Enfrente del Teatro Arriaga, al otro lado de la ría de Bilbao, se pueden ver unos soportales algo por encima del nivel del agua. Sus llamativos colores, con columnas naranjas y puertas azules, destacan mucho por encima de la huella de verdín dejada por la ría. Es la antigua estación de La Naja; sin embargo, no se le da ningún uso. Fue cerrada por primera vez hace 20 años… y, posteriormente, cerrada de nuevo. Esta vez a conciencia.

En los años 80, Bilbao era una de las ciudades con mayor porcentaje de consumidores de heroína. No sólo de España, también de Europa, también del mundo. En los años 90, el consumo decreció, pero siguió quedando un número muy alto de consumidores: muchos de ellos, si no la mayoría, viviendo en la calle. Se ha escrito mucho sobre la generación devastada por la heroína, y creo que es fácil hacerse a la idea, por lo que no me voy a centrar en detalles. Basta saber que éste era el contexto en el que cerró la estación de La Naja como consecuencia de la replanificación de los servicios de transporte público de la capital.

En ese momento, La Naja se convierte en el sitio ideal para llenarse de toxicómanos consumiendo. Podemos entender por qué obedeciendo a tres razones bien claras:

  1. La estación está situada bajo San Francisco, barrio que siempre ha tenido la fama de ser el más peligroso de Bilbao. Fama justificada o no, lo cierto es que sí ha sido y es el barrio con tasas más altas de consumo de heroína.
  2. El cobijo que ofrece del viento y de la lluvia, ideal para gente viviendo en la calle. Por supuesto, si además de vivir en la calle, una persona consume heroína, lo que va a preferir siempre es un edificio abandonado: es el mejor cobijo que se puede encontrar en el que además pueda hacer uso de la aguja, al contrario que en un albergue.
  3. Y finalmente, La Naja resulta ser el único edificio abandonado a orillas de la ría, con la enorme ventaja que esto supone para deshacerse del material. En caso de que la policía irrumpiera en el edificio para hacer una redada, sería sencillo arrojar todo el material a la ría, donde es irrecuperable, y sin pruebas no hay delito.

Dados estos tres puntos, es natural que La Naja fuera, con diferencia, el sitio preferido por muchos consumidores, y que estuviese siempre llena de gente. Pero hay otro problema: y es, precisamente, su localización céntrica. Es el hecho de que los soportales de La Naja se pueden ver desde buena parte de la ría, y desde algunas de las zonas más emblemáticas de Bilbao.

Tal vez resulte confuso, dado lo comentado de que está situada bajo San Francisco. Pero en Bilbao, los barrios se aprietan mucho. Y si San Francisco es un extrarradio dejado de lado, se encuentra rodeado con apenas unas manzanas de distancia por el centro turístico y comercial de la ciudad: la estación de Abando, el Corte Inglés, la Gran Vía, el Teatro Arriaga, el Arenal o el Casco Viejo se encuentran a menos de cinco minutos a pie.

No hace falta decir lo que eso supone para el turismo de clase alta, ¿verdad? Como diría Evaristo Páramos, da mala fama a nuestra ciudad, y la gente adinerada ya no vendrá a gastar. Así que hay que echarlos fuera, o al menos, a algún lado en el que sean menos visibles. La Naja es cerrada por segunda vez, entonces, esta vez a prueba de posibles okupas. Los consumidores sin techos son condenados a vagar sin rumbo (al menos, hasta que en 2003 se abrió la sala de consumo supervisado de Bailén, recurso extremadamente útil sobre el que hay un interesante documental llamado #3053 Base, si alguien quiere informarse más). El turista suspira aliviado.

Pero, ¿ha superado esta leyenda negra La Naja? Parece ser que no. Está en venta y ocasionalmente, surgen rumores de gente interesada en comprarla. Se habló de una compañía de inversiones que pretendía comprarla y esperar a que subiera el precio, y también de unos empresarios que querían convertirla en una sala de conciertos, incluso de convertirla en un restaurante de lujo con excelentes vistas a la ría. Pero parece que ninguno de estos proyectos termina llevándose a cabo.

Es algo curioso, teniendo en cuenta su excelente enclave, en pleno centro de Bilbao y con vistas a la ría, y su bajo precio, que podemos suponer que además será cada vez más bajo, visto el poco interés de los compradores. Casi como en una extraña parodia de cuento de terror, nadie quiere comprar ese lugar maldito por el que vagan las almas de aquellos que murieron a lomos del caballo.

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Nací en 1993 en Bizkaia. Graduado en Psicología. He publicado en diversas revistas digitales (Exégesis, Penumbria, MiNatura, Ultratumba) y en papel (Freak!). También escribo para medios como Bella Ciao y Nueva Revolución.