¿Quién fue Mishima y por qué sigue fascinando a montones de lectores? ¿Por qué ha caído en el olvido? Presentamos una sinopsis introductoria a una de sus mejores obras: Nieve de Primavera.

Mucha gente apenas sabrá de Yukio Mishima.

Pensarán que Haruki Murakami es la figura más notable de la literatura nipona. Pero apenas toca la magia del Japón. Es un delirio de decadencia occidental, comparado con Mishima.

Mishima fue, por su naturaleza, uno de los escritores que mejor supo captar de forma indirecta el espíritu de la esencia de esas islas tan puras y misteriosas. En mi opinión ha estado y está bastante infravalorado.

Portada de una de las ediciones de la novela
Portada de una de las ediciones de la novela

Para los que no lo conozcan, Yukio Mishima (Tokio 1925-1970) fue un escritor japonés que dejó su huella en diversos géneros como el teatro japonés ”kabuki”, cuentos, poesía, ensayos, relatos cortos y como no, novelas. Es nacionalista, pero es ese sentimiento de dolor por Japón el que da ese toque tan especial a sus libros.

Como curiosidad, algo que me atrajo a leerlo es el hecho de que se suicidase por medio del hara-kiri (en japonés, seppuku). Decidió realizar la arcaica práctica tras tratar de dar un golpe de estado fallido, en un cuartel militar, poco después de la ocupación americana del país. Un motivo curioso a la vez que macabro, que me abrió un mundo literario único.

Yukio Mishima en una conferencia
Yukio Mishima en una conferencia.
Ilustración de Yukio Mishima con una katana y le bandera del Japón Imperial
Ilustración de Yukio Mishima con una katana y la bandera del Japón Imperial

Nieve de primavera es un libro especial. Se enseña un Japón de principios del siglo XX, en la era Meiji, desde el punto de vista de dos jóvenes aristócratas que sufren una historia de amor imposible en circunstancias convulsas. No en el país, sino en su entorno.

Los personajes de la obra no llegan a resultar demasiado cercanos, pues su personalidad es exagerada hasta el límite para poder transmitir mejor las emociones que el escritor desea que nos impregnen. Su comienzo puede parecer un poco pesado, pero esto es algo que todas las obras de Mishima tienen en común. Este inicio un tanto lento tiene amplias y detalladas descripciones del ambiente en que se va a dar la historia, así como de los personajes. Sobre todo, de los personajes.

Kiyoaki  Matsugae es un joven aristócrata de familia adinerada muy diferente al resto, introvertido y  con una mentalidad totalmente única. Se relaciona sólo con su amigo Honda, que estudia derecho y con la señorita Satoko Asakura, otra aristócrata, de la que se enamora. Tras este planteamiento que he resumido al máximo se va desarrollando la historia.

Una historia que no se reduce al libro, pues Mishima crea todo un universo que, desprende magia por los cuatro costados, aunque no se le pueda calificar de mágico. Tanto es así, que escribirá varios libros aparte, como La corrupción de un ángel en los que continuará con algunos de los personajes del presente libro.

Vuelvo a advertir al (espero) entusiasmado futuro lector, de que las letras se irán amontonando en ráfagas indeterminadas ante sus ojos, emborronadas, dolorosas quizás, si no se para de vez en cuando, al comenzar el libro. Un libro que como ya dije, tiene unas primeras páginas que avanzan a una velocidad casi imperceptible. Quasi inexistente. Se podría decir que Mishima intenta que sintamos el delicado vuelo de una mariposa en el escenario.

Quizás quiere que nos familiaricemos tanto con el escenario que lo hagamos nuestro. Parte de nosotros. Y nos aprendamos la sala de juegos de la ‘Casa Matsugae’ de memoria. Que sintamos las arrugas de la abuela al hablar descolgándose frente a nuestra mirada aburrida. Que veamos los reflejos del agua del estanque cubierto con pétalos rosas de cerezo. Que nos azote en la cara el frío de los carros rickshaw que avanzan por el bosque nevado. Creo que esto queda bastante bien reflejado en una frase suya: Mediante la observación microscópica y la proyección astronómica la flor de loto puede convertirse en la base de toda una teoría del universo y en un agente por medio del cual podemos percibir la verdad

Es un comienzo extremadamente lento el cual, creo, no es una pérdida de tiempo. Es un inicio que empieza a aprovisionarte para el increíblemente movido viaje que el autor te lleva a experimentar. Es sin duda un drama. Un drama de tinte romántico, que merece la pena sentir.

Un libro que va más allá de lo terrenal, internándose en lo más profundo de cada uno de nosotros. Si sabemos interpretarlo bien, en un puñado de láminas de papel habremos absorbido la esencia de Mishima. Y del más temprano Japón Imperial.

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Estudiante de primero de carrera de Historia. Amante de la literatura experimental y sobre todo, de la clásica.