“Tal vez la novela policíaca sirva de alcantarilla del mundo civilizado, de exorcismo de la violencia” (P.L.)

Pierre Lemaitre
Pierre Lemaitre

Tiene tantos premios que, a buen seguro, no le caben en la vitrina. Con su primer trhiller, “Irene” ganó el Premio a la primera novela policíaca del Festival de cine de Cognac. Con “Alex”, el Crime Witers y el Premio de Lectores de novela negra del Livre de Poche. Con “Vestido de novia” el premio del Salón du Polar. También ganó el Goncourt con “Nos vemos allá arriba”. Y el Dagger Award. Y el Premio de Novela Negra Europea…. y muchos más, hasta convertirse en lo que hoy es: el mejor escritor de serie negra de Francia  -por encima de su compatriota Fred Vargas- y uno de los grandes del continente europeo, a la altura de los mejores cultivadores nórdicos del género.

Parisino de pura cepa, vivió, sin embargo su juventud en provincias. Estudió psicología y enseñó comunicación, literatura y análisis textual, dirigido, sobre todo, a bibliotecarios. Escritor tardío (escribió su primera novela a los 56 años), su obra es un continuo homenaje a todos los grandes autores, de Proust a James Ellroy, de Dumas o Tolstoi, al contundente Bret Easton Ellis de “American Psycho”. Pero lo que de verdad le hubiera encantado es que el mago Alfred Hitchcock llevara al cine alguno de sus libros.

Como todo buen autor de este género ha creado a su protagonista, un comandante de la policía hipotrófico, de 1,45 de estatura y apellido de cineasta holandés, Camille Vervoehen.

El es el centro neurálgico de todas sus novelas negras, a excepción de “Vestido de novia”. A pesar de su baja estatura, Camille irradia un fuerte magnetismo sobre su equipo y su entorno: el comisario Le Guen, un enorme personaje, de 120 kilos de peso, que lleva a régimen veinte años sin haber perdido un solo gramo, su ayudante Louis, un treintañero culto e inmensamente rico, exrevolucionario de extrema izquierda y con una vocación inquebrantable por su trabajo. Y al resto de sus colaboradores: Armand, Maleval, Bergeret, responsable de la policía científica y algunos más. Porque en los libros de Lemaitre interesa tanto la resolución del crimen como el detallado estudio de los personajes que rodean a su figura central. Naturalmente están las víctimas. Y el asesino. Y los interrogatorios, las coartadas, las descripciones de la capital parisina y de sus calles mojadas por la lluvia. La corrupción, el dolor de las víctimas, los móviles del asesinato y la brutalidad con que sus criminales llevan a cabo su macabro objetivo.

Su primera novela la escribió a los 56 años (“Cuando has leído de joven a Tolstoi, Pavese o Dumas es difícil tener la arrogancia de escribir un libro”). También admira a Simenon “aunque algunos de sus noirs no sean grandes novelas policiales”. Y no le sobra arrogancia como para pensar que debe dejar un mensaje al mundo. “Un escritor es un estilo. Lo que importa es la forma de contar. No digo que la historia no sea importante. Pero lo que marca la particularidad es la forma en que está contada. La literatura es el arte de emocionar y el novelista, un fabricante de emociones.”. Y recordando a ROLAND BARTHES, dice: “Lo que el escritor hace es citar a alguien quitando las comillas”. El escritor recicla lo viejo para producir algo nuevo.

PIERRE LEMAITRE IRENE

IRENE

Ya hemos adelantado algunos de los elementos de los que se sirve Lemaitre para ofrecer este explosivo coktail de su primer trhiller  y  que lleva como título el nombre de la dulce y fiel compañera de Camille Verhoeven. En “Irene”, Lemaitre nos guía de forma hábil por los entresijos de la investigación  policial, sin escatimar detalles y pasa revista a las relaciones de Camille con sus ayudantes, sus superiores, la jueza encargada del caso y los periodistas, ávidos de sensacionalismo. De forma paralela la trama de “Irene” trae bajo el brazo un explícito homenaje a los grandes de la serie negra de los últimos tiempos: James Ellroy, el primero, con su novela “La dalia azul” y el postmoderno Bret Easton Ellis, estandarte de la Generación X.

Y el ritmo, el ritmo de la narración que en las últimas páginas se hace realmente frenético, en una casi insoportable lucha contra el tiempo.

“Irene” es una novela violenta, cruel hasta el desgarro. Inaugura una serie que sin duda será (ya lo es) fecunda y que llegará a la pantalla en muy poco tiempo porque Lemaitre sabe cómo hacer que su relato tenga una fácil adaptación al cine.

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ALEX

Cuatro años después de los hechos narrados en “Irene” vuelve el comandante Verhoeven para ocuparse de un caso de rapto. Idéntica estructura narrativa donde se dedica el mismo espacio a la investigación-reflexión de Verhoeven sobre su trabajo y vida privada- con la situación de las víctimas y de los verdugos. Hacia el primer tercio de la novela esta da un giro de 180º y  es como si volviera a empezar. Lemaitre juega con el lector como lo hacía Hitchcock con su público en esta durísima descripción de unos hechos criminales, de la tortura y el asesinato que rivalizan, con las novelas de la serie que alcanzaron el techo del horror y la brutalidad. Magnífica descripción de personajes y situaciones que convierten a esta novela, como a la anterior, en una obra maestra del género. La leemos sin pausa, hechizados por el relato. Si su adaptación al cine consigue caer en buenas manos tendremos un éxito seguro.

PIERRE LEMAITRE. ROSY & JOHN

ROSY & JOHN

Lemaitre pone el dedo en la llaga de los terrorismos inexplicables que no obedecen a fanatismos religiosos. Un joven desesperado, que ha sufrido la muerte de su jefe y de su novia y el encarcelamiento de su madre, amenaza con hacer explotar varios obuses en distintos lugares de Francia. Tras el primer atentado se entrega a la policía y pide la inmediata liberación de su madre. ¿Tiene afán de notoriedad o se trata de una auténtica amenaza para la seguridad del país?

Dicen que en la serie negra importa menos el descubrimiento del asesino que el retrato de unos personajes, de unos ambientes y de una sociedad corrompida que impiden respirar a pleno pulmón, una sociedad que, en consecuencia, alumbra seres enfermizos como Rosy y John.

PIERRE LEMAITRE. VESTIDO DE NOVIA

VESTIDO DE NOVIA

La más hitchcockiana de todas sus novelas. La portada ya nos indica que se trata de la historia de un “voyeur”, con un claro objetivo. Imposible sospechar tanta maldad. “Vestido de novia” tiene elementos de “Psicosis”, de “El fotógrafo del pánico” de Michael Powell y de “Vestida para matar” de Brian de Palma. Y de toda una tradición de la novela negra. La venganza es, verdaderamente, un plato que se sirve frío. Doble plato y doble venganza. En las novelas negras de Lemaitre nada es lo que parece. Una sorpresa te aguarda en cada recodo del camino. El mundo es como no es, como en Lewis Carroll. Las víctimas son verdugos y los verdugos, víctimas. El positivo y el negativo son dos caras que hay que mirar de forma simultánea. Y el ingrediente con que se condimentan sus terribles historias está hecho de atroz violencia, como la cruda determinación de sus salvajes killers.

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CAMILLE

“Un acontecimiento se considera decisivo cuando desbarata nuestras vidas por completo (…) Por ejemplo, tres disparos de una escopeta de repetición sobre la mujer que uno ama.

Esto es lo que le va a suceder a Camille”.

Así empieza la última entrega de una serie apasionante que ningún amante del género quiere ver acabada.

Anne Forestier es atrapada en medio de un atraco a una joyería en los Campos Elíseos. Tras recibir una paliza que la deja al borde de la muerte, tiene la suerte de sobrevivir…y la condena de haber visto el rostro del asaltante…

AVISO LEGAL

Como lector te envidio si aún no has leído las novelas negras de Pierre Lemaitre por los momentos que te aguardan pero, al mismo tiempo, te compadezco… si tu estómago es débil. Porque Lemaitre no tiene piedad con sus lectores. De modo que solo me queda darte un consejo: cuando leas sus libros no te fíes de nadie, mantente siempre alerta para que nada ni nadie te pille con la guardia baja, porque irás de sorpresa en sorpresa, porque sus obras despertarán en ti todo tipo de emociones: llanto y dolor, angustia y pánico… ese tipo de sensaciones que, a fin de cuentas, todos esperamos de los grandes textos de la serie negra.