“¿Cómo es que en Cataluña no es válido el referéndum y en Kosovo puede incluso ser posible la independencia sin un referéndum?”

Esto se pregunta el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, el pasado 2 de octubre. Su crítica al doble rasero y a la hipocresía de la UE con respecto a los procesos independentistas de Kosovo y Cataluña permite abrir el siguiente debate: ¿Pudo el servilismo de Europa con EEUU durante el proceso de secesión de Kosovo haberse traducido en un precedente fatal para la integridad territorial de los estados miembros de la UE y la propia credibilidad de la entidad supranacional?

Alexandar Vucic

Comenzaremos por retrotraernos al año 2008, momento en que se produce una declaración de independencia -ilegal a ojos de la legislación serbia- por parte de la provincia de Kosovo. Casi de inmediato, el nuevo Estado era reconocido por los Estados Unidos de América. La inmensa mayoría de los países miembros de la UE seguirían, progresivamente, los pasos de su socio norteamericano, a excepción de España, Grecia, Eslovaquia, Rumanía y Chipre.

El 8 de octubre de 2008, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución a petición de Serbia, con el objetivo de consultar a la Corte Internacional de Justicia si tal declaración de independencia fue compatible con el derecho internacional. Dos años después, el 22 de julio de 2010, la Corte resuelve que la secesión de Kosovo “no viola el Derecho Internacional, la resolución 1244 de 1999 del Consejo de Seguridad ni el marco constitucional.” Esta resolución, muy aplaudida en algunos círculos, años más tarde pasará a transformarse en un auténtico “quebradero de cabeza” para las potencias occidentales.

Sin ir más lejos, en el mismo 2008 se produciría la independencia y el reconocimiento de Rusia a Osetia del Sur y Abjasia. El expresidente Aznar declaraba en una entrevista: “la independencia de Kosovo ha servido de precedente para futuros problemas como el que actualmente atraviesan Rusia y Georgia”. La Unión Europea y Estados Unidos se opondrán al reconocimiento de los nuevos estados. ¿Comenzaba así el efecto boomerang?

Años más tarde, el 11 de mayo de 2014, tienen lugar las votaciones sobre el estatus político de Donetsk y Lugansk (regiones del este de Ucrania, país que la UE pretendía acercar a su órbita), resultando vencedora la opción del “sí” a la independencia en ambos casos. La comunidad europea y el país norteamericano quedaban retratados, una vez más, al declarar que dichas consultas “no poseían ninguna legitimidad democrática”, tomando una decisión radicalmente opuesta a la del caso kosovar, a pesar de que los referéndums se amparaban en el veredicto de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

El proceso catalán y los acontecimientos vividos en los últimos días nos han dejado declaraciones representantes de la Unión Europea y de Estados Unidos que pueden proporcionar información sobre su postura en el caso que nos acontece. Como ejemplo, tomaremos las declaraciones de Jean Claude-Juncker, presidente de la Comisión Europea, quien aseguraba que en la comunidad se encuentran “muy comprometidos con el respeto del Estado de derecho”, además “el Tribunal Constitucional español ha dictado una sentencia y el parlamento español ha tomado una decisión. Ahí nos quedamos”. Por otro lado, la nueva embajadora de Estados Unidos ante la OTAN afirmaba que “la posición del presidente (Trump) es la posición del propio país. Apoyamos una España unida y lo consideramos una cuestión interna”

Parece que el respeto a la integridad territorial de los Estados sólo se esgrime en función de los intereses del momento. Como hemos dicho, la tan bien recibida, por la mayoría de potencias occidentales, secesión de Kosovo sigue dejando en evidencia su criterio.

¿Fue realmente sopesado el reconocimiento de las potencias europeas al nuevo Estado kosovar? Los sucesos de 2008 en Osetia del Sur, Abjasia, los relativamente recientes el Donbass y la actualidad en Cataluña apuntan a que la toma de la decisión no fue fruto de un razonamiento sobre las posibles ventajas, inconvenientes o consecuencias jurídicas en el futuro, sino que se trató más bien de una muestra de lealtad a los EEUU.

Muchos países de la UE ocupaban una posición de precaución con respecto a Kosovo. Tardaron mucho tiempo en tomar la decisión, sin embargo, al final lo hicieron bajo la presión de Estados Unidos. Pero entonces necesitaron dos o tres años, ahora les harían falta unos 10-15 años para pensarlo” – Dusan Prorokovic, analista político.