Jean-Luc Mélenchon | El Imparcial

Mientras la extrema derecha actual ocupa ciertas reivindicaciones primigenias y naturales de la izquierda, nosotros, mientras tanto, caemos en un abismo lleno de conformismos.

El domingo día 17 de abril, El País, con una rigurosidad periodística y sin sensacionalismo conservador de ningún tipo, hecho realmente sorprendente, publicó la primera parte de un reportaje acerca de las consecuencias de la desindustrialización, en este caso, en la ciudad de Hayange (una de las zonas de la Francia industrial que ha sufrido dicho fenómeno). Entre los distintos testimonios se pueden encontrar algunos realmente desgarradores para lo que significaba, y ahora significa, la izquierda francesa para la clase obrera (o viceversa): “hoy la izquierda no defiende al obrero”; “lo que el Partido Comunista representaba hace cuarenta años, este mundo lo defiende el Frente Nacional”; “la izquierda nos ha traicionado, nos ha abandonado”, este último de un excomunista. Resulta demoledor ver como la izquierda, abocada por el liberal-progresismo de los partidos socialdemócratas y el conformismo de la izquierda socialista y comunista a convertirse únicamente en contendientes de la batalla electoral, ha perdido. La clase obrera está harta de un burdo liberal-progresismo en continua resignificación y reinvención, que no da respuesta, sino más bien es el causante, de la crisis actual.

Pero ante todo esto, ha surgido Jean-Luc Mélenchon, líder del movimiento-plataforma-partido La France Insoumise (Francia Insumisa). Mélenchon, aguarda en sus mítines antiguas banderas para reemplazarlas por nuevos símbolos y retóricas. Su discurso es rompedor y directo, sin tapujos. No repara en señalar las consecuencias y los causantes de la liberalización del mercado, las medidas de austeridad, los abusos de la troika, el neoliberalismo político, el despotismo del sector financiero…y, con verdadero coraje, cuestiona las, tan asumidas por la izquierda española, instituciones de la Unión Europea en su conjunto. De momento sólo queda esperar a los resultados con expectación y cautela.

Ante este nuevo reordenamiento del tablero, se ha de reseñar las grandes diferencias que alejan a Unidos Podemos de La France Insoumise. Primero cabe destacar una disyuntiva histórica, incluso pudiera considerarse en términos de tiempos. Podemos, en este caso, surgió tras haberse sucedido un movimiento ciudadano (con todos los pros y contras que supone) como el 15-M y sus efectos colaterales sobre la sociedad. Es decir, no fue Podemos quien lideró un movimiento, a diferencia de La France Insoumise, sino surgió a posteriori intentando materializar sus ideas en un partido o proyecto político. Esta diferencia es transcendental, no es lo mismo ser un movimiento que únicamente visualiza el partido político como una herramienta de transformación última, que ser un partido, con un objetivo primero electoral, que quiere articular un movimiento. Es decir, hay una diferencia, casi insalvable, entre un partido articulado en torno a un movimiento, que un partido que desea articular un movimiento en torno a sí. Sino que se lo digan a los eurocomunistas españoles que, tras avistar únicamente la victoria electoral como herramienta de transformación, desarticularon todo el tejido social y cultural generado por el partido.

Respecto a la construcción discursiva, ambos guardan semejanzas. Con Chantal Mouffe como referente teórico, junto a la retahíla de teorías laclaunicanas direccionadas a la redefinición de significantes, La France Insoumise y Unidos Podemos plantean el mismo debate en torno a los discursos y los símbolos. Algo que no entiende Podemos, más concretamente, es que la batalla por determinados significantes ya se encuentra configurada por sus antagonistas y por una serie de realidades históricas. Podemos sigue en su lucha incansable por disputar y reivindicar el concepto de patria, algo que si puede hacer La France Insoumise, porque no tuvo una dictadura de casi cuarenta años, de la cual todavía no sólo quedan los restos, que reivindicó la patria y la bandera española. Por eso, jóvenes peronistas entusiastas, no se puede utilizar la bandera rojigualda como símbolo de cohesión para la emancipación.

En último lugar, existe una diferencia en torno a la materialidad de ambos proyectos. Mientras Mélenchon parece rompedor y avista conseguir algo más que la socialdemocracia, Podemos coquetea con la misma. Más que coquetear, no resulta pretencioso, de ningún modo, encuadrarlos como partido socialdemócrata clásico (refiriéndome a los primeros partidos socialdemócratas, lejísimos de lo que pudo significar el PSOE o, en la actualidad, todos los que recorren el ancho y largo de Europa). Lo cierto es que las grandes cuestiones van quedando en un segundo plano ante una malgama de elementos irrelevantes. Confunden valores y debates como la salida de la OTAN, la proclamación de la tercera República, la salida del euro o el no acatamiento de las medidas impuestas por parte de la UE (incluso el cuestionamiento de la misma) …con el encasillamiento, tan elitista, de la “vieja izquierda”. Es cierto que estos debates significaron el rumbo de la izquierda española y que pueden estar llenos de elementos sentimentales, pero su vigencia es absoluta e incuestionable.

La izquierda, incluso mundial, sólo puede frenar a la extrema derecha con una vuelta a sus comienzos. Esto no significa volver a los antiguos métodos, lenguajes, discursos, banderas, formas…sino reconducirse, de nuevo, al sentido primigenio de su existencia y a servir a la clase trabajadora, y a la sociedad en su conjunto, como una vanguardia en la transformación social. Desechar los aparatos partido como única herramienta política, sino más bien articular movimientos que señalen a los verdaderos culpables de esta gran estafa llamada “crisis”. Esto no equivale a caer en simplismos y superficialidades, sino más bien a comenzar un debate sobre cómo acabar con el neoliberalismo y sus distintas reproducciones.

Hasta que volvamos a vernos. Hasta que comprendamos que sólo la izquierda, llamada como se quiera, es el antídoto frente a la extrema derecha y que esta crisis sólo es el símbolo de nuestra decadencia, la cual debe acabar.