“El Estado reconoce el derecho a la vida del nonato y, teniendo debidamente en cuenta el derecho a la vida de la madre, garantiza con sus leyes respetarlo y, dentro de lo posible, con sus leyes defender y vindicar ese derecho.”

Esto es lo que pone en el artículo 40.3.3, conocido como la Octava Enmienda (Eighth Amendment), de la constitución irlandesa, aprobado en 1983. Como puede deducirse, esta enmienda reconoce y equipara el derecho a la vida del nonato con el de la madre y, al incorporarlo al orden constitucional, se hace prácticamente imposible legislar por la liberalización del aborto sea cual sea el gobierno del momento.

Dicho artículo fue aprobado tras un referéndum celebrado por presión de la Iglesia católica al gobierno conservador de Fine Gael, que mantenía coalición en aquel momento con el Partido Laborista; un referéndum que ganó con un 66,90% de los votos a favor de su aprobación debido en parte a una amplia campaña antiaborto que llevó a cabo la Iglesia. Y es que Irlanda, con una fuerte tradición católica, es uno de los pocos países europeos donde el aborto es todavía una práctica ilegal. Esta enmienda conlleva la criminalización de esta práctica en todos los casos menos en aquellos donde el médico dictamine que la vida de la madre está en peligro. Incluso algunas píldoras anticonceptivas están penalizadas a hasta 14 años de prisión debido a esta ley (aunque se ha permitido más el acceso a éstas en los últimos años), por la cual el Estado irlandés ya fue condenado dos veces por violar derechos humanos, una por la Corte Europea de Derechos Humanos y la otra por la ONU.

Pues bien, esta Octava Enmienda es la que se puso en disputa este 25 de mayo con un referéndum a Irlanda. El resultado no ha diferido demasiado de la encuesta a pie de urna de Irish Times/Ipsos MRBI, casi el mismo que el de 1983: un 66,40% ha votado “Sí”, frente a un 33,60% que ha votado “No”. La principal diferencia esta vez, no obstante, es que, mientras que hace 35 años se votó la aceptación de dicha ley, esta vez se ha preguntado sobre su derogación, por lo que el cambió de tendencia ha sido prácticamente total.

Con una participación del 64,13%, de las 40 circunscripciones electorales del país sólo una, Donegal, ha votado mayoritariamente en contra de la eliminación de dicha norma, con una escasa diferencia de 3,74 puntos porcentuales. Y del resto, la que ha obtenido menor porcentaje de síes ha sido la circunscripción de Cavan-Monaghan con un 55,46% de votos favorables a la derogación. Las diferencias demográficas en el voto han respondido a las tradicionales tendencias que se comenta a menudo entre las ciencias políticas y la sociología: que la población rural tiende más al conservadurismo que la población urbana. A pesar de ello, el “Sí” global ha sido rotundo.

Ahora se abre un nuevo escenario donde se deberá cambiar la legislación en materia de aborto. En principio, parece ser que seguirá adelante el proyecto de ley propuesto por el Gobierno que contempla el aborto legal para todas las mujeres durante las primeras 12 semanas de gestación. A partir de entonces, hasta las 24 semanas se autorizaría el aborto en casos donde los médicos establezcan que la salud madre corre peligro y el feto no puede sobrevivir fuera del vientre materno.

Muchas personas, tanto del establishment como de activistas feministas, han considerado la jornada de histórica, con unos resultados que han reflejado una clara evolución de la sociedad irlandesa por lo que respecta a los derecho sexuales y reproductivos de las mujeres, y donde la Iglesia católica posiblemente no tenga ya tanta influencia como la que tuvo antaño, especialmente en un tema que siempre ha causado mucha controversia en un país como Irlanda.

Cruzifijo / Irish Times
Compartir
Artículo anteriorUna verdad muy incómoda: Ahora o nunca
Artículo siguientePalomos 2018 en Badajoz: Éxito por octavo año consecutivo
Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración, más que politólogo, prefiero ser considerado simplemente como un "observador participante del mundo", pues intento básicamente reflexionar o abrir interrogantes sobre determinados escenarios sociales que me resultan interesantes, más allá de las instituciones.