Entrevista por correo. 

Marzo de 2018. 

JORDI SIERRA i FABRA

Nacido en Barcelona en 1947. Escritor, comentarista musical e historiador del rock, fue uno de los fundadores del semanario “El Gran Musical“. En Barcelona fue director de “Disco Expres” y fundador de “Popular 1“.

Es autor de “1962-72. Historia de la Música Pop“, el primero en español en todo el mundo. Desde entonces ha ganado más de 40 premios literarios y escrito más de 500 obras  de todos los géneros. Hasta 2017 ha vendido más de doce millones de libros. Medalla de Oro de Bellas Artes. En 2004 impulsó dos Fundaciones, en Barcelona y Medellín (Colombia) que llevan su nombre

Moriarty.- Red Book ediciones a través de su sello “Ma non troppo” acaba de lanzar una nueva edición de tu novela “El regreso de Johnny Pickup” en un intento por recuperar algunos títulos de ficción literaria que tengan como trasfondo el mundo del rock, el jazz o el blues, al tiempo que animan a los escritores a presentar trabajos originales dentro de esta línea. ¿Qué te ha parecido la idea?

Jordi Sierra i Fabra.- Genial. Esta novela, con el paso de los años, se había convertido en un pequeño clásico inencontrable, de esos que la gente comenta y se crea un curioso efecto de ansiedad por leerla. El dueño de Redbook la había leído en su momento y, como muchos más, la recordaba. Me preguntó si estaba libre y…

M.- En octubre del 94 a bordo de un avión con destino a Brasil comenzaste a escribir el guion de la novela. En el prólogo a esta reedición dices que te reías constantemente con tus anotaciones. ¿El libro sigue vigente en tu opinión? ¿Continúas considerándolo uno de tus libros más divertidos?

JSiF.- Una de las condiciones que le puse fue publicarla tal y como la escribí en abril de 1995, porque era imposible de “actualizar” y llevar al presente. La escribí en el momento en que el vinilo tendía a desaparecer y el CD se apoderaba de la industria. Pero no hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que con el CD se estaba dando la cinta master a los piratas, con lo cual el fin de la industria tal y como la conocíamos estaba anunciado. Era, pues, un punto de inflexión. Ese Nueva York de la novela, por ejemplo, es único en ese instante, y la ciudad es casi un personaje más de la historia.

M.- El libro quedó en segundo lugar del Premio Espasa Humor, pero su fama logró eclipsar al ganador, cuyo autor era Adolfo Marsillach. ¿Es cierto que llegó a convertirse en un clásico muy difícil de encontrar? ¿Esa es la razón principal de su reedición?

JSiF.- Espasa le dio el premio a Marsillach porque era súper famoso, algo normal en los premios para adultos por entonces, pero ya en su momento todo el mundo dijo que el suyo era muy malo comparado con el mío, más fresco y lúcido. Con los años la colección Espasa Humor cerró y la novela desapareció. Hoy nadie se acuerda de la ganadora, pero la leyenda de Johnny Pickup sigue.

M.- ¿En qué medida ha cambiado el mundo de la música desde la época en que fue escrito el libro? Tú te refieres a la muerte del vinilo, al nacimiento del DVD y, por supuesto a la revolución que supuso Internet. Y, ¿en qué medida ha cambiado tu relación con el mundo de la música?

JSiF.- A mediados de los 90 Internet abría los ojos tímidamente. Para buscar algo estabas una hora. Por supuesto no había móviles. Estábamos en la antesala de todo esto. Por esa razón digo que la novela sucede en un momento muy concreto, de cambio, fin de una época, albores de otra. En estos más de 20 años todo es diferente. Todo. ¿Mi relación con la música? Inexistente. Lo dejé todo para seguir mi carrera de escritor. E hice bien, justo en su momento. No me veo escribiendo de música ahora en una revista. Como mucho, sigo haciendo algún libro y, por supuesto, novelas ambientadas en el mundillo, las últimas “Paradise rock” (SM) y “Cuando el cielo se queme” (Harper Collins). Dentro de poco aparecerá otra, “…que no vayan a por ti”, sobre un asesino en serie que mata dejando pistas rockeras.

M.- También parece ser que estuvo a punto de llevarse al cine, pero luego pasó a engrosar la larga lista de los proyectos cinematográficos abortados. ¿Qué sucedió?

JSiF.- Pufff… Esta es una larga historia. Al poco de editarse el libro una productora me compró los derechos. Un año después seguíamos con el proyecto. Rociito (la hija de Rocío Dúrcal y Junior) salió en la portada de Lecturas diciendo que iba a ser la prota femenina. Al final… nada. El proyecto pasó a Buenavista Home Entertainment (filial de Disney), me llamaron, me pidieron que hiciera el guión para ver si tal o cual… Y no, hasta aquí llegué. Yo soy novelista. El cine es otra historia. Pero bueno, me ha pasado siempre igual: me han comprado no menos de una docena de novelas, y siempre pasa algo al final. Esto es España, no Hollywod. Todas mis novelas se pueden rodar punto por punto, porque ya son guiones de cine, pero hasta hoy, marzo de 2017, solo David Menkes logró estrenarme una peli. Ni hay medios ni mucho interés, aunque tenga ya cien best sellers en mi haber. Fuera de España con mucho menos te hacen una peli.

M.-El protagonista, George Saw es Jordi Sierra en inglés. Eso parece indicar que  se trata de tu alter ego. Pero nunca se llega a una total identificación. ¿Qué hay en George que no tiene Jordi?

JSiF.-George Saw se parece a mí porque es romántico, pero poco más. Es un buen nombre literario. En la novela que sí salgo como personaje, pare reírme de mi mismo, es en “Mis salvajes rockeros”, mi otra gran novela de ambiente musical adulta. Esta también la recuperaré pronto, en Amazon.

M.- El destino del libro parece claro: los viejos rockeros, pero ¿qué puede encontrar en él la gente más joven?

JSiF.- ¿Viejos rockeros? A ver, en la novela aparecen Springsteen, Sting, McCartney, Jagger… Que yo sepa siguen en activo y llenando estadios. El concepto de “viejo rockero” lo acuñan siempre los jóvenes para crear fronteras, separar el pasado. A cada nueva generación, le molesta lo anterior, lo desprecian. Y no es justo. Cuando yo me metí en la música en los años 60, lo primero que hice fue explorar de donde venía todo. Eso es cultura. Pensar que lo de ahora es la hostia y lo de antes matusalémico es de una estrechez de miras absoluta. Es como lo de llamar “dinosaurio” a un tío por tocar la guitarra con 70 años. Joder… ¿Qué va a hacer? ¿Jubilarse? Si puede tocar, ha de tocar. Es su vida. Ese desprecio por la historia es patético. Así nos va.

M.- De los tres ítems básicos, sexo, drogas y rock and roll confiesas debilidad por el primero y el último. ¿Ha hecho mucho daño la droga al mundo de la música?

JSiF.- La primera vez que me ofrecieron drogas fue en una fiesta en Hollywood. Yo era un pardillo. Allí había gente MUY famosa, grandes e ilustres nombres. Miré la rayita y en un segundo vi mi vida. ¿Qué quería yo? Escribir. ¿Estaba seguro de poder “probar” y ya está? No, no lo estaba. Todos nos creemos muy fuertes hasta que la cagamos. Así que dije que no. Tampoco fumo ni bebo. Nunca he probado tabaco, menos un porro, ni he probado alcohol. Y no me ha hecho falta para estar siempre loco perdido, reírme de todo, ser feliz. Tengo 70 años y estoy como una moto. Mi cuerpo lo ha agradecido siempre. No creo en las drogas, ni como diversión ni mucho menos como evasión. Eso no significa que no haya firmado manifiestos en apoyo a la legalización. Que no crea en ellas no significa que no crea en la libertad. Y al final acabamos siempre en lo mismo: cultura. Si se tiene cultura, si se han leído libros (estudiar es lo de menos), se tienen conocimientos, corazón, humanidad, uno entiende qué ha de hacer, cómo y cuando. Así que en resumen: sexo y rock. Suficiente.

M.- Dicen que el trabajo más sencillo es el de árbitro de boxeo porque solo necesitan saber contar hasta diez. Pero tú añades que es más fácil el de músico porque siempre arrancan a la de cuatro. ¿Por qué, entonces no hay más árbitros de boxeo y, sobre todo, más músicos?

JSiF.- Esa es una frase que ya no recuerdo si es mía o la leí en alguna parte hace 30 años, pero siempre me ha parecido muy divertida. De hecho es una crítica a la elementalidad de algunas cosas. Nada, una anécdota. El boxeo es un deporte bestia al que antaño se dedicaban algunos para salir de pobres (tal que los toros). Músicos sí que hay. Y muchos. Más de los que nadie piensa. En todos los pueblos de Catalunya hay bandas.

M.- George vuela hacia la Polinesia, ¿en busca de la leyenda o a entrar en ella?

JSiF.- George ha sido abandonado por su esposa, que se ha fugado con el gestor, tiene un hijo facha redomado, republicano, la música del momento ya empieza a no gustarle… Está en un puto momento de “¿y qué coño hago yo ahora?”. Entonces descubre que una leyenda rockera vive en un lugar apartado y le explota la cabeza. No sé si lo hace para recuperar a esa leyenda o si es para entrar él en ella y recuperarse. Pero imagino que cuando hacemos algo así, lo hacemos por ambas cosas, pero sobre todo para salvarnos a nosotros mismos.

M.- Tu novela también es un recordatorio de lo poco que duran los ídolos en estos tiempos. Johnny Pickup fue el número 1 y ya nadie le recuerda. ¿No crees que en todo pasa igual: en el mundo del deporte, del espectáculo…etc.?

JSiF.- Johnny lo deja en el 67, porque entiende que ya nada puede superar al “Sgt. Pepper’s”. Es, pues, también un homenaje a los Beatles, y un grito a muchos músicos que se estrellan por no saber crecer o evolucionar. Pero figura que ha sido un grande (en los años 60 se recuperó a Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins y tantos otros olvidados o baridos por los antirockeros) y que lo dejó prematuramente. Esa es la raíz de la novela. Sin embargo tu pregunta tiene dos frentes. Por un lado están los músicos con carisma, fieles a una idea, que perduran, y por el otro los que, simplemente, forman parte del mundo del espectáculo, que tienen su momento y ya está. Siempre ha habido estrellas de un solo disco o cantantes y grupos de cinco años, que es el término medio de una vida profesional en el alero. Las fans cambian cada cinco años, y todas quieren a sus ídolos, no a los de sus hermanas mayores. Y no digamos ya a los de los padres.

M.- En tu novela contrapones el mundo idílico, la paz de la isla de Polinesia donde se ha retirado Johnny Pickup con el  mundo enloquecido de Nueva York y el enrarecido ambiente de la música. ¿Es posible el regreso, cuando tantas cosas han cambiado?

JSiF.- Lo de retirarme a una isla desierta era (y creo que aún lo es, por eso cada año voy al menos dos veces a islas para preparar mis novelas) uno de mis sueños de joven. Lo utilicé en la novela como doble argumento. Primero es Johnny, pero al final es George el que pasa de todo y se escapa. Todos los regresos son complicados. Si has estado años fuera de circulación, están los que lo celebran, están los que llaman “dinosaurio” al personaje, están los que oyen hablar de él por primera vez… Así que depende cada cual y de muchas circunstancias. Pero en música es donde más revivals se producen. ¡Hasta los Sex Pistols volvieron!

M.- En esta  historia del viejo ídolo que vuelve a escena hay todo un entramado: vínculos familiares que parecían desaparecidos, hijas desconocidas, divorcios, encuentros sexuales… ¿En qué medida todo el mundo se arrima al carro del éxito?

JSiF.- ¿Has visto la cohorte de niñatos que acompañan a Neymar? Veinte tíos que no dan ni golpe. ¿Has visto la cantidad de gente que rodea a una estrella de la música? Agentes, managers, abogados, asistentes, secretarios, masajista… Donde hay dinero hay parásitos. Es ley de vida. El éxito es afrodisíaco. Si no lo tienes tú, te arrimas a quien lo tenga y bebes de él. Triste pero real.

M.- En “El regreso de Johnny Pickup” el crítico se convierte en manager y fracasa. ¿Cuáles son las causas de su fracaso?

JSiF.- La inocencia. La música tiene detrás un mundillo despiadado. Por eso tantas estrellas mueren jóvenes o acaban destrozadas por la presión. La última frase del libro lo resume todo: “El mundo de la música es cojonudo. Desde fuera”. Hay otra regla: haz lo que sepas hacer. Todos tenemos un grado de incompetencia al que no hay que llegar. Pasar de crítico a manager es como querer cruzar el Amazonas a nado en la parte de las pirañas.

M.- Lógicamente analizas el papel de las grandes discográficas, CEW, WEA, CBS, CAPITOL, POLYGRAM, de los grandes canales de TV, la aparición del videoclip, la importancia del ranking y en general todo el tinglado de la industria de la música. Después de Internet y de la piratería, ¿en qué ha quedado la “industria”?

JSiF.- Un par de monopolios omnívoros y poco más. Lo romántico ha muerto. Los días de los directores de A&R, los jefes de promoción, han desaparecido. En su lugar hay un enorme vacío. La industria como tal no existe. Está el mercado y el producto. Todo se resume en eso. Se ha perdido la emoción y todo es frío. Antes íbamos a comprar discos, era un ritual maravilloso, y los tocábamos, las portadas eran un lujo, los escuchábamos en nuestros equipos de sonido con buenos altavoces… Ahora todo se hace con un dedo, y gratis. “Descargar”, “bajar”, son las nuevas palabras. Y encima la gente joven solo oye un 15% de la calidad de un disco, porque con dos pinganillos en las orejas no da para más. Se ha destruido aquella magia que lo hacia especial.

M.- En los párrafos de tu novela dedicados al sargento Buchanan, responsable de decenas de muertes en nombre de la ley, ¿pretendes hacer una crítica de la actuación de esos “héroes del asfalto” con plaza de policía. ¿Han cambiado muchos las cosas en EEUU en este sentido?

JSiF.- Jo, cuando escribí el libro lo hice poniendo a la policía de Nueva York (que conozco bien) en el punto de mira. Buchanan es un personaje siniestro de la novela. Los disturbios raciales y los excesos ya estaban ahí, han seguido y seguirán con Trump y el renacer de los supremacistas blancos. Si escribiera el libro ahora, Buchanan sería mucho más bestia. El cambio ha sido a peor.

M.- En sus llamadas a los famosos para hacer duetos con Johnny nos presentas a Sting, en el Amazonas, a Madonna durmiendo, a Paul McCartney cazando el zorro, a Bob Dylan revisando contratos, o al “Boss” dando vueltas con un enorme camión para captar ambiente. ¿Es un intento por desmitificar las figuras de las estrellas del rock? Tú conoces muy bien el medio y has entrevistado a algunas de las grandes figuras. ¿Es verdad que tienen un lado humano?

JSiF.- Todo esto está extraído de mi novela “Mis salvajes rockeros”, en la que yo paso un fin de semana con cada uno de ellos y retrato su vida secreta de manera irónica. Es una forma de quererlos… riéndome de ellos, pero empezando por mí mismo. Decidí aprovechar la trastienda de “Mis salvajes rockeros” en “El regreso de Johnny Pickup”. Y sí, todos tienen su lado humano e íntimo. Hago un retrato rápido y divertido, a modo de pincelada. Deberían leerse las dos novelas juntas.

M.- Muchos recordamos los grandes festivales de rock, especialmente Monterrey y Woodstock, de los que se hicieron dos célebres largometrajes documentales, “Monterrey Pop” y “Woodstock”. Recuerdo la película “El último hombre vivo”. Charlton Heston era el único superviviente de la tierra y en una ocasión entraba en una sala de cine, cogía unas bobinas y proyectaba la película “Woodstock”. Al acabar decía algo así como “Ya no se hacen películas como ésta”. Fueron tres días de paz y amor, como llegar a la luna y verla llena de flores. Como sucedió con el cine después de la II Guerra Mundial, ¿el mundo de la música perdió la inocencia a partir de comienzos de los setenta?

JSiF.- En todo caso en octubre de 1973, al estallar la cuarta guerra árabe-israelí y desatarse la crisis del petróleo. Fue cuando se descubrió que todo el mundo del disco dependía del petróleo. En 1972 la música superó en ingresos a cine y TV en el “entertainment” americano, que era el baremo mundial. Fue la culminación del “boom” iniciado en 1969, cuando se duplican ventas de discos, beneficios, etc. Todos nos las prometíamos muy felices, y entonces… 1973, octubre: la crisis. Hasta mitad del 74 fue un caos, no había gasolina en algunos países así que no se podían planificar giras, no había materias primas para vinilos ni casettes, ni siquiera para hacer cubiertas de discos… Todo se fue a la mierda, el precio de los discos se duplicó… Fue un amargo despertar. Así que si hablamos de inocencia perdida, fue entonces. Ah, Nixon seguía bombardeando Vietnam, aun no se le había dado la puntilla con el Watergate… y en España Franco seguía matando un poco, para que no nos olvidáramos de él.

M.- ¿La crisis del petróleo y la aparición del Punk Rock certificaron la muerte del rock?

JSiF.- ¿Quién dice que el rock ha muerto? Que yo sepa, seguimos inmersos en la Era Rock. No ha habido nada que haya roto todavía con ello, como el rock hizo con la música después de la Segunda Guerra Mundial. Ha habido cambios, por supuesto, líneas derivadas, como la electrónica, el hip hop… Pero el rock sigue ahí. ¿Quién llena estadios? Los de siempre: las bandas rockeras. La crisis del petróleo cambió las leyes de mercado, golpeó a la industria en si línea de flotación. El punk solo fue una consecuencia. Luego todo siguió, de otra forma, pero siguió. Y sigue siendo rock (en términos genéricos).

M.- ¿Supuso la aparición del video la gran conmoción? Ya no bastaba con la música. A partir de “Trhiller” de Michael Jackson, también la imagen era necesaria. ¿Fue como la aparición del sonido en el cine mudo? ¿Se cobró muchas víctimas?

JSiF.- Lo que trajo el vídeo fue pasar de “oír” música a “ver” música. La gente joven no escuchaba una canción, no se quedaba con la música, tenía que asociarla a una imagen. La segunda consecuencia fue la necesidad de tener “una imagen”. Si eras feo estabas listo. No vendías, Por eso estalló el escándalo de Milli Vanilli. El verdadero era un tipo negro, bajito, gordito. No daba la talla para “vender” videos. Así que el productor, Frank Farian, se buscó a dos modelos espectaculares para los videos. Ni el más loco imaginó que iban a arrasar, 8 millones de discos vendidos, varios Grammys. Se descubrió el pastel cuando ellos, acojonados, lo confesaron. ¿Cómo iban a hacer giras? El siguiente disco del verdadero Milli Vanilli no vendió nada.

M.- Tú eres una institución en el mundo de la música. Uno de los fundadores de “El Gran Musical”, Director de “Disco Exprés” y “Popular 1” y, sobre todo, autor de “1962-1972 Historia de la Música Pop”. Además has escrito más de 500 obras de todos los géneros posibles y has vendido 12 millones de libros. ¿Cómo se contempla el mundo desde tu perspectiva, el mundo, literario y el mundo de la música pop?

JSiF.- Sigo en este mundo, no tengo perspectiva, por mucho que la edad diga que puedo tenerla. Es cierto que cambié la forma de escribir de música en este país. Antes no había artículos largos, ni mucho criterio, todo era light, pero a pesar de ser un crío, escribía bien y tenía mucho rollo, así que el primero que hizo artículos en profundidad fui yo. Las famosas páginas centrales de Disco Expres, de 1970 a 1975, todavía siguen en la memoria de muchos (aunque la mayoría ya ni lo recuerde y otros me nieguen méritos, algo muy ibérico). El primer libro sobre el fenómeno musical, en español, en todo el mundo, fue mi primer libro. Así que, desde luego, tengo un pasado, y glorioso. Pero siempre quise ser novelista y, en pleno éxito, con 5 revistas y un programa de radio (eso era mucho poder), lo dejé todo para ser libre, viajar, hacer novelas. El resto es historia, medallitas, pedigrí, el sambenito de ser “el escritor vivo que ha publicado más libros”, bla-bla-bla. Yo solo quiero ser feliz haciendo lo que me gusta. Vender 12 millones de libros en España es una burrada, pero ya ves, J.K.Rowling los vende en un día. ¡Yo en 45 años! La música la veo ya desde una distancia insalvable. El mundo literario es otra cosa, pero no soy de camarillas, ni de tertulias ni de nada que me distraiga de viajar y escribir. Es todo lo que me interesa.

M.- Pedirte un tema musical para finalizar la entrevista sería ponerte en un aprieto, pero vamos a intentarlo. ¿Con qué tema la cerramos?

JSiF.- Siempre, siempre, “Like a rolling stone”, de Bob Dylan. Pero el original de 1965. Ese. No otro.

M.- Muchas gracias, Jordi

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Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas. Periodista con amplia experiencia en todos los medios de comunicación. Cineasta. Escritor. Ferviente defensor de la cultura, la libertad y la justicia social. Fanático de los malvados de ficción: desde Fú Manchú a Mabuse pasando por el propio Moriarty. Porque los auténticos malvados visten de Armani y reparten sonrisas desde la alfombra roja de los telediarios.