Entrevista por correo. Marzo 2017

Legna Rodríguez Iglesias

Nacida en Camagüey (Cuba), en 1984. Poeta, novelista, cuentista y autora teatral. Miembro de la UNEAC (Unión Nacional de escritores y artistas cubanos).

Ha ganado infinidad de premios, entre ellos el Premio Alcorta de Literatura Infantil (2007), el Premio Calendario de Cuento (2008), el Premio Calendario de Poesía (2012), el Premio Iberoamericano de Cuento “Julio Cortázar” (2011), el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, Poesía y Novela (2011) etc.

Ha publicado los libros de poesía “Arroz con mango” (2002), “Querida lluvia” (2002), “Zapatos para no volver” (2004), “Instalando me” (2005), “Ciudad de pobres corazones” (2008), “Los mágicos” (2008), Ne me quitte pas” (2010) y “¿Qué te sucede, belleza?” (2012), entre otros  y ha publicado poemas y cuentos en varias revistas cubanas. Es autora de las novelas “Mayonesa bien brillante” (2012), “Las analfabetas” (2015), “El arroz de la locura” (2015), “La mandarina mecánica” (Literatura infantil), el volumen de cuentos “No sabe/no contesta” (2015) y “Mi novia preferida fue un bulldog francés” (Alfaguara editorial).

ENTREVISTA A LEGNA RODRÍGUEZ IGLESIAS

M.- Antes de nada, ¿vas a cobrarnos por esta entrevista? Me explico. He leído algunas entrevistas contigo y respondes como escribes. Además, no aceptas la disciplina de la pregunta sino que respondes a tu aire, pero el resultado es que ese sistema funciona para conocerte mejor sin necesidad de saber tu respuesta a la pregunta concreta. Así que, entiendo que tus repuestas “son” literatura. Aceptado esto, repito: “¿Vas a cobrarnos?” Somos un medio sin recursos. Nos leen, pero no nos pagan. Aunque disfrutamos mucho con la libertad que tenemos.

R.- Me encantaría cobrarles, con dos libros de Thomas Bernhard que aún no he leído, y si fuera posible (a propósito del sello que veo en la entrevista) envueltos en algún bolso de tela con un pony grabado en amarillo. Si no, entonces les daré la entrevista gratis, como las he dado siempre. También me encantaría que aceptaran mi propuesta de foto, que les adjuntaré junto a la entrevista.

M.- Eres joven y, sin embargo, los premios ocupan mucho lugar en tu curriculum. Supongo que a ti, como a todo el mundo, te halaga el reconocimiento de los lectores y de los jurados pero, llega un momento en que la trayectoria de un artista se pierde en un bosque de interminables listas de premios e, inevitablemente, llega el momento de filtrar. ¿Con cuál o con cuáles te quedarías?

L.R.- Efectivamente, para mí un premio es escribir un libro. Por eso en mis fichas, que con disciplina redacto yo misma, pongo sobre todo eso, mis libros. En Cuba recibí el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, un escritor que me gusta mucho, y además el Premio Casa de las Américas, que abarca países latinoamericanos, gracias al cual me han tildado, incluso, de espía. Es un asunto patético que comprendo, por su raíz, pero que no deja de asombrarme. Luego el año pasado recibí aquí en Miami el premio Paz Prize, que otorga The National Poetry Series y que me emociona porque lo obtuve con mi primer libro de sonetos. Ese libro saldrá publicado bilingüe y se distribuirá por todo Estados Unidos, tremendo viaje. Si contamos, son solo tres premios y un gran deseo de escribir.

M.- Algunos de mis amigos (y yo mismo) pensamos que la piel, la “envoltura humana”, es lo mejor de una persona. Con el mayor de los respetos hacia la libertad individual, de hacer lo que uno quiera con su cuerpo, ¿qué significado tienen, para ti, los tatuajes, al margen de una moda?

L.R.- Mis tatuajes son un asunto muy personal. En mi novela “Las analfabetas” explico ese asunto en más de una página. Cada uno de ellos representa lugares o momentos muy intensos, al menos para mí. A veces significan más de lo que yo imagino, a veces menos. Mientras respondo esta pregunta, mi vanidad infantil me lleva a pensar que ninguna escritora tiene, como yo, una zorra con una gallina muerta en la mano. Yo tengo eso. Y se siente agradable.

M.- ¿Todo acaba por convertirse en real? Ray Bradbury escribió “El hombre ilustrado” hace años, como una obra de ciencia ficción. Ahora quedan pocos “hombres sin ilustrar”.

L:R.- Es probable. O tal vez mis tatuajes no son reales. Ni yo. Ni el nuevo presidente de EEUU. Sería muy esperanzador si muchas cosas no fueran reales.

M.- Antes, cuando se veía a una persona con tatuajes, enseguida surgía la pregunta: “¿Habrá estado preso?”. Ahora, ya no tenemos pistas. Y, curiosamente, en nuestro país los mayores delincuentes llevan traje y corbata y no están tatuados. ¿Hay que fiarse de las apariencias?

L:R.- Siempre he dicho que uno es lo que parece. Pero uno es engañoso, también. Me gusta parecerme a un dibujo de Kandinsky, o a uno de Malevich. Las perspectivas cambian, los íconos cambian. El significado y el significante, buena pareja, significan otra cosa.

M.- ¿Sigues teniendo el piercing en la nariz?

L:R.- Sigo. Dos en la nariz, uno en la ceja izquierda, y uno en la orejita derecha, muy cerca de la mandíbula. De ellos opino que, al menos, no son de oro falso. También tengo dos expansiones, en cada lóbulo, de 18 milímetros. ¿Complacido?

M.- He visitado Cuba un par de veces a lo largo de mi vida: en 1990 y en 1999. Me encantó La Habana. Y la gente me gustó mucho más. Fue increíble poder hablar con cualquiera sobre literatura latinoamericana y, sobre todo, cubana. Y eran ellos quienes sacaban el tema. En España eso resulta imposible. Ni tan siquiera con personas que han ido a la universidad. ¿Crees que la educación y la cultura son cuestiones básicas?

L.R.- Por supuesto. Por supuesto.

M.-Has escrito poesía, novela, teatro… pero en tu escritura no existen las fronteras que establecen los géneros. Tu prosa tiene poesía y tu poesía, prosa.

L.R.- La falta de fronteras también está de moda. Mira el mundo. Mira las poblaciones. Mi libro ideal es uno donde, sobre todo, hay tal intensidad, que no precisa catalogación. A ti también te gustaría mucho. Cada uno de los libros que escribo constituyen una historia. Solo que esa historia la escribo del modo que mejor resulte.

M.- En tu libro “Mi novia preferida fue un bulldog francés” hablas  de muchas cosas: de enfermedades y hospitales, de Dios, de Miami, de viajes, aviones y aeropuertos, de la aventura de escribir, de la moda, del Sida, de Internet y las nuevas tecnologías, de Facebook, de cine, poesía, literatura, música, teatro…Tu libro no tiene nada de convencional. Es más, antes de leerle tenía clara la distinción entre poesía y narrativa. Ahora, ya no lo tengo tan claro. Incluso hay capítulos como el titulado “Wanda” o, incluso, “Tatuaje” que tienen una estructura poética. La pregunta es parecida a la anterior, pero ¿consideras que ese es tu estilo, tus señas de identidad como escritora?

L.R.- No lo sé. No sé en qué consiste mi estilo. La respiración, las pausas de la historia, el modo en que la iba pensando, hicieron que su escritura fuera posible así. Cada oración es un párrafo, una célula. No podía juntar un párrafo con otro. Wanda habla así. Yo también, a veces. Se trata deun componente humano. Sin embargo, prometo esforzarme para lograr un estilo que no dependa solo de oraciones cortas. Eso es solo un detalle, muy superficial, del cuerpo textual. Mis escritores preferidos vendrían hacia mí y me hablarían por las orejas.

M.- Hay una performance de Soleida Ríos que consiste en salir a la calle y susurrar a las         personas un poema. Tú lo has hecho en alguna ocasión. ¿Cómo resultó la experiencia?

L.R.- Es extraño y positivo, desde cualquier ángulo que lo mires. Nunca olvidaremos, ni yo ni Soleida Ríos, la primera vez que susurramos juntas, en la cual Soleida Ríos decidió empezar por mí, leyéndome ella a mí un fragmento de un poema largo de Henri Michaux. Yo sentía algo parecido al placer, mezclado con cierta ebriedad, todo junto en un plano irreal, extradimensional, ilógico. Leer poemas en la calle, a desconocidos o amigos, te expone ilógicamente. Extraño y encantador.

M.- ¿Cómo reacciona la gente?

 L.R.- La gente entiende, pero saben que es ilógico, y que uno está loco, y algunos te dicen “no, yo no estoy para poesía hoy”, y otros se quedan mirándote al borde del enamoramiento. La gente se expone tanto como uno.

M.- Tu idea inicial era escribir 15 cuentos en primera persona para que el lector se sintiera más cercano al texto. Y todo sobre el bulldog. Pero éste apenas aparece por ninguna parte. Sin embargo el bulldog sí habla de ti y nos cuenta cosas sobre ti. ¿Es una forma de desnudarte ante el lector? ¿Le utilizas como un intermediario?

L.R.- Mi bulldog francés fue una sorpresa también para mí. Hablo ahora de mi perro, que se quedó en la Habana con una familia que lo adora y cuida. Yo lo compré cuando tenía dos meses, y era un pequeño pez en el suelo frío de mi alquiler. Empezó a parecerse a mí y ser perfecto para mí. Y yo tenía que escribir este libro para él, aunque él solo fuera un pretexto, un hilo, un pie. Uno utiliza todo.

M.- En ocasiones también hablas de escritores cubanos, Severo Sarduy (“Pájaros de la playa”)  o Reinaldo Arenas o de José Kozer (“Partículas en expansión”). ¿Son autores a los que admiras?

L.R.- Muchísimo, sí. Aún no los comprendo con exactitud y por eso los admiro más. Esa admiración la comparto con mis mejores amigos. Es algo en común y debe saberse y escribirse. El homenaje.

M.- Citas a cineastas como Léos Carax, Todd Solondz, Yorgos Lanthimos, Michael Haneke, directores a los que reverenciamos. ¿Son los que más te interesan?

L.R.- Hay muchos directores de cine que me interesan, estos son algunos. Hay una fuerza en el cine de ellos, algo tan despiadado, tan conocido

M.- Siguiendo con el cine. Hace años vi en la Semana de Cine de Valladolid, la película de Haneke “Funny games” y, como todo el mundo, salí destrozado. Pero fui a un restaurante a cenar y justo frente a mí, el director y sus actores: los jóvenes asesinos, el niño asesinado, los padres, estaban cenando en otra mesa, muy alegres por la acogida que había tenido su película. Ficción y Realidad. Unas veces la ficción supera a la realidad, como en este caso, pero en otras, la realidad supera a la ficción. ¿Crees que cuando sucede esto último se convierte  en verdad lo que dijo Aldous Huxley: “Este mundo es el infierno de algún planeta”?

L.R.- Incluso sin que suceda, pienso que hoy, sobre todo hoy, este mundo es el infierno de este mundo.

 M.- ¿Te gusta el cine de Fernando Pérez? La última vez que estuve en La Habana el Festival de Cine programó “La vida es silbar” y todo el público hablaba muy bien de ella.

L.R.- Me gusta mucho Fernando Pérez, sus películas Clandestinos y Madagascar son dos de mis preferidas del cine cubano. Suite Habana es espeluznante. Luego las últimas, ya menos. Ahora mismo está sucediendo el Festival de Cine en Miami, y estoy deseosa de ver su más reciente producción. Hace dos días vi Santa y Andrés, película cubana del realizador Carlos Lechuga, a quien agradezco. Hermosa.

M.- También hablas de poesía, de Mario Benedetti, Pietro Aretino… ¿Qué opinas de su poesía? Los “Sonetos lujuriosos” de este último, (un poeta de los siglos XV y XVI) fueron censurados en Cuba por Nancy Morejón en un número de la revista de poesía “Unión” de la UNEAC. ¿Qué opinas de este episodio?

L.R.- En Cuba eso es frecuente, y la mayoría de las veces ni nos enteramos. Pasa con muchas cosas, no solo con Aretino.

M.- ¿Y qué opinas de los festivales de poesía? ¿Todos son aburridos y tediosos?

L.R.- Más o menos. Pero no todos. El 26 de marzo, muy pronto, voy a Puerto Rico, donde hay varios poetas buenísimos, amigos además, y te juro que me divertiré. El problema de un festival es el mismo problema de un poema, vamos a hablar en serio, si no, ¿para qué?

M.- ¿Preferirías, de verdad, llenarte de garrapatas (o de lo que corresponda a los humanos) como un perro bulldog francés, si la crítica especializada opinara de tus poemas que son “precisos y correctos”? Pero también está la vanidad, ¿no? ¿Somos todos contradictorios?

L.R.- ¿Me estás hablando a mí o al personaje del libro? En caso de que sea a mí, también, yo preferiría, también, llenarme de garrapatas. Soy vanidosa, como todos, si no, no escribiera lo que pienso. Pero sé también que no contribuyo al canon. Al menos a ese canon mayor. Ni quiero.

M.- ¿Gap, Desigual, Zara, H&M…? Perdón por la frivolidad, pero todo cuenta.

L.R.- En Cuba esa tontería es algo que cualquiera ambiciona. En Cuba no hay ni siquiera un pequeño departamento infantil de H&M. La ropa es fea y estridente. Los vendedores la traen de diversos parajes, provenientes de mercados chinos muy baratos, y la gente sale a la calle en tiempo de carnaval, rosados fosforescentes y amarillo pollito. La globalización del mal gusto. Ninguna frivolidad. Al pan, pan. Igual, me resultan nombres de tiendas con una sonoridad atractiva, y merecen estar en un libro, tanto como en las promociones. Forman parte de un lenguaje, no crees?

M.- Hace poco falleció el comandante. ¿Cómo ves el futuro de Cuba?

L.R.- No lo veo. Hace poco, aquí, en el país más poderoso del mundo, eligieron a un presidente que se le parece, salvando algunas distancias. Los carnavales políticos están en su apogeo.

Muchas gracias, Legna.

 

“Soy hija de Engels.

También soy escritora. Escribo un libro de cuentos.

Quizá lo lea cualquier gente. La condición es que quiera.

El tío Marx tiene una máquina de escribir.

Me prometió que cuando se quitara la barba sería mía.

Aunque el tío Marx adora su barba. 

Papá tiene otra máquina de escribir, pero está rota.

Y arreglarla cuesta al menos un montón de publicaciones”

Legna Rodríguez Iglesias