Director: Krzystof Kieslowski

Guión: Krzystof Kieslowski y K. Piesiewitz

Fotografía: Slamowir Idziak

Intérpretes: Juliette Binoche, Benoit Regent, Lorence Pernel, Charlotte Very

KRZYSTOF KIESLOWSKI

                    ANHELO DE LIBERTAD

Hay pocos directores son tan optimistas y afortunados como para plantearse sus películas en forma seriada. Eric Rhomer, con sus “Cuentos morales” o sus “Comedias y Proverbios”, es uno de ellos. El otro es el polaco Krzystof Kieslowski, autor del “Decálogo” y, ahora, de la trilogía “Tres colores” que toma como pretexto la bandera francesa y el lema revolucionario “Libertad. Igualdad. Fraternidad”.         Kieslowski es hoy por hoy uno de los grandes talentos del cine europeo, un acaparador de premios desde que en 1979 con “Amator” consiguiera el Gran Premio del Festival de Moscú. Desde entonces la obra de Kieslowski ha sido galardonada con el Gran Premio del Festival polaco de Gdansk, el Hugo de Oro de Chicago, el Premio Especial del Jurado de Cannes, el Premio del Cine Europeo, la Concha de Plata y el Premio Especial del Jurado en San Sebastián, el Premio de la Crítica Internacional de Cannes y el “León de Oro” de la Mostra de Venecia. Un impresionante palmarés que reconoce la trayectoria de este humanista radical que, por encima de los aspectos políticos o sociales, se ha centrado, casi con total exclusividad, en el ser humano como centro y motor de sus historias. El aficionado español sólo ha tenido acceso hasta ahora a una pequeña aunque representativa muestra del talento de este autor. Primero, a través de la televisión pública que programó en diversas ocasiones los diez extraordinarios capítulos del “Decálogo” y su película “El Azar”, realizada en 1981. Posteriormente, a través de la distribución en canales minoritarios de “La doble vida de Verónica” y, ahora, con “Tres colores”.

         La divulgación del cine de Kieslowski en los últimos años no obedece sólo a razones de prestigio sino, de forma paralela, a su paso por la cinematografía francesa y el aprovechamiento de los canales de distribución del cine europeo, al romperse el aislamiento tradicional de los países del Este. “Azul” nos llega con cierto retraso, teniendo en cuenta que su presentación tuvo lugar el pasado mes de octubre en la Seminci, que “Blanco”, ya ha sido estrenada y que “Rojo” será presentada en el Festival de Cannes el próximo mes de mayo. Más de uno sospechaba que acabaríamos viendo la trilogía completa antes de tener acceso a cada uno de estos largometrajes con entidad y autonomía propias.   

      “Azul” es un film sobre el concepto de libertad individual. Al comienzo de la película, Julie, su protagonista, logra escapar de la muerte en un accidente de tráfico en el que pierden la vida su hija y su marido. Tras un frustrado intento de suicidio, recapacita y decide vivir su libertad entendida como en “El Inmoralista” de Guide,a través de un proceso de sustracción, más que de adición. Julie se libera de su pasado, de sus recuerdos, de sus bienes materiales y alquila un apartamento en la ciudad dispuesta a llevar una vida anónima carente de relaciones, servidumbres y compromisos. A partir de entonces Julie se convierte en un ser solitario que Kieslowski estudia, como a través de un microscopio, recreándose en todos los detalles de su vida cotidiana. La vida de Julie se convierte en la historia de su relación diaria con personas y objetos, para demostrar, a medida que el relato avanza, que nadie puede escapar a su compromiso con los seres y las cosas, que nadie puede alcanzar la libertad dándose un baño de renuncia y anonimato. Previamente Julie ha querido liberar a Olivier, el ayudante de su marido, de la atracción que ejerce sobre él. Y se le entrega para liberarle igualmente, para no ser la razón de su obsesión amorosa. Pero este primer encuentro enciende la mecha y producirá el efecto contrario, haciendo que Olivier persiga su rastro con la obsesión de enamorado. Una de las vecinas del inmueble donde reside Julie le pide su firma para expulsar de la casa a una joven prostituta. Julie se niega y Lucille acude a darle las gracias, con lo cual se inicia otro vínculo de amistad. Hasta la cadena perdida por su hija en el accidente es motivo para que un joven testigo del mismo se ponga en contacto con Julie. Muchos otros sucesos dan pie a que la protagonista de “Azul” se vea forzada a establecer unos lazos que dificultan y hacen imposible el control de su independencia y libertad.

         “Azul” es, por tanto, un film sobre la imposibilidad de lograr la libertad. Y el hecho decisivo que obliga a Julie a reconsiderar su postura es el conocimiento del embarazo de Sandrine, la amante de su marido. Julie impide la venta de la casa familiar y dispone de todo para que el hijo de Sandrine se instale en ella. Siendo “Azul” un film sobre la búsqueda de la libertad individual es, igualmente, una reflexión sobre la imposibilidad de conseguirla.

         Kieslowski sigue el proceso de transformación de Julie con la paciencia y la constancia del entomólogo. Su microscopio estudia de forma concienzuda la conducta de su protagonista hasta desembocar en su irremediable cambio de actitud. Porque la libertad individual es, simplemente, una ilusión, algo inalcanzable en el seno de la moderna sociedad que es, justamente, la que da sentido a nuestra propia individualidad. Julie, a pesar de su fuerza y su coraje, deberá aprender la lección. Y nosotros, espectadores de la historia, asistiremos junto a ella a este proceso de descubrimiento con la certeza de que el individuo es un ser sufriente cuya vida se alimenta de quimeras.

                                               Antonio Gregori (30 abril 1994)

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