Entrevista por correo. España.

Santiago Posteguillo

 

Nacido en Valencia, en 1967.

Filólogo, Lingüista y Doctorado europeo por la Universidad de Valencia. Realizó estudios de Literatura creativa en la universidad de Denison, en Granville (Ohío). Profesor titular en la universidad Jaume I de Castellón donde imparte clase de Literatura Inglesa. Es autor de más de setenta publicaciones académicas, colaborador del diario Las Provincias y uno de los grandes noveladores de la Historia de Roma. Con “Africanus, el hijo del cónsul” (2006), su primera novela, comenzó su trilogía sobre Escipión el Africano, a la que siguieron “Las legiones malditas” (2008) y “La traición de Roma” (2009). En 2010 comienza una nueva trilogía con “Los asesinos del emperador”, que continuó con “Circo Máximo” (2013) y “La legión perdida”. También es autor de tres libros sobre curiosidades de la literatura universal. Ganador de diversos premios literarios, consiguió recientemente con su última novela “Yo, Julia” el Premio Planeta.

“Rescatar a Julia puede hacernos ver que esto no se hace sobre un vacío histórico, sino que ya hubo grandes mujeres en el pasado.”

       

ENTREVISTA A SANTIAGO POSTEGUILLO

               “YO, JULIA” Premio Planeta 2018.

 

Moriarty.-  El título de tu libro remite claramente al “YO, CLAUDIO”, de Robert Graves que, además, fue objeto de una aclamada serie de televisión, producida por la BBC a mediados de los años 70.  En este caso el narrador era el propio Claudio, pero en tu libro esta función está encomendada a GALENO, médico durante años de la familia imperial de Roma. También se aprecian elementos de la famosa película de Ridley Scott, “Gladiator”, puesto que analiza, aproximadamente el mismo período histórico y, en su primera parte, la figura del emperador Cómodo. ¿Es correcto señalar a estas dos producciones en el origen de tu obra, al menos en el plano del audiovisual?

Santiago Posteguillo.- En el origen no, pues el origen de “Yo, Julia” está en mi interés por recuperar a un gran personaje histórico femenino injustamente olvidado, pero es cierto que tanto la serie de televisión como la película mencionadas son referentes visuales que han estado luego en mi mente durante la escritura de la novela.

M.- En el capítulo de Agradecimientos te refieres a la invitación que te fue cursada como “Visiting” a la universidad de Cambridge. Esta visita te permitió la lectura de una obra  sobre JULIA DOMNA escrita en 1903. ¿Se encuentra, también ahí precisamente el origen literario de tu libro? En todo caso en la bibliografía manejada por ti hay distintas obras sobre Julia (De Benario, Michael Field, Ghedini, Hemelrijk, Levick etc.) ¿Es la obra de la historiadora Barbara Levick la mejor biografía a tu juicio, que se ha escrito sobre Julia Domna?

S.P.- La obra firmada por Field (pseudónimo de Bradley y Cooper, dos dramaturgas victorianas importantes) es un referente literario, pero, sin duda, desde el punto de vista histórico y de información objetiva, la biografía de la profesora Levick es la mejor obra que se ha hecho sobre Julia. Nuevamente, una mujer es la que rescata a otra mujer del olvido.

M.- Barbara Levick llega a decir que Julia Domna es un personaje histórico digno de una novela de Leon Tolstoi. ¿En qué medida has utilizado la técnica narrativa del gran maestro ruso para contar la historia de Julia?

S.P.- En la novela he cruzado varias tramas con diferentes personajes. Esto es, sin duda, una técnica muy similar a la que utiliza Tolstoi en su gran obra Guerra y paz.

M.- En un libro tan ambicioso es de agradecer la vuelta a una costumbre de hace años. Me refiero al DRAMATIS PERSONAE donde aparecen los nombres de los distintos personajes. En tu caso, además de las distintas familias, señalas también  los nombres de pretorianos, senadores, aristócratas partos etc. ¿Crees que es una costumbre que debería volver a imponerse, sobre todo en las obras extensas y con muchos personajes?

S.P.- A mí me gusta dar al lector herramientas que le faciliten navegar por una novela que, como bien dices, es extensa y con muchos personajes. En este relato hay traiciones constantes, personajes que cambian de bando, guerras, viajes, desplazamientos constantes y quiero que quien lee pueda saber bien de qué personaje hablo en cada momento.

M.- El trabajo de documentación, siempre fundamental en una obra de ficción, cobra mucha mayor importancia en el caso de la novela histórica. ¿En qué medida se ve esta favorecida por la existencia de textos históricos en que apoyarse? Además de los estudios sobre el personaje femenino central, hay también otros libros consultados por ti sobre la vida y costumbres de la época, la  agricultura, el comercio, la milicia, la vida sexual, el arte de la guerra etc.

S.P.- Hoy día se espera que una novela histórica esté muy bien documentada y me parece bien esa exigencia. Esto, por supuesto, fuerza al escritor a dedicar mucho tiempo a los detalles históricos, desde la ambientación cotidiana de la época hasta el devenir de los grandes sucesos históricos. Por otro lado desde el punto de vista creativo, es, con frecuencia, en la fase de documentación donde sobrevienen buenas ideas de giros narrativos para el relato.

M.- Al principio te planteas contar la historia de Julia a través de sus amigos, pero luego te inclinas por sus enemigos, dividiéndola en cinco secciones. ¿Tiene más sentido discernir quiénes fueron sus enemigos? ¿Quiénes fueron los más importantes?

S.P.- Aristóteles ya decía que de un poderoso no podemos saber bien quién son sus amigos, porque al poderoso lo rodean siempre interesados, no amistades reales. Pero los enemigos sí que suelen definir la entidad del personaje. Julia tuvo por enemigos a cinco emperadores de Roma. Eso marca claramente la enorme talla del personaje.

La emperatriz Julia Domna

M.- Vayamos, pues, con el personaje central ¿Quién fue realmente JULIA DOMNA?

S.P.- La emperatriz más poderosa de Roma, denominada en su época como madre del Senado, madre de los ejércitos  hasta madre de la patria. Nunca otra emperatriz acumuló tantos reconocimientos. Era la esposa del emperador Septimio Severo, pero fue mucho más, tal como se relata en la novela.

M.- El primero de sus enemigos fue el emperador Cómodo, hijo de MARCO AURELIO, un hombre bien parecido que se consideraba a sí mismo como el nuevo HERCULES. Es el emperador de la película GLADIATOR de Ridley Scott. En una primera visión a la mayor parte del público le pareció inverosímil que un emperador bajara a la arena a luchar con un gladiador (aunque fuera después de herirle) pero después de leer tu novela y de investigar sobre Cómodo resulta que sí es cierto, que el emperador combatía contra los gladiadores aunque, claro está, haciendo trampas. ¿En todo caso se veía como algo indigno por parte de los romanos?

El emperador Cómodo en el circo romano

S.P.- Sí, los romanos y, en particular, los pretorianos, terminarán sintiendo asco de su emperador y esto, por supuesto, al final, le pasará una terrible factura a Cómodo.

M.- Pero, además de luchar en ocasiones como un gladiador, en tu novela describes también, una venatio, una cacería de animales salvajes en la que, también, participaba activamente el emperador. ¿Eran frecuentes este tipo de espectáculos en la antigua Roma y participó Cómodo con asiduidad en este tipo de espectáculos?

S.P.- Sí, estas cacerías era un espectáculo exótico muy disfrutado por la plebe y la aristocracia romana, empezando por el emperador de turno, procuraba financiarlas con frecuencia. Cómodo, en efecto, era muy proclive a protagonizar él mismo estos espectáculos.

M.- La narración de esta venatio concluye con una flecha lanzada por Cómodo hacia Julia (también era un experto arquero). En nuestra opinión está contada con una técnica “cinematográfica”, de plano-contraplano. ¿Está buscado este efecto por tu parte?

S.P.- Sí, yo creo que la narrativa histórica moderna puede conectar con mucho público si incorporamos una narrativa muy visual al texto, casi cinematográfica, como la defines.

M.- En la primera parte dedicada a Cómodo había otros hombres poderosos en el imperio romano, concretamente los gobernadores de Britania, Panonia Superior  y Siria. Todos estaban al mando de varias legiones, con lo cual eran enemigos potenciales de Cómodo. Sin embargo, el emperador se cuidaba mucho de mantener en Roma a las esposas, hijos y familia de estos generales para tenerlos controlados, como rehenes. En un mundo de intrigas como era la corte romana ¿era frecuente esta especie de secuestro de las familias de los potenciales enemigos?

S.P.- Era frecuente con emperadores tiránicos como Cómodo. Otros emperadores, como Trajano, en épocas anteriores, buscaban más conseguir la lealtad por el respeto y la autoridad que inspiraban, pero éste, sin duda, no era el caso de Cómodo.

M.- En tu novela insistes una y otra vez en la importancia del dinero, algo absolutamente necesario para mantener el control del ejército, tener contenta a la guardia pretoriana y poder abastecer de grano al pueblo de Roma. ¿Es verdad que también en aquellos tiempos “sin dinero no hay autoridad que valga”?

S.P:- La riqueza, en general, y el dinero, en particular, ha sido un arma y un motor para conseguir el poder desde tiempos muy remotos y, desde luego, en el imperio romano, tener dinero era tener enormes posibilidades de conseguir mucho poder. Pero el dinero por sí sólo tampoco garantiza la victoria. Hay que saber usarlo con inteligencia y conociendo los límites de su influencia. No todos son susceptibles de ser comprados. Eso lo muestra muy bien la novela.

M.- Explica esta circunstancia el hecho de que los sucesores de Cómodo fueron hombres ricos, entre ellos Pértinax y Didio Juliano ¿De alguna manera, se subastaba el poder al mejor postor?

S.P.- Así se llegó a hacer, pero, insisto, el dinero por sí sólo no era suficiente. Sin inteligencia en su administración el dinero podía incluso volverse en tu contra.

M.- Efectivamente, el dinero tampoco parecía determinante ya que ambos emperadores duraron muy poco tiempo en el poder. En el caso de Pértinax es comprensible ya que tenía fama de tacaño, pero lo cierto es que resultaba enormemente complicado mantenerse en el poder. De una parte los emperadores debían luchar contra los enemigos internos, tener contento al pueblo, al Senado y a la guardia pretoriana y mantener legiones en todas las partes del imperio para defenderse de los pueblos sometidos y de las continuas invasiones…

S.P.- Llegar a emperador era difícil, pero mantenerse en poder era casi imposible. Sólo los que sabían moverse bien en ese juego de equilibrios entre Senado, ejército, plebe y guardia pretoriana, además de enemigos externos, era capaz de subsistir.                                      

El asesinato de Cómodo

M.- ¿Fue el tráfico de esclavos la actividad más lucrativa en aquélla época?

S.P.- Era una de las más lucrativas, pero la guerra en sí misma era aún más lucrativa porque a los dividendos de obtener esclavos con los prisioneros se sumaba el botín de guerra de los saqueos.

M.- Según Julia, el final de una dinastía era algo muy importante. La muerte sin descendencia de Cómodo, hijo del gran Marco Aurelio, puso fin a la dinastía Antonina. Precisamente Septimio Severo, su marido, inauguró la dinastía de Los Severos, que, como bien señalas en los Apéndices, es la cuarta de la época alto-imperial después de la Julio-Claudia, la Flavia y la Ulpio-Aelia. ¿El hecho de no considerarla como la “dinastía de Julia” tiene que ver con el hecho de ser mujer y extranjera?

S.P.- Exacto, y por el machismo reinante en la historia desde hace siglos.

M.- El panorama de intrigas que describes en tu libro y en muchas obras y películas, nos lleva a la conclusión de que en casi todas las épocas de la antigua Roma, además de otros aspectos ya señalados, hubo siempre un control policíaco de los ciudadanos por parte del poder. En este sentido, ¿quiénes fueron los “frumentarii” y cuál era su función?

S.P.- Constituían una especie de policía secreta que se dedicaba, sobre todo, a reunir información sobre enemigos del emperador. No solían atacar. Para ejercer la violencia, el augusto ya disponía de la fuerza de los pretorianos, pero eran los frumentarii los que reunían información.

M.- ¿Fue muy frecuente la figura de los coemperadores? Existió con Marco Aurelio y Lucio Vero y en alguna ocasión se llegó a ofrecer esta posibilidad a algún enemigo poderoso. Sin embargo el hacerlo denotaba flaqueza, como opina Julia Domna.

S.P.- A veces indicaba flaqueza, sí, como en el caso de la época final de Didio Juliano, pero en el caso de Maco Aurelio y Lucio Vero fue una ingeniosa forma de tener a dos buenos gobernantes repartiéndose las atareas de defensa del imperio, Marco Aurelio en el Danubio y Vero en oriente.

M.- Hay algunas referencias al gran Julio César: una de ellas, cuando Septimio Severo pasa el Rubicón 242 años después. Otra, por ejemplo, al hablar de la posible cesárea de su cuñada, la hermana de Julia. Hay quien piensa todavía que el nombre viene a propósito del nacimiento de César. ¿Qué hay de cierto en esto?

S.P.- No es cierto y Galeno explica los posibles orígenes del nombre de César en ese capítulo de la novela con detalle.

M.- ¿Era Septimio Severo mejor militar que político? ¿En qué medida Julia Donna fue su mejor consejera? El propio emperador acabó nombrándola “Mater castrorum”, “madre del ejército”, una dignidad que solo la mujer de Marco Aurelio, Faustina, había recibido antes que ella.                                                                                                            

El emperador Septimio Severo

S.P.- Yo interpreto que Severo era muy bueno en el campo de batalla, pero que Julia era mejor en geoestrategia. Hacían un buen equipo.

M.- Tu libro aparece en una época de empoderamiento de la mujer. Al contribuir a rescatar del olvido a una mujer excepcional, ¿puede interpretarse como un homenaje de tu parte a la mujer en general y al papel decisivo que muchas mujeres desempeñaron en la historia?

S.P.- Bueno, rescatar a Julia puede hacernos ver que en estos tiempos donde intentamos construir igualdad de género en el presente y hacia el futuro, que esto no se hace sobre un vacío histórico, sino que ya hubo grandes mujeres en el pasado, como la propia Julia.

M.-  Por supuesto, “Yo, Donna” es igualmente una historia de amor y de pasión entre el emperador Septimio Severo y Julia Domna. La motivación de Julia siempre tiene como base el amor que le dispensa a su marido. Por el contrario, a Salinátrix, la mujer de Clodio Albino solo le guía la venganza y el rencor hacia Julia. A lo largo de tu novela incides una y otra vez en el amor que se profesaban entre sí Julia y Septimio Severo. ¿Tal vez para desmentir los ataques hacia Julia acusándola de adulterio y de promiscuidad sexual?

S.P.- Sí, las acusaciones de promiscuidad no son creíbles, sino más bien fruto de la envida y la xenofobia de las élites romanas hacia una mujer oriental que se había introducido en los círculos de poder de Roma.

M.- También resulta curioso que algunas de las más conocidas novelistas e historiadoras de la época romana sean mujeres. Ahí están, por ejemplo, Colleen McCullough, autora de la extensísima “Señores de Roma”, Mary Beard, Lindsey Davis, Marguerite Yourcenar…¿Qué opinas de este fenómeno?

S.P.- Bueno, pues que, como en tantas otras facetas de la historia del arte y la creatividad, cada vez encontramos más mujeres en todos los ámbitos. Lo cual es magnífico y enriquecedor para todos.

M.- Frente al escaso interés del cine norteamericano por el rigor histórico de sus “peplums”, tu novela destaca por su alto nivel de historicidad, tanto en el retrato de personajes como en las acciones narradas. Es más, todas tus novelas históricas destacan, precisamente, por este aspecto. En cualquier caso siempre se hace necesario en una obra tan extensa ficcionar personajes, diálogos y situaciones. ¿Qué porcentaje de ficción hay en “Yo, Julia”?

S.P.- Lo que ficciono es siempre en el espacio privado, en las conversaciones privadas o íntimas entre los personajes que no han quedado reflejadas por las fuentes clásicas.

M.- Vivimos una época de esplendor por lo que respecta a las series de TV y en tu obra (y también en la trilogía dedicada a Trajano) hay material más que suficiente para realizar una serie televisiva. Además de “Yo, Claudio”, hay otros precedentes, como “Espartacus” o “Roma”. Y en el cine, aún está reciente el gran éxito de “Gladiator”. Incluso se habla de que Ridley Scott se plantea una continuación. ¿Cabe la posibilidad de que “Yo, Julia” de el salto a la pantalla, a la grande o a la pequeña?

S.P.- A mí me encantaría y estoy abierto a recibir propuestas. Además el relato de Julia es muy cinematográfico, como comentabas.

M.- Por último, YO, JULIA es la ganadora del premio literario más prestigioso de España, el Premio Planeta. Además de su importante dotación económica, ¿qué supone para un escritor?

S.P.- Supone poder llegar a muchos más lectores que antes, supone un enorme estímulo y un acicate para seguir escribiendo.

M.- Muchas gracias, Santiago.