Entrevista por correo. España.

LAS CARTAS DE ELENA FRANCIS de Armand Balsebre y Rosario Fontova

Editorial Cátedra.

 

Rosario Fontova.

Periodista especializada en comunicación cultural e investigación histórica. Profesional freelance en prensa durante más de veinte años durante los cuales cubrió importantes acontecimientos culturales.Es autora de varios libros (“Las cartas de La Pirenaica”, “Historias de la prisión”, “El románico del valle de Bohí” etc.) y documentales.

 

Armand Balsebre.

Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la universidad autónoma de Barcelona. Es autor de varios ensayos y libros (“La credibilidad de la radio informativa”, “Historia de la radio en España”, “En el aire. 75 años de radio en España, “Las cartas de la Pirenaica”, etc.).

 

ENTREVISTA CON ARMAND BALSEBRE y ROSARIO FONTOVA

 

 

Moriarty.- El Consultorio de Elena Francis fue un auténtico fenómeno de masas. Nació en 1950 y se mantuvo en antena en diversas emisoras radiofónicas españolas hasta 1984. ¿Cómo nace el consultorio y con qué propósito?

Armand Balsebre y Rosario Fontova.- El consultorio nace como una plataforma publicitaria de los productos y tratamientos de estética y belleza del Instituto Francis. La correspondencia con las oyentes constituyó además un buen instrumento de venta directa, pues a través de las cartas se recomendaban determinados productos que luego, una vez recibido el correspondiente giro postal, se remitían por correo a sus destinatarias. Pero el consultorio, además, a partir de la impronta de su primera guionista, Ángela Castells, se convirtió además en un instrumento de propaganda del nacionalcatolicismo.

M.- En 2005 fueron encontradas más de un millón de cartas en un almacén de Cornellá y más de 100.000 fueron rescatadas por la historiadora Mari Luz Retuerta, directora del Archivo Comarcal del Baix Llobregat. ¿De qué manera entráis en contacto con el archivo y con cuántas cartas habéis trabajado a la hora de realizar vuestro trabajo?

AB y RF.- Tras la investigación realizada con las cartas que enviaban los oyentes a Radio España Independiente, La Pirenaica, la emisora clandestina del Partido Comunista de España en el exilio (Las cartas de La Pirenaica, Cátedra, 2014), comprendimos que los fondos epistolares tienen un gran valor para realizar una historia sociocultural de la España del franquismo. Y nos pusimos inmediatamente en 2015 a trabajar con el fondo epistolar de Elena Francis depositado en Sant Feliu de Llobregat. Hemos trabajado con las 10.000 cartas digitalizadas, que abarcan el período comprendido entre 1950 y 1972. Comenzamos abriendo una ficha de cada una de las primeras 100 cartas de cada año, con un resumen de su contenido, que fuimos poco a poco ampliando hasta alcanzar las 4.000, cuando consideramos que habíamos llegado a un índice de saturación: los temas se repetían y no aportaban más datos significativos. Simultáneamente trabajamos también con unas 300 cartas que tenía en su poder un coleccionista particular, que nos ayudaron a completar mejor la muestra inicialmente seleccionada. En total han sido analizadas 4.325 cartas.

M.- A lo largo de vuestro trabajo son frecuentes las alusiones a libros, películas etc., para apoyar la contextualización de la correspondencia. ¿Qué autores y que películas en concreto?

AB y RF.- Una parte de la bibliografía, lógicamente, se refiere a estudios realizados sobre la historia de la radio y la historia del franquismo en sus distintos ámbitos (político, social, cultural, etc.), donde se abordan temas como el nacionalcatolicismo, la Sección Femenina de Falange, los estudios de género y franquismo, la propaganda política, los flujos migratorios, sociología del consumo, o los hábitos sexuales de los españoles. Un segundo aspecto de la bibliografía trata de rescatar los usos y costumbres de la mujer española tratados en la ficción literaria, con referencias a novelas de Juan Marsé, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Carmen Laforet o Carmen Martín Gaite. Un tercer capítulo bibliográfico lo componen las memorias, especialmente de mujeres que han dejado por escrito su propia biografía, desde personas conocidas como Lidia Falcón o Esther Tusquets a personas anónimas que han dejado testimonio oral de su trayectoria vital durante el franquismo. Y un último apartado bibliográfico lo integran las obras que publicaron en los primeros años del franquismo personas e instituciones comprometidas con la ideología oficial, donde se recogen los dogmas del nacionalcatolicismo, como las Memorias del Patronato de Protección a la Mujer. Como el cine durante el franquismo fue para muchas mujeres una referencia importante de estilos de vida y patrones estéticos más modernos que la realidad circundante, hemos considerado conveniente analizar la influencia que pudieron tener algunas películas y algunos de los mitos cinematográfico que estaban de moda en cada período. Las Mujeres Francis soñaban con parecerse a Sara Montiel en El último cuplé (1957) o a Ava Gardner en Pandora y el holandés errante (1951), tener un cutis o un cabello como el suyo, y muchas jóvenes deseaban ser como Marisol o Rocío Dúrcal. El cine es también una fuente importante en los estudios socioculturales, al que a veces no se le presta la atención que merece.

M.- ¿Habéis manejado algún otro material?

AB y RF.– Hemos consultado también las revistas infantiles más leídas por las jóvenes, como Chicas” o “Sissí”, y, por supuesto, los guiones del consultorio que se conservan en la Biblioteca de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se trataba de contrastar lo que se decía por antena con lo que se decía en la correspondencia postal mantenida por Elena Francis con sus consultantes. La consulta de los guiones nos ha servido también para corregir un error que se ha repetido durante años y que fechaba el inicio del consultorio en 1947 o 1948. Nosotros fijamos la fecha real: el 27 de noviembre de 1950.

M.- ¿Cuáles son las principales cualidades del fondo de correspondencia para la investigación histórica?

AB y RF.– En realidad, tanto el archivo de Radio España Independiente como el del consultorio de Elena Francis, con los que hemos trabajado, son únicos, extraordinariamente valiosos por su respectiva especificidad. En primer lugar convierten la anécdota en categoría a causa del elevado volumen de cartas que inciden en el mismo tema. En segundo lugar, las cartas van, en su mayoría, firmadas y con la dirección del remitente, lo que les da el valor de la autenticidad. Y, finalmente, componen un panorama de las costumbres y vida cotidiana de los españoles muy preciso, que contribuye a dibujar una historia de los sentimientos muy interesante.

M.- En las cartas de las oyentes dirigidas a Elena Francis se abordan infinidad de temas, hasta tal punto que, de su estudio, se aprecia una verdadera radiografía de la sociedad española del franquismo y especialmente del desamparo de la mujer a lo largo de esos años. ¿Cuál fue vuestro principal objetivo a la hora de emprender este trabajo?

AB y RF.– Entendemos que Las cartas de Elena Francis es una continuidad de nuestra investigación anterior, Las cartas de La Pirenaica. Si ésta pretendía ser una memoria histórica del antifranquismo, creemos que Las cartas de Elena Francis representan una memoria del franquismo, un retrato sociocultural de la mujer durante el franquismo.

M.- Elena Francis fue, en su época, un verdadero misterio. ¿Quién era en realidad? ¿Una mujer? ¿Un hombre? ¿Un equipo de personas?

AB y RF.- Elena Francis fue un personaje de ficción creado por su primera guionista, Ángela Castells, miembro de la Sección Femenina de Falange, vinculada al Patronato de Protección a la Mujer y antigua quintacolumnista a favor de Franco durante la guerra civil. Ángela Castells fue la verdadera autora del estatuto narrativo y expresivo que caracterizó al personaje durante más de tres décadas. La docena de guionistas que la sucedieron y la docena de contestadores de cartas que trabajaron paralelamente con la correspondencia postal, al margen de la emisión, recogieron su legado y mantuvieron con fidelidad la definición del personaje que hiciera Ángela Castells en sus primeros años.

M.-  A través de sus consejos el Consultorio llegó a convertirse en uno de los mejores instrumentos de propaganda del franquismo, a pesar de que no se hablaba de política ni de Franco, sólo de “asuntos femeninos”. ¿Superó el consultorio de Elena Francis sus expectativas iniciales para convertirse en un verdadero modelo de conducta para la mujer en todo tipo de actuaciones? Desde el principio, a juzgar por la hora de emisión y la corta duración del programa parece que se concibió como un programa “de relleno”.

AB y RF.- El éxito del consultorio desbordó las expectativas iniciales. Pero fue concebido para consolidar el negocio del Instituto Francis y consagrar la misión de apostolado nacionalcatolicista que se había propuesto Ángela Castells. Ambos objetivos fueron alcanzados muy pronto. La ubicación del consultorio en la franja horaria de tarde, entre distintos seriales, no se hizo al azar, sino que constituyó una buena estrategia de marketing para influir en el público objetivo que escuchaba la radio por las tardes durante el franquismo, el público femenino. Aunque con los años el programa pasó a ser una emisión menor, o un programa “de relleno”, el personaje de Elena Francis no perdió protagonismo porque el volumen de cartas que recibía el Instituto Francis diariamente demuestran que el mito de Elena Francis trascendió su rol de mito radiofónico para convertirse en la gran consejera para muchas mujeres que ni siquiera podían escuchar la emisión.

M.- ¿Hubo programas similares en los años 40 y 50 en la radio española que sirvieran de inspiración a los creadores del Consultorio?

AB y RF.- El consultorio de Elena Francis nació en 1950 como continuidad del programa femenino que Radio Barcelona había creado en los años 30, Radiofémina. Así se dice en la primera emisión del consultorio. La propia Ángela Castells trabajó ya como guionista en la emisión femenina inmediatamente anterior, Ella, Revista Femenina Literario-Musical. Estos fueron los antecedentes. Paralelamente a la creación del consultorio de Elena Francis nació en la emisora rival, Radio España de Barcelona, el consultorio de Montserrat Fortuny, otro personaje de ficción que tuvo una cobertura básicamente catalana. La influencia de Elena Francis se debió también a que la emisión se escuchó en casi toda España.

M.- ¿Cuál era la estructura del programa? ¿Y su duración, horario y sintonía?

AB y RF.- La emisión tenía una duración de unos 25 minutos, incluida la publicidad. Tenía una periodicidad diaria, de lunes a sábado. Los dos o tres primeros minutos constituían un diálogo entre la locutora y el personaje de Elena Francis sobre distintos asuntos de estética y belleza. Acto seguido se pasaba a las cartas. La locutora leía la carta y Elena Francis leía la respuesta. En cada emisión se trataban un máximo de siete cartas. A veces una o dos cartas podían llegar a monopolizar toda la emisión. Y en otras ocasiones, para dar salida a más cartas, se tomaba la opción de radiar solo las respuestas. Así, se alcanzaba la decena de cartas abordadas.El horario de la emisión del consultorio dependía de la emisora. La mayoría de las emisoras lo radiaban alrededor de las siete de la tarde, pero en algunas ciudades se radiaba más pronto, sobre las 4 y media o 5 de la tarde. No todos los españoles escucharon el consultorio a la misma hora.

M.- ¿Era su audiencia exclusivamente femenina? ¿Hubo cartas de hombres dirigidas al consultorio? ¿Hubo intentos por parte de la dirección del programa por incorporar a los hombres a la audiencia?

AB y RF.- El consultorio estaba dirigido exclusivamente a las mujeres. Recordemos que el título inicial del programa fue “Consultorio para la mujer”. Pero ocasionalmente se incorporaron a la emisión algunas cartas de hombres. Solo un 6% de las cartas analizadas están firmadas por hombres. Del análisis de la correspondencia postal concluimos que los hombres acudían a Elena Francis, principalmente, para pedir trabajo o ayuda económica; también, para que actuara como agencia matrimonial, solicitando la dirección de alguna muchacha con la que pudieran establecer correspondencia, paso previo a una relación más comprometida. También escribían enfermos y soldados, en petición de una “madrina de reposo” o una “madrina del soldado”

M.- En cualquier caso, en los consejos de Elena Francis a las mujeres, casi siempre aparecía la mujer como culpable y casi nunca como la víctima. ¿Se aconsejaba desde el consultorio una actitud de resignación de las mujeres ante sus problemas?

AB y RF.- Los consejos de Elena Francis a su legión de consultantes y seguidoras son una representación perfecta del integrismo que presidió la actuación de la Iglesia durante el franquismo. Es una de las conclusiones de nuestro estudio: la influencia de la Iglesia católica en el franquismo fue perniciosa para la mujer, la convirtió en una persona sumisa y sacrificada, sometida al varón y al dogma intolerante y antiliberal que promovía la jerarquía eclesiástica. “Esta vida es un valle de lágrimas, hemos venido a sufrir”, decía Elena Francis, como portavoz oficiosa de Acción Católica. Para Elena Francis la mujer que había sido víctima de abusos sexuales, por ejemplo, era una pecadora que tenía que confesarse a su cura párroco; el hombre abusador era únicamente una víctima de las circunstancias. Para Elena Francis la mujer maltratada por su marido tenía que sacrificarse en beneficio de la indisolubilidad del matrimonio y de los hijos, y aguantar; el hombre era un ser infantil, víctima del alcohol o del juego, victima de la presión que sufría en su trabajo, o víctima de una mujerzuela que se había interferido en la relación. La mujer tenía que ser comprensiva y aguantar. Exactamente los consejos que diariamente recibían las mujeres de la Iglesia. El análisis de las respuestas de Elena Francis a las cartas de tantas mujeres infelices muestra el grado de amputación mental que infligió la Iglesia a la mujer durante el franquismo.

M.- El programa fue también un vehículo para la promoción de los productos e instalaciones del Instituto Francis. ¿Cuáles eran, fundamentalmente, estos productos?

AB y RF.– El tratamiento estrella del Instituto Francis fue la depilación eléctrica. Recordemos que la primera denominación del Instituto Francis fue “Instituto Francis de Belleza y Depilación”. Fue de los primeros centros de belleza en España en introducir la depilación “definitiva y absoluta”. Y entre los productos elaborados por los Laboratorios Bel-Cosmetic, propiedad del Instituto Francis, los que adquirieron más notoriedad fueron la crema Granisán y el tónico Belmine. La crema Granisán fue el bálsamo preferido contra granos y espinillas. Y Belmine se anunciaba como “poderoso tónico polivitamínico reforzante y reconstituyente”, que Elena Francis aconsejaba a las mamás con niños delgados y sin apetito.

M.- ¿Cuál fue el repertorio de temas tratados en las cartas? ¿Cuáles eran las principales preocupaciones de las mujeres españolas en aquellos años?

AB y RF.– La principal preocupación de las Mujeres Francis estaba relacionada con los asuntos de estética y belleza. Las obsesiones principales giraban en torno a cómo eliminar el vello o las espinillas, cómo tener un busto más grande o más pequeño, cómo perder peso, o cómo cuidar mejor el cabello. El canon estético dominante en cada período y la presión social para estar siempre bellas a los ojos de los hombres sometían a la mujer a un estado de gran infelicidad. Elena Francis recordaba en sus consultas que la mujer tenía “el deber de sacar el máximo partido a su belleza, aún más siendo una mujer casada”. Pero aun siendo el tema de la belleza el más numeroso, los temas más significativos tienen que ver con los rituales del noviazgo y la dificultades de la relación conyugal. El novio y el marido son los dos grandes culpables de la infelicidad de las Mujeres Francis. Novias vejadas, burladas, engañadas, víctimas de abusos sexuales; esposas maltratadas, abandonadas, violadas por sus propios maridos. La relación de casos graves que se describen en las cartas son espeluznantes.

M.- ¿Cuál era la franja mayoritaria por edades de las oyentes y consultantes? Al parecer se trataba, en general, de mujeres trabajadoras que, en muchas ocasiones, ni siquiera podían escuchar el consultorio porque estaban trabajando? ¿En qué oficios, fundamentalmente?

AB y RF.- Entre las consultantes que identifican su edad en las cartas la franja mayoritaria oscila entre los 14 y los 23 años. Pero existe otro gran sector de mujeres, casadas y con hijos, que no confiesan su edad. La Mujer Francis es una mujer de clase trabajadora. Aunque el objetivo inicial del consultorio era hacer llegar el mensaje de Elena Francis a las mujeres de clase media, con poder adquisitivo suficiente para comprar los productos Francis, las mujeres de este sector social están muy poco presentes en las cartas. Este fondo epistolar nos ofrece un retrato sociocultural muy relevante de los problemas que afectaban a las mujeres de clase trabajadora, muchas de las cuales no eran oyentes pues a la hora de radiación del consultorio estaban trabajando. Participaban del universo Francis a través de comentarios de amigas y familiares. La Mujer Francis, mujer emigrante y desarraigada, trabajaba principalmente en el servicio doméstico, como costurera, en una fábrica del sector textil, de oficinista, o como ama de casa. Una parte significativa de ellas procedía del ámbito rural y había emigrado a la ciudad huyendo del hambre, de la opresión familiar y con deseos de prosperar.

M.- ¿Qué tipo de consejos daba Elena Francis en cuestiones relativas a las relaciones prematrimoniales, la pérdida de la virginidad, los celos, la infidelidad o el adulterio?

AB y RF.- El concepto “relaciones prematrimoniales” no existía en la doctrina Francis. La mujer debía ser decente y mantenerse virgen hasta el matrimonio. Elena Francis decía que “un beso en sí no es pecado”, pero “mejor que esperen que celebren su unión y entonces todo será paz y sosiego en su corazón”. El concepto de placer también está ausente en el mensaje de la consejera. Todo es pecado. Y la mujer que ha pecado debe arrepentirse y confesarse ante el cura párroco. La Mujer Francis tiene derecho a tener celos de su novio, y la alternativa a veces sugerida es abandonarlo y esperar la llegada del “príncipe azul”. Pero nunca si el responsable de los celos es su marido. El esposo adúltero no merece reproches de la esposa, pues solo se trata de un desliz. La culpa la tiene la esposa por no saber retener al marido en el hogar y no arreglarse lo suficiente para seducirlo. La infidelidad del marido no merece ningún castigo. La culpable es otra mujer, pero no el marido.

M.- ¿Y sobre los abusos sexuales en el contexto familiar?

AB y RF.- Hemos constatado una proporción preocupante de muchachas que a las puertas del matrimonio le confiesan a Elena Francis si deben contarle a su prometido un pasado de abusos sexuales en el entorno familiar. Lo más sorprendente ante la situación es el consejo de Elena Francis: confesarse ante el sacerdote, que le dará la absolución, pues “eres una chica buena y no has reincidido”. Ninguna palabra de reprobación para los violadores.

M.- Un tema que sigue siendo, por desgracia, noticia de primera página es el del maltrato masculino. En vuestro libro os ocupáis del artículo “El domicilio conyugal” publicado en ABC por la escritora Mercedes Fórmica, representante del ala feminista en la Sección Femenina. ¿Qué consecuencias tuvo el artículo?

AB y RF.– El artículo de la escritora falangista Mercedes Fórmica en 1953, amiga de Pilar Primo de Rivera, provocó que el tema del maltrato a la mujer por el marido tuviera por primera vez una visibilidad pública hasta entonces insospechada. Y gracias a la presión de mujeres como ella, bien conectadas con las altas magistraturas del franquismo, se consiguió que en la reforma del Código Penal de abril de 1958 se cambiaran 66 artículos a favor de la mujer. Gracias a esa reforma la mujer que se separaba del marido no perdía automáticamente el domicilio conyugal o la custodia de los hijos.

M.- Otro tema importante sobre el que, ingenuamente, pedían consejo las consultantes era el del aborto. ¿Qué tipo de respuestas obtenían de Elena Francis?

AB y RF.– La Iglesia siempre ha considerado que el aborto es un pecado muy grave y un crimen. Elena Francis, portavoz oficiosa del dogma católico, no hacía más que reproducir en sus consejos la misma doctrina. Una mujer de Bilbao de 32 años, casada y con hijos, le preguntaba a la señora Francis en 1959 si el lavado de pies por la mañana le ayudaría a interrumpir su embarazo. Elena Francis le recordaba a esta consultante que “el crimen existe en el primer momento de la concepción” y que abandonara esa idea y dejara que viniera su hijo “y ya verá que no ha de pesarle porque el Señor la ayudará en todo cuanto sea y la bendecirá”.

M.- ¿Se puede decir que el consultorio colaboró en buena medida para acabar con todas las medidas legales aprobadas por la República en favor de la mujer y que el franquismo hizo desaparecer?

AB y RF.- Este análisis de las cartas reales dirigidas a Elena Francis nos demuestra que el consultorio fue un instrumento de legitimación del franquismo y de control social. Y contribuyó muy eficazmente a extender la amnesia sobre el sentido igualitarista de muchas de las políticas sociales aprobadas durante la II República. Se trataba de extirpar de la sociedad española el ideal republicano de que hombre y mujer son seres iguales, con los mismos derechos. En alcanzar este objetivo se empeñó la Iglesia con todos sus efectivos, y Elena Francis fue uno de sus mejores brazos armados en tal combate ideológico.

M.- ¿Cuáles son las principales conclusiones a las que habéis llegado en vuestro libro?

AB y RF. La primera conclusión es que Elena Francis fue un mito entre los mitos, porque su campo de actuación trascendió el espacio sonoro de las ondas para convertirse en “el hada madrina” de millones de mujeres a través de la correspondencia postal. La eficacia persuasiva de sus mensajes nos informa de una factura narrativa y expresiva de gran calidad, y de que el Instituto Francis, en medio de un gran secretismo, organizó al margen de la emisión una estructura de recursos humanos muy eficaz para dar salida a cada una de las cartas que llegaba cada día a sus instalaciones. El consultorio fue un gran negocio para el Instituto Francis. Y paralelamente a esta dimensión comercial, la otra conclusión es que Elena Francis fue un inmenso instrumento de propaganda del nacionalcatolicismo. Marcó la pauta de comportamiento de muchas mujeres, en sintonía con el dogma religioso y moral que defendían las instituciones religiosas; y desde esa perspectiva es por lo que afirmamos que el consultorio de Elena Francis fue una herramienta muy importante en el proceso de legitimación del franquismo.

M. Muchas gracias.