ESPLENDOR EN LA HIERBA

Tormenta y renacimiento

Jueves Negro (24 de octubre de 1929), Lunes Negro y Martes Negro fueron los tres peldaños hacia el infierno que llevaron a los Estados Unidos a un periodo catastrófico de su historia y cuyas repercusiones sociales, económicas y políticas fueron  devastadoras. El gigantesco derrumbe del mercado de valores originado por el boom especulativo surgido a primeros de la década de los veinte, ocasionó en pocos días la caída en picado del valor de las acciones, llevando al país a la pérdida masiva de empleo de cientos de miles de trabajadores y a terribles tragedias individuales y colectivas. Este clima de la Gran Depresión fue retratado por la novela y el cine norteamericanos en títulos que han pasado a la historia. El más notorio fue “Las uvas de la ira”, basado en un texto inmortal de John Steinbeck, uno de los mejores del siglo XX, llevado al cine por John Ford, donde el maestro narró con su habitual precisión y sobriedad el éxodo de miles de agricultores hacia el Oeste del país en busca de trabajo en las grandes plantaciones. Pero Hollywood también retrató este trágico período de su historia a través de una serie de inolvidables películas: “!Qué bello es vivir!” de Frank Capra, “Los viajes de Sullivan” de Preston Sturges, “Luna de papel” de Peter Bogdanovich, “El cartero siempre llama dos veces” de Tay Garnett, “¡Danzad, danzad, malditos!” y “Propiedad condenada” de Sidney Pollack, “Bonnie & Clyde” de Arthur Penn y, por supuesto, “Esplendor en la hierba” de Elia Kazan, una historia romántica ambientada en una pequeña localidad de Kansas que da comienzo en la Nochevieja de 1928 y  que, entre otras cosas, su supuso el debú del actor y también director Warren Beatty y el mejor trabajo de su protagonista femenina, la inolvidable Natalie Wood.

Elia Kazan era un greco-turco de formación católica nacido en Anatolia y emigrado a los EEUU que había entrado en contacto años antes con los grupos izquierdistas de la vanguardia teatral neoyorkina, para convertirse años después en una de los directores más brillantes de su tiempo. Debutó en el cine en 1945 con “Lazos humanos” y después de realizar algunos títulos inmortales, aprovechó un guion de William Inge en 1961  para contar con absoluta maestría la historia de una joven pareja enamorada víctima de la represión sexual de la época, cuya tragedia personal se desarrolla de forma paralela a la gran tragedia colectiva de todo un país. Para Kazan el Crack era el objetivo, algo que, como en el teatro griego, era de esperar, ya que, para él, el destino de los EEUU era el de atravesar por este período terrible para, después, “renacer”. USA debía pagar una deuda y, después, empezar de nuevo. Este era el clima opresivo de la historia, donde los padres ejercen el papel de tales sin la mínima preparación necesaria y las fuerzas vivas del lugar, los representantes de la ciencia y de la iglesia se muestran absolutamente incapaces de ofrecer a los jóvenes una solución a sus acuciantes problemas.

Como en todas las películas de Kazan hay elementos biográficos ya que también él sufrió las consecuencias del Crack del 29 viendo cómo el negocio de su padre, antes próspero comerciante de alfombras, era arrastrado, de pronto, por la gran recesión económica. Vio, literalmente, a gente lanzarse por las ventanas, aquellos que vieron esfumarse en un santiamén sus grandes fortunas y también vio las caravanas que huían hacia el oeste en busca de pan y trabajo.

Elia Kazan es uno de los grandes directores de actores de la historia del cine. De formación teatral había fundado el Group Theater y en 1947 una de las más grandes escuelas teatrales del mundo, el Acto,r Studio, junto a Cheryl Crawford y Robert Lewis, arrancando de sus intérpretes en cine y teatro algunas actuaciones memorables. En su filmografía destacan auténticas obras maestras como “La Ley del Silencio”, “América, América”, “El compromiso”, “Al este del edén”, “¡Viva Zapata” y, desde luego, “Esplendor en la hierba”. Pero su extraordinaria filmografía se vio enturbiada por su nefasta actuación ante el Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy.  Llamado a declarar, se  negó en primera instancia, pero acabó denunciando a ocho exmiembros del Group a los que identificó como comunistas, entre ellos al gran dramaturgo Clifford Odets. Su declaración truncó sus carreras, mientras Kazan pasaba a la historia como un delator sin escrúpulos. Kazan reaccionó dirigiendo una obra maestra, “La ley del silencio” donde llegaba a convertir la delación en un acto de heroísmo, pero también acabaría por ser acusado de manipulación ya que los sindicatos portuarios de los muelles de Brooklyn a los que acaba delatando Terry Malloy (Marlon Brando) no estaban controlados por la Mafia sino trabajadores comunistas.

En 1999 se le otorgó un Oscar honorífico al conjunto de su carrera. Cuando Kazan apareció para recibir el premio se apreció, claramente, una división de opiniones entre sus compañeros de profesión, desde los aplausos entusiastas de Martin Scorsese hasta el silencio sepulcral de actores como Ed Harris. Y esta cuestión sigue suscitando fuertes debates en la actualidad ya que tiene que ver con los comportamientos personales de los artistas (Polanski, Woody Allen etc. ). Soy de los que separan la obra de arte del artista, de su vida personal, para quedarme exclusivamente con la primera y, desde luego, me siento incapaz de juzgar la vida privada de nadie. Adoro las películas de Kazan, Bertolucci, Woody Allen o Polanski y allá ellos con sus conciencias en su vida personal.

En “Esplendor en la hierba” Elia Kazan, muestra, a través de la historia de amor entre Bud Stamper (Warren Beatty) y Dennie Loomis (Natalie Wood), el preludio de una tormenta que se veía venir, su  brutal desarrollo, que arrasa con todo, la depresión subsiguiente y, por fin, la calma otra vez, el renacer del país y el renacer de Dennie, curada de su depresión. Su historia individual es la historia colectiva de todo un país y de toda una época y su final, el más enternecedor de la filmografía de Kazan, un compendio del maravilloso arte de Kazan y de su inigualable dirección de actores. Dennie acude con unas amigas a visitar en su rancho a su antiguo amor. Bud se encuentra en el campo, en plena faena, sucio y sudoroso. Su rostro expresa la insatisfacción que le produce el verse así ante los ojos de Dennie. Ella está preciosa, como un ángel, inmaculada, con un bonito vestido blanco y adornada con una pamela. Al final, Bud le hace pasar a su casa. Su mujer, desgreñada, prepara la comida y el niño, sucio, juega en el suelo de la cocina. Bud hace las presentaciones mientras su mujer admira a Dennie y reconoce en ella al antiguo amor de su marido. Dennie abraza al niño y al despedirse hace un mohín, como temiendo que el niño haya ensuciado su pulcro vestido. La mujer de Bud la mira marchar, como sintiéndose inferior a ella, pero, al tiempo baja la mirada hacia su vientre hinchado. Bud le pregunta por la comida y ella asiente mientras él la besa en los labios. Una escena donde la gestualidad de los intérpretes cuenta mucho más que las palabras. Al final, Dennie entra en el coche donde la esperan sus amigas. Una de ellas le pregunta: “¿Aún sigues enamorada de Bud?” Dennie no contesta. Sus ojos miran al vacío mientras una voz en “off” recita los inmortales versos de Woosworth:

Aunque ya nada puede devolver

la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores

no hay que afligirse porque la belleza

siempre subsiste en el recuerdo”

Dennie, sonríe. Ha superado la prueba. Ha renacido.

Corte a PG del coche alejándose. Un nuevo futuro, comienza.

ANTONIO GREGORI. Enero de 2020

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