A los jóvenes españoles se nos está haciendo crecer con la idea de que “esto es lo que hay”, de que si tenemos trabajo, aunque sea de mierda, “al menos es un trabajo” y, si me apuras, de que “mejor callar y no quejarse en el curro”. De hecho, este es un mensaje que está más o menos interiorizado incluso en los jóvenes concienciados que, se impliquen o no activamente en política, suelen votar a partidos que prometen acabar con los trabajos precarios. Esta es la realidad de los jóvenes y quien no la quiera ver está en su derecho de engañarse a sí mismo.

Esta es una realidad donde todos conocemos (si es que no lo hemos vivido en nuestras carnes) personas que curran horas extras sin cobrar, que tienen contratos de 4 horas y trabajan el doble, que ganan una auténtica miseria, que trabajan gratis de becarios o en prácticas, que tienen unos superiores que les amargan el día y les manejan como quieren y lo peor de todo es que la sensación general es de que no se puede cambiar nada. Habría muchos motivos para justificar esa sensación más allá de que (y es cierto) hay jóvenes que pasan de meterse en líos y de que van a su rollo, motivos como los de que es muy difícil organizar espacios colectivos desde donde luchar por mejores condiciones cuando los contratos son temporales y cuando se hace tan difícil tejer lazos duraderos con tus compañeros y compañeras de trabajo, que es sabido que “si yo protesto ya hay muchos deseando ocupar mi puesto por ese sueldo de mierda” o que los sindicatos se sienten como algo lejano que no puede ayudar. En cualquier caso, lo único que está claro es que los jóvenes no sabemos qué hacer para ayudarnos a nosotros mismos y, como ya se ha señalado, que a veces interiorizamos que “no hay nada que hacer ya”.

Para mayor depresión (para algunos ilusión) colectiva, nos encontramos que desde nuestro entorno (a veces el más cercano) y el día a día no solo se nos quiere acostumbrar a esta situación sino que se busca crear una mística de que si aguantamos, nos callamos y nos sacrificamos seremos unos héroes merecedores de reconocimiento social, viniendo esto acompañado en algunas ocasiones de que “no querer tragar” es propio de irresponsables y vagos. Esto último ya es colmo de los colmos, ya que no solo se nos domestica para obligarnos a aguantar lo que aguantamos sino que nos dicen que si empezamos a protestar y a buscar mejorar nuestros salarios, contratos, etc. estamos siendo unos utópicos quejicas criados entre algodones que no saben lo que es trabajar, metiéndonos la idea en la cabeza de que “saber trabajar” tiene que ir unido necesariamente a no tener unas condiciones laborales decentes.

Y sí, por supuesto que somos unos héroes (como lo han sido nuestros padres y nuestros abuelos) por aguantar esta injusta situación a diferencia de nuestros gobernantes, los cuales buscan que España mejore bajando salarios y domesticándonos para que los empresarios nacionales y extranjeros estén contentos, pero que no nos vendan la moto y nos intenten hacer creer que si no queremos resignarnos estamos locos y somos unos irresponsables. Ya que nos están amargando el presente y robando el futuro lo mínimo es que nos dejen sufrir mientras sabemos que nos están jodiendo en lugar de intentar hacernos comprar películas americanas donde los pobres se hacen ricos gracias a tragar, tragar y volver a tragar.

El sacrificio y el esfuerzo son cosas muy buenas, la cobardía, la mentalidad de esclavo y la glorificación de estas no lo son. No necesitamos héroes que aguanten curros de mierda, necesitamos dejar de necesitarlos.

FurorTV no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores.