Director. KENNETH BRANAGH

Guion: KENNETH BRANAGH, según la comedia de W. Shakespeare

Fotografía: ROGER LANSER

Intérpretes: Kenneth Branagh, Emma Thompson, Denzel Washington, Keanu Reeves, Michael Keaton, Robert Sean Leonard.


El director británico KENNETH BRANAGH

MUCHO TALENTO Y POCOS MEDIOS

“Tragedia que se resuelve en una carcajada“, así definió Víctor Hugo a esta deliciosa obra de William Shakespeare, impresa en el año 1600 y que cuenta los enredos amorosos de dos parejas: las formadas por Hero, hija del gobernador de Mesina y Claudio, oficial de Don Pedro, príncipe de Aragón y Beatriz, prima de Hero y Benedicto, otro de los oficiales de D. Pedro. Comedia, tragedia y farsa se dan cita en “Mucho ruido y pocas nueces”

El tono de comedia lo dan Beatriz y Benedicto, dos personajes de afiladas lenguas que, en el fondo, no pueden evitar el atractivo que sienten el uno por el otro. La tragedia es propiciada por el resentido Don Juan, hermano bastardo del príncipe Don Pedro, urdiendo una intriga encaminada a impedir el matrimonio entre Hero y Claudio. Y la farsa hace su aparición en las escenas protagonizadas por Borrachio, siervo de Don Juan y el alguacil encarnado por un Michael Keaton totalmente pasado de rosca. Con esta obra, ligera y sensual, Shakespeare se sirvió de la tragedia para hacer comedia por última vez en su quehacer de dramaturgo. Y fue tal su éxito que el genial escritor volvió a recurrir a la pareja Benedicto-Beatriz en una obra posterior que alcanzó un triunfo aún mayor: “Como gustéis“.

Kenneth Branagh y Emma Thompson

“Mucho ruido y pocas nueces” es la segunda incursión del director británico Kenneth Branagh en el teatro shakespeariano. La primera fue con una de las grandes obras históricas de Shakespeare, “Enrique V”, película que despertó el interés internacional por esta “opera prima” del joven Branagh, realizada con escasos medios y excelentes resultados artísticos. En “Mucho ruido y pocas nueces” Branagh abandona el tono épico de su primera película para realizar un film mucho más alegre, una de esas películas que despiertan la envidia del espectador, a quien le hubiera gustado participar , como simple figurante sin frase, del clima festivo y sensual que se adivina en el rodaje de esta deliciosa película. Para transmitir la calidez del paisaje de Toscana, su colorido y su lujuria ambiental, Brannagh se toma la licencia de rodar en Vilamaggia, una localidad italiana aislada del mundo y carente de los signos actuales de la vida moderna y añadir, aún, otras osadías, entre ellas la elección de un actor de raza negra como Denzel Washington, para interpretar al príncipe de Aragón, Don Pedro. Tal vez como guiño cómplice del director a los continuos e irrelevantes anacronismos con los que William Shakespeare adornó su magnífica obra.

Los aspectos más llamativos de la película se encuentran, como ya adelantamos, en la escasez de medios -patente en la utilización de un único escenario natural- y en la importancia de un reparto en el que figura algunos de los más importantes intérpretes del cine actual: el propio Branagh y su esposa Emma Thompson, Denzel Washington, Keanu Reeves. Michael Keaton y el joven Robert Sean Leonard. La inteligente dirección de Branagh y el apoyo de sus excelentes actores convierten a “Mucho ruido y pocas nueces” en una obra propicia al disfrute estético, realmente entretenida, que se ve con la sonrisa en los labios y en la que sus cuatro cuartos de presupuesto son compensados con creces por un texto genial repleto de malicia y frescura. A destacar el espléndido arranque del film: el nerviosismo y le emoción ante la llegada de Don Pedro : las risas alegres, la posibilidad del emparejamiento amoroso…el goce de la vida, en una palabra, quedan reflejados en un montaje que imprime a toda la secuencia un ritmo casi musical y que suscita en el espectador la necesaria curiosidad ante los enredos que se avecinan.

Una vez más Kenneth Branagh no ha defraudado. Su cine sigue conservando la magia de sus comienzos y su recurso a Shakespeare, pone de relieve la vigencia de los grandes clásicos y el certero análisis de sentimientos que “el bardo de Avon“, como ningún otro, supo describir de forma magistral.

Antonio Gregori. (Abril, 1994)

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