Hace un mes saltó la polémica de la canción de Maluma “4 babys”. Mediante una recogida de firmas se intentó censurar el videoclip al mismo tiempo que se criticaba su letra por ser machista.

Esta noticia no pilló a nadie de sorpresa ya que, la mayoría de nosotros, conocemos el reggaeton. Sabemos que por lo general hipersexualiza a la mujer, la cosifica alabando simplemente sus atributos femeninos. Esto, además de superficial, es misógino.

Sin embargo, he de confesar, que somos muy injustos con el reggaeton. No me refiero a que nos pasemos tachándolo de machista, que lo es, sino a que no lo llevamos al resto de géneros musicales donde vemos múltiples ejemplos de letras misóginas.

Es lo normal encontrar canciones de pop que tengan como tema central el amor. El problema viene cuando analizamos ese amor. Es el reflejo del llamado amor romántico: celos, dolor, posesividad… Así encontramos a One Direction y su canción “Steal my girl”: ¿desde cuándo una mujer puede ser robada? ¿Es acaso un objeto tuyo, de tu posesión? Otro ejemplo lo vemos en la canción “Toda” de Malú, donde la cantante se encuentra a completa disposición del hombre. “Sufre mamón, devuélveme a mi chica o te retorcerás entre polvos pica pica”: alguien tendría que haberle explicado a David Summers de Hombres G, que es decisión de la chica irse con ese “niño pijo” y que, además, no tiene nada que devolverte porque no es ni tuya ni suya. Algo parecido pasa en “No soy una de esas” cuando Alejandro Sanz declama “No deberías haberme tentado, te gusta jugar”: siento decirte que las mujeres podemos cambiar de opinión, en un primer momento nos puedes interesar pero luego por x motivos dejar de hacerlo, y debes, no solo respetarlo, sino no juzgarnos.

Y sí, amigos míos, este amor romántico también es machista (a la par que tóxico); aunque no hay que olvidar algún caso en el que se hace apología directamente de la violencia y violación como Los Ronaldos en su canción “Sí, sí”: “Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte”.  Así también el rock: “La mataré” de Loquillo, que solo con el título deja poco lugar a la imaginación; “La maté porque era mía” de Platero y Tú o cuando The Police cantaba “Every breath you take, every move you make, every bond you break, every step you take I’ll be watching you” donde Sting se mostraba como un acosador vigilando cada movimiento que hacía la chica.

¿Por qué catalogamos solo al reggaeton como sexista? Es cuestión de vocabulario, clasismo y racismo. Mientras éste utiliza palabras y expresiones más directas y explícitas, que desde un punto de vista conservador se considera obsceno, los demás lo maquillan, llegando a ser incluso bonito. Además está muy difundida la idea de que solo escuchan reggaeton aquellas personas con un nivel intelectual más bajo; y al ser originario de personas no blancas ni occidentales, sus letras han sido utilizadas como excusa para llevar a cabo acciones racistas como la de Hogar Social Madrid: “En Madrid se baila chotis, no reggaeton”.

Campaña del HSM: “En Madrid se baila Chotis, no Reggaeton”.

No me parece mal que se señalen las canciones misóginas, está genial de hecho, pero es insuficiente. De nada sirve censurar canciones ya que, visto lo visto, nos quedaríamos con la mitad de ellas. Hace falta un cambio de mentalidad, un cambio de cultura que poco a poco va aflorando. Así nos llega el llamado reggaeton feminista o canciones en contra de la violencia machista y en defensa de la emancipación de las mujeres.

Volvemos, por tanto, a girar en torno a lo mismo, la lucha contra el patriarcado. Solo así, con otra sociedad, tendremos música sana.