URGA. EL TERRITORIO DEL AMOR

Director: Nikita Mikhalkov

Guión: Roustman Ibraguimbekov, según una idea original de Nikita Mikhalkov

Fotografía: Villenn Kaluta

Intérpretes: Badema Bayaertu, Vladimir Gostukhin, Larissa Kuznetsova

El director ruso NIKITA MIKHALKOV

            EL CANTO DE LA ESTEPA

Hay películas que sólo pueden entenderse como un acto de amor. Y es desde esa perspectiva desde la que puede llegar a comprenderse la generosidad con que, a veces, corresponde la naturaleza.

         François Truffaut hizo una hermosa película, “Jules et Jim”, en la que logró algunas bellísimas secuencias de sus personajes caminando a través de la niebla. Cuando, años después, un compañero de profesión, le preguntó cómo había conseguido ese efecto, Truffaut contestó: “La niebla, hay que merecerla”.

         Mikhalkov adopta idéntica actitud ante “Urga” y, milagrosamente, es correspondido de la misma manera. Sólo así puede entenderse la súbita aparición del Arco Iris en un plano general que combina el gris del cielo con el siempre cambiante color de la estepa, aunque también cuenta, desde luego, la absoluta disposición de un equipo totalmente compenetrado y capaz de ponerse en movimiento con la rapidez del rayo, para recoger el regalo con la necesaria prontitud.

         “Urga” es consecuente con el concepto que Mikhalkov tiene del cine: “El cine soviético contemporáneo está obsesionado con ser “anti”. No produce más que películas contra la droga, contra la contaminación, contra Stalin…es una tendencia a la que me niego a seguir. No quiero definirme a mí mismo en términos negativos, haciendo películas de cosas que odio, películas de denuncia. Prefiero filmar cosas que me gustan”. “Urga” es, también, heredera de un cine iniciado por Flaherty con “Nanuk el esquimal”, un documental que demostró que todo hombre es capaz de interpretar su propia vida, de títulos más volcados hacia el concepto del cine-espectáculo, pero igualmente válidos, como “Los dientes del diablo”, de Ray y, muy especialmente, “Dersu Uzala” de Akira Kurosawa, aunque el propio Mikhalkov  no admita del todo esa influencia: “La película se parece a Kurosawa. Evidentemente es el mismo planeta, la misma zona geográfica, pero yo no tenía, ni siquiera en el subconsciente, la idea de una relación con “Dersu Uzala”.

         Realizada a partir de un guión de cinco páginas, con dos palabras que intrigaron y llegaron a poner nervioso al productor: “Nómada” y “Mongolia”, la película se puso en pie con sorprendente rapidez. Costó seis millones de dólares y su director gozó de entera libertad. El tema central lo constituye la vida cotidiana de una familia de mongoles chinos que viven en una choza en el corazón de la estepa, sin apenas contactos con la civilización. Un día, un camionero ruso, Serguei, tiene un accidente con su camión y es socorrido por Gombo, pastor de ovejas de la estepa, estableciéndose entre los dos hombres una sólida amistad. La intromisión del ruso –un hombre sin raíces- da pie a Mikhalkov para seguir manteniendo a lo largo de la historia la confrontación entre dos formas de vida, que supone el eje temático de la película.

Pero la comprensión de “Urga” sería incompleta sin entender que la película de Mikhalkov es, igualmente, una mirada sobre la vinculación del hombre con el medio y que el auténtico sentido del film hay que buscarlo en esos planos generales del mongol galopando en solitario por la estepa. Una vinculación casi biológica del hombre con un paisaje de infinita belleza, falta de arbolado, vegetación herbácea e infinita soledad. Si Mikhalkov hubiera sido capaz, además, de mostrar las entrañas del viento como hicieron Akira Kurosawa en “Dersu Uzala” o Joris Ivens en “Pour le mistral”, “Urga”, sin duda, rozaría la perfección.

                                               Antonio Gregori          

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