La exposición recoge más de 600 objetos originales y testimonios de las víctimas y supervivientes del campo de concentración de Auschwitz y estará hasta el 17 de Junio de 2018. Información de la exposición aquí.

Hace unos días en FurorTV tuvimos la oportunidad de visitar el Centro de Exposiciones Arte Canal donde actualmente se exhiben más de 600 objetos originales y los testimonios más sobrecogedores de las víctimas y supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, uno de los episodios más terribles de la humanidad.

“La poesía no tiene sentido después de Auschwitz.”

Bloques de hormigón que formaban parte del tendido eléctrico de los muro de Auschwitz originales

Durante más de dos horas recorrimos las salas de la exposición, dejando que nos emocionara y conmoviera desde la primera a la última.

Al principio nos encontramos con unas ruedas y un zapato de cuero vinculados porque las ruedas representan el tren, medio por excelencia de transportar a los prisioneros al campo de concentración. Desde este momento nos ponemos a pensar sobre la magnitud de esta catástrofe: ¿de quién era el zapato?, ¿cuál fue su historia? Todos tenían una historia. Todas y cada una de las personas que murieron en Auschwitz tenían una historia diferente.

Durante nuestro recorrido por las diferentes estancias, aparte de disfrutar de una colección única de piezas, tenemos la ocasión de refrescarnos la memoria con lo que pasó antes de la tragedia de Auschwitz. ¿Qué era Auschwitz antes del holocausto? Era un lugar pequeño, de cuya existencia pocas personas conocían llamado Osvecimia (Oswiecim) antes de que los alemanes le cambiaran el nombre. Una sala entera se dedica a explicar cómo era la vida de los judíos antes de la segunda guerra mundial, la cultura, con ejemplos reales de personas y también de cómo se llegó al antisemitismo moderno en Europa y cómo se extendió.

Según avanzamos vemos cómo fue evolucionando el panorama social, político y económico de Europa después de la Gran Guerra en la que Alemania salió muy perjudicada y por eso el nacionalsocialismo ganó miles de adeptos en poco tiempo y, por ende, Hitler se alzaba con el poder en 1933. El odio y las sospechas de la población alemana hacia los judíos se incrementaban, y se empezaba a imponer desde la infancia, por ejemplo, con juegos de mesa para toda la familia como “Juden Raus” (Judíos Fuera). Aun así, los judíos no eran los únicos perseguidos, también los romanís y los gitanos eran foco de ese odio.

Seguidamente observamos cómo se configuraba el Tercer Reich, lo que fue y lo que Hitler quería que fuera, que no era ni más ni menos que una mera utopía que promovía el pleno empleo, viajes, vacaciones y la expulsión de las personas que no aportaban nada a la sociedad entre las que se encontraban los judíos. Tras ello y una pequeña mención a la Legión Cóndor, nos topamos con la invasión de Polonia, la limpieza étnica y la solución territorial de los judíos, donde los expulsaron del país para hacer hueco a los nuevos residentes. Es en ese momento, en 1939, donde la fábrica de muerte más letal de la segunda guerra mundial empezó a cimentarse, pues fue durante la ocupación del territorio cuando los nazis encontraron unas barracas a las afueras de la ciudad conocida como Osvecimia y en cuestión de meses se convirtió en el campo de concentración.

Objetos que por su gran tamaño llaman la atención son una caldera de las cocinas de Auschwitz, donde se preparaban esas comidas insuficientes para los prisioneros, y  una litera en la que dormían supuestamente 3 personas, si bien eran más, y que fue incluida un año después de que el campo empezase a funcionar (antes los prisioneros dormían en el suelo).

Una rampa nos transporta ya a lo que es la llegada de los judíos al campo, en este caso sabemos que eran húngaros por la procedencia de las maletas. Las imágenes a ambos lados son de los trenes de los que se bajaban unas 100-150 personas por vagón a lo inesperado. Esas maletas las dejaban atrás. Las personas de estas imágenes no sabían que la mayoría estaba en las últimas horas de sus vidas, ni que iban a ser separados de sus familiares y que nunca más iban a volver a verlos. Cuando bajamos la cuesta nos encontramos con una maqueta a escala de Auschwitz donde se puede apreciar la verdadera magnitud del campo. El tamaño en este caso da lugar a confusión, ya que se puede pensar que había muchas personas cautivas, pero la realidad no era así puesto que la mayoría de los que llegaban eran asesinados en la primera semana de su llegada.

Los testigos oculares son muy importantes pues no se tienen muchos registros de los crematorios ni del proceso que se llevaba a cabo ahí dentro | Dibujo de David Olére

Aquí quizás empieza la parte más dura de toda la exposición, donde empezamos a comprender la magnitud de las ejecuciones en masa que se llevaban a cabo a diario en Auschwitz. No había ningún respeto hacia la vida humana, a los prisioneros se les trataba como mercancía. En una sala se ve como los comandantes de los diferentes campos de concentración competían entre sí para ver quién asesinaba a más personas. Innovaban y proponían iniciativas para matar al mayor número de personas en el menor tiempo con el menor número de recursos. Los testimonios inéditos de los supervivientes y de los que formaron parte de los Sonderkommandos en las paredes y en vídeos de las diferentes salas son realmente sobrecogedores, probablemente lo que más nos llamó la atención de toda la exposición.

Ya llegamos al final de la exposición, a las marchas de la muerte y a la liberación del campo y llegada de la Cruz Roja. Los prisioneros estaban totalmente famélicos y desnutridos, pero aun así a veces les sorprendían con trozos de pan bajo las sabanas de las camas, aunque ellos por su condición solo podían tomar 3 cucharadas de sopa al día. Ya era simplemente costumbre y también sorpresa de la amabilidad de la gente.

Lo más trágico de los campos de exterminio nacionalsocialistas no es el exterminio en sí. Este ocurre en todas las guerras, mismamente en el frente asiático la Masacre de Nankin. Es pura barbarie, de esas que te estremecen el cuerpo. A lo largo de la historia Roma ha exterminado pueblos, así como los británicos, los turcos y tantos otros. Porque la homogenización es control, y el control es el pilar del que se nutre esa clase dirigente parasitaria que vive del trabajo ajeno y domina las sociedades oligárquicas y tiránicas. Lo que estremece y provoca un chillido que desgarrará el eco de la historia es que Auschwitz es “barbarie racional”. Es un exterminio ilustrado como diría el filósofo Theodore Adorno en tanto a que es industrial, planificado y sigue parámetros de maximización económicos.

Auschwitz no fue un pogromo. Auschwitz fue un matadero de humanos, una fábrica de la muerte. Si no produces no nos sirves. Eres totalmente desposeído de tu condición humana, de tu individualidad a través de un total corte de pelo y un traje a rayas. Eres desnudado y agarras tu ticket en una fila ordenada que te lleva a una sala donde tras decirte que te tranquilices y que vas a ser desparasitado… se te extermina con gas. En 10 minutos estarás muerto y no lo sabrás hasta dentro de 7. Serás exterminado y tu cuerpo incinerado. No quedará rastro de ti salvo por el pelo de tu cuerpo que sea vendido, la grasa que sobre de tu quema para hacer jabón y algún diente de oro que se fundirá para engordar la fortuna de algún oligarca. Te iras de este mundo engañado, casi sin enterarte ni molestar, ya que a los diez minutos vendrá un nuevo cargamento con miles de nuevos improductivos a ser exterminados.

 

Y así en unas horas pasarás de ser una persona con nombres y apellidos, con esa identidad que te hacía único, a la total inexistencia (salvo por el recuerdo, que somos nosotros los encargados de mantener). Habrás sido desechado como mercancía o muerto extenuado por las torturas o el trabajo esclavo, desapareciendo de la vida en un helado campo de Polonia bajo un burlón cartel de 14 toneladas que rezaba “El trabajo os hace libres”.

El Foro de Davos ha advertido este año 2018 de que el peligro de guerra ha crecido y está más cerca de lo que pensamos. La “Pax Americana” disfrutada por los occidentales (no por sus vecinos) lleva ya 75 años. Una auténtica anomalía cuyos periodos hermanos a nivel histórico han durado de media cien años. De todos nosotros depende que las ansias de riqueza y gloria vanidosa por traumas freudianos de algunos no nos lleven de nuevo al grito sordo que es la guerra, de todos depende el que no nos dirijan a un nuevo exterminio colectivo, como ovejas indefensas al matadero. Porque lo más terrible de Auschwitz es que fue no hace mucho, y no muy lejos