El Senado y la Cámara de Representantes de los EE.UU dieron luz verde en 2014 al plan de Obama para el envío de armas a los grupos de la “oposición moderada” enfrentada Gobierno de Bashar Al-Assad, a pesar de las advertencias de autoridades como el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, quien previó que “una considerable parte de esas armas acabarían en manos de terroristas”.

El ministro de asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, previó que “gran parte de esas armas caerían en manos de los terroristas”.

No es necesario llevar a cabo un análisis en profundidad para llegar a la conclusión a la que llegó el ministro ruso, pues a día de hoy resulta imposible obviar que a la vanguardia del levantamiento contra el Gobierno de Bashar Al-Assad se sitúan cientos de bandas armadas de corte salafista-yihadista que coordinan acciones con los grupos a los que Washington proporciona armamento y programas de entrenamiento de manera directa.

Entre estas facciones supuestamente moderadas, receptoras del armamento, hallamos al Ejército Libre Sirio (ELS), fundado por Riad Al-Assad y otros siete desertores del Ejército en 2011. El 11 de enero de 2016, en una entrevista para El País, el fundador del ELS declaraba: “con esos grupos (haciendo referencia a Al-Qaeda y otras milicias yihadistas) compartimos un objetivo, que es derrocar a Bashar Al-Assad. Ya sabe usted esa máxima que mueve Oriente Próximo: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Rebeldes opositores al Gobierno de Bashar Al-Assad posan con el distintivo del yihadista Frente Islámico, la bandera usada por el ELS y la enseña del Frente Al-Nusra (Al-Qaeda en Siria).

En diciembre de 2015, las fuerzas de la oposición siria, divididas desde el comienzo del conflicto, dan inicio a una ronda de contactos en Riad con el objetivo de “formar un bloque fuerte que presione por la salida de Assad en una hipotética transición”. Entre los grupos presentes en la reunión encontramos al ya citado Ejército Libre Sirio junto a Yaish Al-Islam y Ahrar Al-Sham, milicias yihadistas.

Jesús A. Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), señalaba, en un análisis para el Real Instituto Elcano, que “el hasta ahora demonizado Al Nusra (Al-Qaeda en Siria) colabora en algunos frentes con Daesh y en otros confraterniza con el ELS.”

Jesús A. Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH): “facciones opuestas al gobierno de Assad se han disfrazado de corderos para recibir armamento”

El mismo autor aseguraba, en otra ocasión, que las facciones opuestas al gobierno de Assad “se han disfrazado de corderos para recibir armamento”. El desarrollo del conflicto confirmó las sospechas.

Como ejemplo tomaremos el caso de la brigada opositora Harakat Nour al Din al Zenki, receptora de apoyo logístico desde Washington según el ISW (Institute for the Study of War, con sede en la capital norteamericana), y el propio Gobierno de los EEUU. Amnistía Internacional denunciaba que la organización islamista, junto con otros actores como Frente Levante, Ahrar Al-Sham o Jabhat Al-Nusra, fueron responsables de la “abducción y tortura de periodistas y trabajadores humanitarios en la Alepo controlada por los rebeldes durante 2014 y 2015”, además de la famosa decapitación grabada en vídeo de un niño de 12 años al grito de “estos son tus perros, Bashar, no dejaremos ni uno en Handarat”.

Fotograma del vídeo difundido por redes sociales en el que milicianos de Harakat Nour al Din al Zenki decapitan a un niño de 12 años al grito de “estos son tus perros, Bashar, no dejaremos ni uno en Handarat”

La constante coordinación y contacto de estos grupos con los yihadistas así como sus acciones sobre el terreno deberían haber sido suficientes para vaticinar las posibles consecuencias de la financiación de la oposición siria, pero además constituye una razón de peso para cuestionar su supuesta inspiración democrática.

Esta política irresponsable (pero plenamente consciente), fruto de la obsesión de las potencias occidentales con el derrocamiento del Gobierno multiconfesional de Bashar Al-Assad, resultó ser un arma de doble filo que ha abierto la puerta a un problema de dimensiones espeluznantes con alcance global del que solo estamos experimentando las primeras consecuencias.