MALCOLM X

Director: Spike Lee

Guión: Arnold Perl y Spike Lee

Fotografía: Ernest Dickerson

Intérpretes: Denzel Washington, Spike Lee, Angela Basset, Albert Hall

                      

LO NEGRO ES BELLO

Spike Lee es el mejor y el más ambicioso de los cineastas negros norteamericanos y un símbolo del cine étnico USA. La distancia que le separa de los Mario Van Peebles, Charles Burnett o John Singleton es grande si consideramos la cantidad y calidad de sus películas, pero aún es más evidente si juzgamos la trayectoria de su carrera desde la feroz independencia de “Nola Darling”, hasta esta mastodóntica “Malcolm X” e incluye títulos tan emblemáticos como “Haz lo que debas”, “Cuanto más, mejor” o “Jungle Fever”. Aunque sólo fuera por su enorme versatilidad, Spike Lee merecería ya nuestro respeto. Pero se da la circunstancia de que, además, es un buen narrador, un excelente director de actores y un combativo realizador que no ceja en sus películas de oponerse a la opresión o el racismo o de convertirse, como en este caso, en un abanderado de los valores de la negritud.

Spike Lee

“Malcolm X” forma parte, con “The Doors” o “JFK”, de Stone, de esa especie de revisitación de los mitos de los 60 del cine USA, a través del carismático “Hermano Malcolm”, destacada figura de la Hermandad de Musulmanes Negros y uno de los grandes mitos raciales junto a Martín Luther King, Angela Davis, los “Black Panters” o los Hermanos Soledad. Alejado a partes iguales de los Panteras Negras y de esa reencarnación de Gandhi que fue Martín Luther King, Malcolm X fue un personaje de la vida pública norteamericana desvirtuado por sus enemigos. De ahí el interés de Lee por enseñar a las jóvenes generaciones su auténtico perfil, de forma similar al de Oliver Stone por contar la otra versión de la muerte de Kennedy en “JFK”. Exhaustivo “biopic” de Malcolm X desde sus primeros pasos en el mundo del hampa hasta su posterior conversión al islamismo, la película de Spike Lee es un soberbio retrato de una de las épocas más apasionantes y turbulentas del siglo XX. Su primera parte contiene los más valiosos hallazgos cinematográficos, como ese plano de la enorme luna que ilumina la fuga de los jinetes del KKK, la colorista y vital secuencia del baile y el primer encuentro amoroso entre el joven Malcolm y su amante Sophie. La segunda se ocupa del proceso de concienciación de Malcolm en la cárcel y en la tercera –la más extensa- Lee intenta hacer comprensible el pensamiento de su protagonista mediante la recreación fílmica de fragmentos de sus discursos, la utilización de breves planos de archivo y falso material documental rodado en blanco y negro para contribuir a la ilusión testimonial.

Denzel Washington, protagonista de “Malcolm X”

Son muchos los problemas que el director ha debido solventar para componer este retrato tan acabado de su personaje y de la época que le tocó vivir, entre ellos el derivado de su excesivo metraje. Y la cuestión no es baladí si tenemos en cuenta que las normas de la industria no se han sedimentado al azar y que una de las más sagradas tiene que ver, precisamente, con la duración estándar de las películas, situada, aproximadamente, entre los 80 y los 120 minutos. “Malcolm X” dura 201, lo que significa que si un hipotético viajero tomara un avión al tiempo que se nos muestra el genérico del film para finalizarlo en el último plano, llegaría a recorrer un buen trozo del planeta durante la proyección de la película. Dicen que el tiempo no existe, que es una convención inventada por los humanos para ordenar su vida. Pero al salir de la sala, casi al filo de la medianoche, uno no pudo por menos de pensar que nuestro viajero imaginario estaría ya tomando tierra en Estambul o sobrevolando la mitad del Atlántico, mientras nosotros permanecíamos en el mismo lugar.

En todo caso, nuestra salida nocturna –cielo negro y brillante media luna- nos propuso una metáfora sobre la belleza y armonía del contraste: blanco sobre negro, negro sobre blanco, un conjunto inmutable y armónico. Ese fue el sueño inalcanzado de Malcolm X, mucho más tolerante desde su viaje a la ciudad santa de La Meca. Malcolm X vivió una época de intransigencia racial y las balas asesinas  que acabaron con su vida, le impidieron conocer otra más armónica que aún está por llegar. Como puede comprobarse, todo, al cabo, es cuestión de tiempo y de hombres como él.

                                               Antonio Gregori   (3 abril 1993)

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