La última película de Steven Spielberg es la perfecta para este 2018. Trama vintage ambientada en los 70, visibilizando a una mujer histórica y un final que, aunque puede conocerse rápidamente mirando la Wikipedia, está narrado con tanta intriga que mientras la estás viendo te preguntas qué pasará.

La historia está relatada en el momento en el que se filtran los Papeles del pentágono, unos archivos clasificados de máximo secreto en EEUU que desvelaban que los altos cargos del ejército sabían que las batallas de la guerra de Vietnam eran una causa perdida y que el único motivo por el que se libraban era para mantener el prestigio de la que a día de hoy sigue siendo la primera potencia mundial.

El New York Times fue pionero en publicar estos documentos, pero la historia está narrada desde la perspectiva del Washington Post y su directora ejecutiva Katherin Kay Graham, (Meryl Streep), a la que se ve ninguneada por sus propios miembros y cuestionada en todas sus decisiones por el hecho de ser mujer. Streep interpreta a una mujer profesional pero indecisa, fiel a la descripción de las memorias de Graham, por las que se la galardonó con un premio Pulitzer.

Esta historia narra un debate que a día de hoy sigue siendo motivo de conflicto: el derecho del Estado a reservar documentos frente al de los periodistas a publicar cualquier tipo de información que sea útil para los ciudadanos.

La gran mayoría de las reseñas destacan a Tom Hanks por su interpretación de Ben Bradlee, director del periódico presiona para que los documentos se encuentren y se publiquen, aunque se arriesgue él mismo a ir a la cárcel. Pero yo me fijé más en Bob Odenkik representando a Ben Bagdikian, el redactor del Washington Post que encuentra los papeles. En la película se representa fielmente una de sus frases más épicas: “la única manera de defender el derecho a publicar es publicando”. Bagdikian es bien conocido por su crítica a la concentración de los medios de comunicación en el libro The media monopoly, en 1983, época de pleno apogeo de concentración mediática gracias a las políticas de Ronald Reagan. Además, Odenkik estuvo muy a la altura de este serio periodista, sin menospreciar a Hanks, que también representó muy bien su papel.

La película no puede explayarse en detalles, ya que tiene que contar muchas cosas en un espacio limitado, sin embargo, deja espacio para que el espectador se deleite con las imágenes de las imprentas antiguas y aprenda cómo se realizaban antiguamente los periódicos. Imágenes muy bellas y muy amenizadas con la música de John Williams, autor de obras maestras como Star Wars, Indiana Jones y Harry Potter.