo mercado por Uber y Cabify que entra en confrontación con el taxi.

Cabify funciona como punto de contacto entre usuarios y un grupo de conductores privados. La compañía ofrece su servicio a dos grupos de clientes: usuarios corporativos, compuesto por empleados o grandes clientes, y usuarios particulares. La diferencia con el taxi radica, principalmente, en dos elementos: ofrece una prestación más elegante, ya que sus conductores han de llevar una vestimenta formal y los coches son de alta gama, y se pueden incluir otros servicios como materiales de lectura o bebidas.

Uber, por su parte, también se presenta como un intermediario entre usuarios y conductores. Estos últimos sí realizan el mismo trabajo que un taxi convencional, con la diferencia de que el pago se realiza previamente con la tarjeta y a través de la app, único método para solicitar un vehículo.

Origen del conflicto:

Las tensiones comenzaron en 2009, cuando se liberalizó el servicio de transportes de vehículos de menos de nueve plazas gracias a la aprobación de la Ley Ómnibus por el Congreso. Las solicitudes de licencias de vehículos con conductor -también llamadas VTC- se dispararon y, para intentar frenarlo, en 2013 se modificó la Ley de Ordenación del Transporte Terrestre. En esta reforma se incorporaban por primera vez las VTC, controladas siempre por los ayuntamientos y en proporción al número de las de taxi. Tras numerosas huelgas en 2014 por la irrupción de Uber en España, las asociaciones de taxistas y arrendadores de vehículos con conductor llegaron a un consenso: a través del Real Decreto 1057/2015 y de una Orden ministerial se establecía la relación de una VTC por cada 30 licencias de taxi.

Sin embargo, las agrupaciones de taxistas defienden que, según los últimos datos, en España hay una VTC por cada 11 licencias de taxi e, incluso, en Madrid, una por cada siete. Además, les acusan de competencia desleal y de no jugar con las mismas normas.

Motivos de la protesta:

En primer lugar, encontraríamos que mientras que una licencia VTC en Madrid cuesta alrededor de 50.000€ -al principio costaban tan solo 5.000€- las del taxi están a unos 123.000€. Así mismo, podríamos hablar de los requisitos para ser conductor: los taxistas han de superar un examen, cuya obtención requiere una inversión de unos mil euros; deben carecer de antecedentes penales, de enfermedades infecto-contagiosas o de impedimentos físicos o psíquicos que impidan la conducción; no pueden ser consumidores habituales de estupefacientes o bebidas alcohólicas y deben tener el título de la ESO o uno equivalente. En el caso de las otras dos plataformas, bastaría con no tener antecedentes, un test básico de conocimiento de la ciudad, un examen psicotécnico y el uso de la aplicación correspondiente.

Como segundo punto, los taxistas exigen que se cumpla la “habitualidad”, que exigiría que conductores de Uber y Cafiby prestaran al menos el 80% de sus servicios en la Comunidad Autónoma que le otorgó la licencia.

También piden una identificación homogénea que diferencie a estos vehículos de los taxis, ya que actualmente solo es obligatorio en Madrid, Cataluña y Valencia.

En cuarto lugar podríamos nombrar la eliminación de ventajas fiscales para las VTC, que gozan con un IVA reducido del 10% y la prohibición de la especulación con las licencias, por ejemplo, con limitaciones temporales.

Del mismo modo, los taxistas denuncian las condiciones muy precarias de trabajo para los conductores de las VTC, ya que aunque las empresas los consideran autónomos no está del todo establecido y , por tanto, no existe una fuerte regulación. Así, se han llegado a dar casos de trabajadores que duermen en sus coches para aprovechar al máximo sus ingresos.

Como sexto punto, tendríamos la liberalización de los precios que impide una competencia sana. En el sector del taxi es el ayuntamiento quien establece las tarifas utilizando, además, un contador; en Uber y Cabify son las propias plataformas quienes las marcan, permitiéndose así el juego con los precios.

Por último, aunque Cabify defiende que sí paga sus impuestos en España, Uber, por su parte, tiene su sociedad matriz en Holanda -conocida por tener una tributación muy favorable para holdings con sede allí-. Esto les permite obtener mayores beneficios al pagar menos impuestos.

Desmontando mitos del taxi:

La televisión en los últimos meses, y sobre todo a raíz de los parones y manifestaciones, ha llevado a cabo una enorme campaña de desprestigio contra los taxistas, llegando a denominarles “privilegiados”. Sin embargo, si analizamos sus condiciones y requisitos de trabajo vemos que no es así.

La jornada máxima de trabajo de un taxista es de 16 horas, es decir, el doble que una jornada completa normal . Además, en el caso de los taxis convencionales se trabajan 5 días a la semana, pero en los eurotaxis -7 plazas y aptos para minusválidos- se pueden trabajar los 7 días.

Un taxista puede estar horas haciendo cola para conseguir un servicio que tan solo tenga un precio de 20 euros. Por ello, se decidió establecer un mínimo de 4 euros, conocido por “bajada de bandera”.

Un taxi debe pasar la ITV cada año y una vez que éste tiene más de 5 años cada medio, lo que supone un gasto adicional para el conductor. Obligatoriamente se ha de cambiar de vehículo cada diez años, aunque suele ser antes, debido a la cantidad de kilómetros que hacen. Además, no se puede utilizar cualquier marca, ha de ser uno que aparezca en el listado de modelos del ayuntamiento. A ello, hay que sumarle lo que cuesta instalar un taxímetro -alrededor de 2.000€- y otros gastos como gasolina, seguro, impuestos y otras tasas.

Tras el conflicto entre taxistas de Barcelona y el reportero de Espejo Público, la opinión popular no ha sido muy favorable para el sector del taxi. La explicación a esta reacción reside en que días anteriores, en este mismo programa, se afirmó que uno de cada cinco taxis de esa ciudad manipula el taxímetro para sacar mayor beneficio.

Otro mito muy extendido es que el taxi es un monopolio y que el motivo de la ilegalización de Uber y Cabify es seguir abarcando la totalidad del mercado. Sin embargo, tal y como he dicho anteriormente, las tarifas, las licencias o los propios coches están regulados por el sector público y son los propios autónomos quienes compiten entre sí. Uber y Cabify, por su parte, sí podrían conformar un duopolio -una vez que adquirieran todo el mercado- en el que no existiría ningún tipo de control por parte de las Administraciones locales, lo que les permitiría subir los precios a su antojo. Este hecho ya quedó ejemplificado tras la última huelga de taxistas o en los atentados de Londres donde, mientras que taxistas trasladaban a gente gratis, las tarifas de Uber subieron entre 2 y 5 veces más -a mayor demanda, mayor precio-.

Por último, el mayor argumento utilizado es que estas plataformas suponen una gran modernización a través de la tecnología, pero lo cierto es que el servicio ofrecido es igual y que el sector del taxi ya cuenta con numerosas apps.

Conclusiones:

Tras hacer el análisis de lo que supondría Uber quedan muy claras tres ideas. En primer lugar, la liberalización de un nuevo sector, beneficiando a las grandes empresas frente a un servicio regulado públicamente. En segundo punto, y como consecuencia de lo anterior, su privatización dando lugar a un futuro duopolio. Y, por último, la fuerza del lobby que hay tras Uber, que ha conseguido hacerse con ciudades como San Francisco, y que no parará hasta conseguir controlar la totalidad del mercado mundial a través del apoyo de gobiernos y medios de comunicación o mediante el patrocinio de diversos espacios. De hecho, su creador, Travis Kalanick, ya se encuentra dentro de la lista Forbes.

Frente al abuso de las multinacionales, defendamos el trabajo digno.