Entrevista por correo. Estados Unidos.

Moriarty. Septiembre de 2017

Doctor en Filosofía por la universidad de Harvard y profesor de Filosofía por la universidad de California, Irvine. En 2013 fue profesor visitante del Departamento de Filosofía de la universidad de Nueva York.

Es autor de“Fairness in Practice: A Social Contract for a Global economy” (2012) y de “Assholes: A Teory” (2015)

 

“TRUMP: ENSAYO SOBRE LA IMBECILIDAD”

de AARON JAMES

Malpaso Editorial

Moriarty: “Un imbécil reúne estas tres condiciones: se permite ventajas sistemáticas en las relaciones, le motiva la certeza de estar en lo correcto y es inmune a las quejas de los demás.”  Con estas tres condiciones en mente, ¿qué tipo de imbécil es Donald Trump?

Aaron James.- Trump cumple estas condiciones generales, pero yo diría que es distinto de varias maneras. En primer lugar, es muy proclive al autoengaño: no solo sobre su propia grandeza sino también sobre la realidad, especialmente cuando no se corresponde a la imagen que tiene de sí mismo. También es un mentiroso contumaz. Es decir, habla sin ningún reparo por la verdad. Supongo que también mentirá conscientemente, pero la verdad, para mí, es que desestima por completo la noción de lo verdadero y lo falso en favor de su implacable búsqueda por dominar relaciones sociales, ganarse el favor de las personas y saciar su ego. Por último, a menudo es un idiota inconsciente, sí, pero también es un idiota payaso: aunque sea él quien cuente el chiste, logra ser el único que no lo entiende. Aun cuando se esfuerza en llamar la atención y aparentar ser de cierta manera, parece incapaz de percibir la imagen que proyecta. Por eso tiene tan poca vergüenza.

M.- “¿Por qué eres especial?” ¿Crees que su respuesta sería: “Soy rico. Soy un ganador. Soy el mejor”? ¿Son estas las metas del americano medio?

A.J.- No necesariamente. Pero ni siquiera aquellos americanos que buscan ser ricos y ganadores tienen por qué engañarse a sí mismos de su estatus social. Trump piensa esas cosas pase lo que pase. Aunque puede que esa facilidad para racionalizar todo lo que sustente una imagen positiva de él sea algo bastante americano: tiene sus raíces en el pensamiento positivo americano y la cultura de autoayuda, por no hablar de la teología de la prosperidad.

M.- ¿Es Trump un payaso, un imbécil o algo así como un bufón famoso?

A.J.- Creo que es un imbécil sin paliativos y que juega el papel de imbécil espectacularmente porque es, también, un payaso. No dejamos de prestarle atención y sus dotes de comediante están al centro de su poder sobre nosotros. Que sea tan entretenido y nos haga decir “¿Qué ha dicho?” hace que nos caiga bien. Facilita perdonar sus transgresiones, o juzgarlo con estándares reducidos.

M.- Trump se ha burlado de un periodista discapacitado, ha llamado violadores a los inmigrantes mexicanos y ha hecho repetidos comentarios sexistas… ¿Crees que, en una época en que imperan los medios de comunicación masivos, un bufón es más atractivo que quienes evitan lo “políticamente incorrecto”?

A.J.- Creo que Trump domina la época mediática actual como nadie. Violar normas sociales de manera divertida llama la atención y Trump ha convertido su conocimiento de las redes sociales e incentivos de mercado en poder político. Creo que eso da una muy mala imagen del actual sistema político americano, que de por sí ya estaba bastante corrompido. Trump ha caído justo en el momento. Años antes, Trump nunca habría llegado al poder.

M.- Hablas en tu libro del “capitalismo de imbéciles” y agregas que la mayoría de los infortunios americanos tienen su origen en la política. ¿Cuáles son las características principales del “capitalismo de imbéciles”?

A.J.- Ante todo, que el sistema político dificulta los avances en el bien común, en parte porque recompensa el autobombo. Así que los imbéciles proliferan cuando antes no lo harían. La gente decente y motivada no puede conseguir o mantener cargos políticos, o no se les recompensa por tomar decisiones en pro del interés general, así que terminan abandonando la política. Otros comienzan a pensar o comportarse como imbéciles, porque es lo que les pide el éxito. Y,  quienes se ven atraídos al sistema porque son imbéciles naturales, ya saben que tienen las de ganar.

M.- Para responder a esto, parece que se necesita cambiar las reglas. ¿De ahí viene el atractivo de Trump?

A.J.- Creo que los seguidores de Trump hacen bien en señalar que el sistema político está roto. Su idea es que el “superhombre” en quien confían está obligado a repararlo, sin caer en la cuenta de que cualquier solución autoritaria es un rechazo de la república democrática. Parece ser que Trump no es lo suficientemente competente para ser ese superhombre y la república está sobreviviendo, aunque en un estado bastante degradado. Pero debemos preocuparnos, porque puede que después de él surja un líder autoritario competente.

M.- La idea de que un déspota está más capacitado para instaurar el orden procede del “Leviathán” de Tomas Hobbes. ¿Hace trampa Hobbes al plantear la cuestión entre los dos extremos de la anarquía o el despotismo? Frente a esta cuestión opones la postura de Rousseau en “El contrato social”.

A.J.- Hobbes vivió antes de que cualquier democracia moderna tuviera éxito. Rousseau fue el primer pensador moderno en imaginar y describir cuán estables podrían ser. Creo que el tiempo le ha dado la razón a Rousseau, pero no de la manera que él esperaba. Puedo entender su error. Además, lo interesante de Rousseau fue la razón que tuvo al predecir qué cosas podrían funcionar. A pesar de la profundidad de Hobbes, creo que Rousseau (en parte por estudiar a Hobbes) comprendía mejor la naturaleza humana y la sociedad.

M.- Para Hobbes la humanidad es violenta y desobediente por naturaleza. En cambio, Rousseau pensaba que nacíamos inocentes y sociables, pero que podíamos ser corrompidos. ¿Es la llegada de un déspota el inicio de una caída en picado?

A.J.- Rousseau le dio la vuelta a la historia de Hobbes sobre el ascenso del soberano absoluto. Según Hobbes el soberano asegura paz y estabilidad. Según Rousseau, la llegada de un déspota señala una degradación en la cooperación pacífica y estable. El ascenso de Trump encaja con lo que dice Rousseau.

M.- ¿Hay un Trump verdadero debajo de las apariencias?

A.J.- No. Es un gran imbécil, y eso es todo.

M.- Se dice que las naciones tienen a los líderes que se merecen. ¿Qué opinas?

A.J.- No estoy seguro de que eso sea verdad. En este caso, Trump sí que ejemplifica mucho de lo que está mal en la cultura americana y, más recientemente, en la política.

M.- Ya que Trump es el hombre más poderoso del mundo quizá esta pregunta sea obvia: ¿Podemos fiarnos de un imbécil?

A.J.- Para nada. Si pasa algo positivo, será por accidente. Parece que, de momento, estamos evitando entrar en guerra con Corea del Norte. Trump estaba dispuesto a seguir escalando amenazas contra Kim Jong Un y, por fortuna, Kim no ha seguido el juego. Pero no creo que Trump tuviera claro cómo iba a actuar Kim, ni que estuviera siguiendo algún tipo de estrategia (lo que Tom Schelling llama “precompromiso”). Trump, simplemente, decidió que no le importaba si Corea del Norte mataba a sus rehenes surcoreanos, así que la única consideración era si iba a echarse atrás, cosa que Trump nunca hace, por motivos equivocados.

M.- Se creía que los americanos tendrían una especie de compensación por adoptar un capitalismo desenfrenado: mejor calidad de vida, oportunidades, prosperidad… pero hace ya tres décadas que no es así. ¿Por eso entra en el juego Trump?

A.J.- Sí, el contrato social americano ha fallado, generando desconfianza y agravando el sexismo y racismo que ya existía. Trump simplemente ha sacado provecho de esa desconfianza cultural.

M.- ¿Crees que la democracia ha perdido pie frente al autoritarismo debido a la desintegración económica?

A.J.- Así es y ahora la cuestión es si el autoritarismo recibirá suficiente repudio para devolvernos a los principios de una república democrática.

M.- Así resumes la ideología de Trump: una nación en declive debido a la parálisis causada por la corrección política y las normas de cortesía. Es necesaria la violencia discrecional y Trump será el héroe que pagaría el precio legal para que sus seguidores hicieran lo que es necesario. Pero, tal como dices (y tienes razón), el primer principio de la democracia es la no-violencia.

A.J.- Creo que esto demuestra que Trump es fundamentalmente autoritario y que no cree en, o quizá no comprende, los principios básicos de la democracia.

M.- Citas a C. Arnold McLure cuando dijo: “Tengo fe en que Mr. Trump buscará a dios cuando se enfrente a la aplastante tarea de guiar a la nación más grande de la historia”. ¿Podemos estar seguros? ¿Crees que Trump cambiará su discurso ahora que es presidente?

A.J.- Trump sigue apelando a sus seguidores evangélicos, dándoles el espectáculo que necesitan para creer en él. Creo que son crédulos, más que nada, y culpables de perseguir sus propias ilusiones, quizá nacidas de la desesperación. Trump no es cristiano. Es un showman y un imbécil; nunca “buscará a Dios” con verdadera humildad.

M.- ¿Crees que Estados Unidos puede sumirse en el mismo autoritarismo que hay en otros países? ¿Cómo podría evitarse?

A.J.- Puede suceder pero, por fortuna, no creo que sea el caso. Las grandes instituciones están resistiendo, a su manera. Mi libro argumenta que esta es una apuesta que no debimos haber hecho. Pero las instituciones americanas están sobreviviendo a esta seria prueba. Ahora solo queda por ver cuánto se deteriorarán.

M.- Hablas sobre el laborismo republicano como una manera de proteger a los trabajadores de un jefe imbécil y sobre España durante la presidencia de Zapatero y el “socialismo republicano”. ¿En qué consiste?

A.J.- En muchas cosas, pero la principal sería otorgar a los trabajadores el poder para renunciar, para evitar que sean dominados, subyugados o subordinados simplemente por no poder decirle a su jefe imbécil que “se meta este empleo por el culo”. Una renta básica universal, por ejemplo, le permitiría al trabajador sobrevivir sin empleo, y así podría negociar mejor las condiciones de su contratación. Y, como los empleadores tendrían que ofrecer mejores términos, esto mejoraría los salarios y las condiciones laborales en toda la economía. Entonces quizá los mercados funcionarían en pro del trabajador medio, como hace décadas que no sucede en Estados Unidos.

M.- Hablas, también, de los dos mandamientos para funcionarios republicanos: “No dividirás a la población” y “no desdeñarás a ninguna persona o colectivo”. Yo agregaría otro: “No romperás ninguno de estos mandamientos”. ¿Podría ser esta la receta?

A.J.- Desafortunadamente esas son sólo las bases de una república civil y solo hace falta explicitarlas porque la cultura política americana se ha tornado tan divisiva. Son un primer paso para volver a una política más civil y productiva.

M.- Ha pasado algún tiempo desde que escribiste este libro y ahora Trump está al poder. ¿Has cambiado algo en tu discurso? ¿Cambiarías algo en tu libro? ¿Crees que Trump “busque a Dios” ahora que es consciente de la gran responsabilidad que tiene?

A.J.- La novedad desde que publiqué el libro es que los organismos americanos están manteniéndolo a raya, quizá en parte por su propia incompetencia. Y eso es una bendición.

M.- Muchas gracias.

Moriarty. Septiembre de 2017

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Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas. Periodista con amplia experiencia en todos los medios de comunicación. Cineasta. Escritor. Ferviente defensor de la cultura, la libertad y la justicia social. Fanático de los malvados de ficción: desde Fú Manchú a Mabuse pasando por el propio Moriarty. Porque los auténticos malvados visten de Armani y reparten sonrisas desde la alfombra roja de los telediarios.