También queremos feminismo e igualdad dentro de casa

Se acerca el 8 de marzo, y por suerte, es noticia. Desde distintos sectores y plataformas se han convocado una serie de manifestaciones y actividades en toda España. El 8M ya es un hito, de lo cual me congratulo.

Se está hablando mucho últimamente en los medios de erradicar el machismo en las aulas, la violencia de género, las malditas “manadas”, sí, malditas, la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, las pocas oportunidades de las mujeres científicas, la igualdad de oportunidades en el mundo laboral… y todo esto es muy loable y me adhiero a defender lo que por sentido común es obvio.

No obstante, me llama la atención un tema olvidado en los medios de comunicación y en las instituciones pertinentes, que, por omisión, parece ya resuelto y no es el caso: el feminismo y la igualdad dentro de casa, en nuestros hogares.

Recuerdo que hace unos años hubo una campaña de publicidad institucional promovida por el Gobierno de turno en la que se hacía bastante hincapié en esta cuestión. Ahora, simplemente no se habla de ello, y de lo que no se habla, parece no existir. Pues bien, la desigualdad, el machismo dentro de casa, en líneas generales sigue existiendo, y mucho.

Por suerte, las cosas han cambiado bastante desde la época de nuestros padres (soy una mujer de cierta edad), donde lo normal era que, aún trabajando los dos fuera de casa, al llegar era la mujer quien se encargaba de cocinar, además de todas las tareas, y el marido se sentaba cansado e incluso se permitía el lujo de pedir sus zapatillas.

Soy consciente de que esto casi ha desaparecido, pero mientras los hombres “ayuden en casa“, “colaboren” o simplemente no hagan esas tareas del hogar si no es la mujer quien previamente las organiza y las demanda, no habrá igualdad, feminismo, en nuestros hogares.

 

Señores míos, las mujeres no hemos nacido con una vocación intrínseca de cocineras, limpiadoras, organizadoras de listas de la compra, únicas encargadas de las cuestiones académicas de nuestros hijos… ni tampoco nos apasiona poner lavadoras, aunque obviamente tenemos la necesidad de comer, nos gusta estar en una casa cómoda y limpia y queremos tener ropa limpia y planchada que ponernos y no por ello somos unas “marujas”, como despectivamente se nos califica cuando nos quejamos e incluso nos enfadamos por esta cuestión.

Mientras haya mujeres que se escandalicen de lo que aquí expongo, que las hay (no por limpiar y cocinar queremos más a los nuestros); mientras sorprenda que a un niño se le regale una cocinita por Reyes; mientras el afable hombre llame siete veces a su pareja desde el supermercado para hacerle preguntas sobre qué comprar, aún habiéndose llevado la consabida  lista de la compra; mientras veamos como normal que sea tarea del hombre bajar la basura, pero no limpiar un cuarto de baño; mientras a una mujer se la llame para un ingreso hospitalario inminente y su mayor preocupación sea salir del trabajo antes porque tiene que ir corriendo a comprar para llenar el frigorífico, hacer comidas y limpiar la freidora para su marido y su hijo de veinte años , en lugar de preocuparse de su operación y llegar tranquila al hospital;  mientras padres y madres no conciencien y eduquen con la práctica a sus hijos ya algo mayores de que las tareas del hogar son cosa de todos los miembros de la familia, no sólo de la amantísima madre; mientras en los planes de estudio del gobierno de turno, así como en sus campañas publicitarias institucionales, no se incluya  y trabaje este tema con el respeto y rigor que se merece, seguirá habiendo machismo y desigualdad dentro de nuestros hogares, y el feminismo brillará por su ausencia en un lugar tan importante como son nuestros hogares , cimiento de todo lo que viene después…

Quizás si hubiera esa igualdad real ni siquiera existirían ciertas enfermedades de mujeres, pero eso ya es tema para otro artículo.