El Partido Popular vuelve a ganar las elecciones de ayer con 123 diputados, una pérdida de más de tres millones y medio de votos. Una victoria escasa que deja a los genoveses sin poder formar gobierno y con apoyos en el nuevo hemiciclo insuficientes o inciertos a día de hoy. Podemos ha sido el gran vencedor de la noche con 69 diputados. En menos de año y medio de existencia, el partido de Iglesias ha conseguido hacerse con la confianza de más de 5 millones de personas y queda al 1,35% de votos de lograr el sorpasso al PSOE y hacer la pinza tanto buscó Anguita en la IU de los años 90.

El panorama que se abre ahora es, sobre todo, incierto. Ahora empieza una ronda de negociaciones que exigirá altura por parte de los políticos y que no se podrán hacer de espaldas a los ciudadanos. Mientras el resultado hace un gobierno difícil para el PP, PSOE pierde millón y medio de votos y habrá que esperar para saber si las negociaciones abren una crisis de gobernabilidad dentro del partido de los socialistas. Por un lado, Pedro Sánchez tendrá que aceptar las exigencias de Iglesias de dar un referéndum para Catalunya y una reforma constitucional que blinde los derechos sociales y una ley electoral más justa o, por otro, abrir paso a una secretaría del partido más moderada de la mano de Susana Díaz que dé el gobierno al Partido Popular o una coalición PP-PSOE. Si el PSOE no es capaz de decidirse entre la renovación o régimen, España se verá abocada a unas nuevas elecciones en 2016 que desempaten entre el modelo de la ciudadanía de Iglesias y la perpetuación de las desigualdades y el régimen del 78 del PSOE.

Unas elecciones que se marcan en el calendario de la historia de España como históricas. La ciudadanía ha conseguido romper en esta legislatura con el histórico bipartidismo que lograban legislatura tras legislatura el 80% de los votos. El sistema de dos partidos queda ahora reducido al 50,73%. Un caída insuficiente, pero que abre una nueva etapa para histórica para España.

Lejos de lo que muchas encuestas vaticinaban, Ciudadanos ha quedado por debajo de un Podemos fortalecido por la campaña y que ha conseguido formar una estructura en cada provincia que se sustentaba sobre el trabajo de asociaciones ciudadanas: asociaciones de vecinos, trabajadores, Mareas… Rivera queda debilitado para ser fuerza determinante en unas hipotéticas negociaciones sobre la alianza de la derecha española.

Izquierda Unida queda debilitada y vuelve a la etapa de Gaspar Llamazares en la que solo poseía 2 diputados, el mayor perjudicado por el actual sistema electoral y de reparto de escaños que frustran las aspiraciones de Garzón. Se abren nuevos tiempos para la política española, y la ciudadanía no puede quedar a las espaldas. Un pacto entre PSOE y Podemos frustraría las aspiraciones de rupturismo y de apertura de proceso constituyente. Tanto Podemos como IU deben facilitar la ingobernabilidad como único garante de ruptura, a la espera de una nueva convocatoria de elecciones que les facilite un mayor número de escaños. Eso sí, pensando en nueva ley electoral que represente de manera más justa a los distintos partidos.

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