Antonio Centeno, activista del Movimiento para la Vida Independiente, junto a Raúl de la Morena, documentalista y autor del documental ‘Editar una vida’ (2005) nos regalan un film reivindicativo que busca revalorizar el placer, pero sobretodo: el placer fuera de lo convencional y de las ideas capitalistas y patriarcales.

En el Festival de la diversidad del pasado sábado en Barcelona aprovechamos para entrevistar a uno de los personajes más destacados del evento: el codirector del documental Yes, We Fuck! que todavía espera a, con un poco de suerte, ser estrenado en la pequeña pantalla.

El documental tiene por título Yes, we Fuck!. ¿A qué se debe dicho nombre?

La idea proviene de la campaña de Obama, “Yes We Can”. Quería encontrar un título muy explícito para intentar romper una de las ideas más arriesgadas y que más daño hacen que es pensar que las personas con diversidad funcional no tenemos vida sexual, somos seres asexuales: siempre niñas, siempre niños…

¿Cuál es tu historial como activista político?

Llevo desde 2004 en el Movimiento para la Vida Independiente. En 2006 empezamos con la Oficina para la Vida Independiente, que es un proyecto de asistencia personal auto gestionada. Es decir, que un grupo de personas con necesidad de asistencia nos auto organizamos para encontrar asistentes que nos ayuden en todas las tareas necesarias para poder llevar nuestra propia vida, una vida independiente que no nos obligue a estar a cargo de la familia ni encerrados en una institución. El ayuntamiento lo financia y nosotros lo organizamos. Cada persona decide quién es su asistente. Porque, claro: va a tocar su cuerpo, va a estar en sus círculos más íntimos, y la persona decide para qué quiere asistencia, cuándo, cómo… Es decir, el asistente se convierte en los pies y las manos pero el centro de decisión, de qué se hace, de cómo se hace y de quién lo hace, es la persona.

¿A qué se debe el que hayas decidido centrarte estos últimos años en la sexualidad para las personas con diversidad funcional?

Un poco por romper con la idea de que somos como niñas y niños, porque esa idea tiene sus consecuencias. Cuando te piensan como una niña o como un niño parece que sea natural ser dependiente. Y nadie se para a pensar que hay causas sociales y políticas ahí. Ser dependiente no es tan natural como parece. Por ejemplo, yo (Antonio se desplaza en una silla eléctrica de ruedas) para ir de un punto A a un punto B, si tengo esta silla y no hay escalones de por medio, no hay ninguna diferencia entre tú y yo: llegaremos los dos, cada uno a su manera. La cuestión es, cómo asegurar que haya esta silla y cómo asegurar que entre el punto A y el punto B no haya escalones. Entonces, para que aflore esta cuestión política y social, hay que quitar de en medio esta supuesta naturalidad de la dependencia. De ahí la idea de que la sexualidad es una forma de romper mitos que impiden a la gente ver la realidad de forma diferente.

¿Por qué dirías que la sociedad actual oculta y no facilita la sexualidad a las personas con diversidad funcional?

Porque el modelo en el que vivimos nos dice que nuestros cuerpos están mal, que deberían ser de otra manera, que están estropeados, que hay que rehabilitarlos, que hay que reconducirlos a un patrón de normalidad. Entonces, es un cuerpo que es monstruoso, un cuerpo que no es aceptable socialmente. Por lo tanto no puede ser un cuerpo deseable, ni un cuerpo deseante. Es un cuerpo que tampoco es apto para la reproducción. Entonces, es un cuerpo que queda fuera de la idea de sexualidad. Tanto en el ámbito reproductor como en términos de mercado: no somos cuerpos vendibles. Hay un efecto espejo en la gente con discapacidad funcional que hace que la gente vea cosas que no quiere ver: la gente no quiere ver su propia vulnerabilidad, su propia fragilidad.

En el documental se habla de la figura de asistente sexual. ¿Podrías explicarnos en qué consiste dicha figura o profesión?

La figura que nosotros desde la Oficina para la Vida Independiente (OVI) proponemos es una figura que te da apoyo para tener sexo contigo mismo o con otras personas. Es decir, te ayuda a explorar tu cuerpo, conocerlo, saber qué te gusta y qué no, te ayuda a masturbarte… Además, muchas personas con diversidad funcional necesitan un apoyo para hacer prácticas sexuales con otras personas. Pero no se debe confundir con la figura de una prostituta. Una persona que tenga sexo con otra persona a cambio de dinero es prostitución, si quieres llamarlo prostituta especial para gente especial, adelante. Pero aquí ya no hablamos de suplir una diferencia funcional sino de algo que es común entre la población en general, independientemente de si va en silla de ruedas o no. La única diferencia entre una persona con diversidad funcional y una sin es que necesitas apoyos para masturbarte y conocer tu cuerpo. Es una necesidad básica, como ducharte o ir al baño. Entonces, necesitamos una figura que te ayude a hacer esas cosas, y a esa figura la llamamos asistente sexual.

¿Actualmente es reconocida como una profesión legalmente? ¿Existe algún sitio donde solicitar asistencia sexual para gente con diversidad funcional que la necesite?

Actualmente, hay gente haciendo cosas. Pero no hay desde luego ni una definición legal ni un marco de apoyo. Es decir, estamos en una fase de debate, de definir exactamente qué entendemos por asistente sexual y, si queremos que sea un derecho, especificar también qué obligaciones genera para los poderes públicos: en términos de financiación, en términos de regulación, etc. Porque si lo proclamamos como derecho pero no proclamamos las obligaciones que genera para los poderes públicos, no sirve de nada, no va a cambiar la vida de la gente.

Hasta el estreno en televisión o medios digitales, tendremos que contentarnos con el contenido que los directores han subido en exclusiva en su página web oficial y en sus respectivas redes sociales: Youtube y Vimeo

Fotogramas del documental “Yes We Fuck” de Antonio Centeno y Raúl de la Morena:

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