Director: JAMES IVORY

Guion: Ruth Prawer Jhabvala

Fotografía: Tony Perce-Roberts

Intérpretes: Anthony Hopkins, Emma Thompson, James Fox, Christopher Reeve

El director norteamericano JAMES IVORY

                               PLANCHANDO EL “TIMES”

Stevens, mayordomo al servicio de Lord Darlington, se pasó media vida planchando el “Times” para su amo y dirigiendo el ejército de sirvientes de Darlington Hall. Respetuoso hasta la exageración con el orden y la tradición colocó en segundo plano la atención hacia su anciano padre y la respuesta a los requerimientos amorosos del ama de llaves, Miss Kenton. Al cabo de los años, -cuando ya se ha hecho pública la colaboración de Lord Darlington con los nazis- y Miss Kenton hace tiempo que abandonó los grises muros de la residencia, Stevens comprende el fracaso de su vida y decide emprender un viaje en busca de su pasado. Un día, en compañía de Miss Kenton, una noche lluviosa y una última despedida alargando el roce de los dedos, pone fin a un sueño e instala a Stevens, una vez más, en el lugar que ha elegido en este mundo: el servicio a un nuevo patrón, más demócrata pero menos sofisticado que su dueño anterior. El salón vacío, la mesa de ping-pong y  la paloma desorientada que se cuela en Darlington Hall, resumen su nueva situación: él mismo es un individuo fuera de contexto, un profesional del servicio que ya no tiene sitio en un mundo transformado por las guerras.

“Lo que queda del día” es un nuevo producto de la factoría Merchant-Ivory, en el que el realizador norteamericano ha vuelto a reunir a gran parte del equipo responsable de “Regreso a Howard,s end” : la guionista Ruth Prawer Jhabvala, la decoradora Luciana Arrighi, los diseñadores de vestuario Jenny Beavan y John Bright, el montador Andrew Marcus, el compositor Richard Robbins  y, por supuesto, los espléndidos Anthony Hopkins y  Emma Thompson, encabezando el equipo artístico. El único cambio importante es el del inspirador de la historia. Ivory abandona su principal fuente literaria, el escritor E.M. Forster, por la sencilla razón de que ya no existen novelas suyas por adaptar, y se inclina por una novela de Kazuo Ishiguro, situada muy en la onda de las preocupaciones de Forster.

Narrativamente Ivory articula el relato en dos planos temporales: el año 1958, en el que Stevens emprende el viaje en busca de Miss Kenton para convencerla de que vuelva a trabajar como ama de llaves del congresista Mr. Lewis y los años finales de la década de los 30, marcados por la ascensión de Adolf Hitler y la oleada de fobias y simpatías que despertó en el mundo.

La articulación de ambos planos temporales –presente y pasado- realizadas con gran medida y sentido de la proporción, el perfecto trabajo de los intérpretes y la magnífica reconstrucción de la época y de los distintos ambientes – como ya es habitual en el cine de Ivory- hace de “Lo que queda del día” una de esas obras cuya perfecta factura no impide el análisis en profundidad de los distintos caracteres y la recreación de una atmósfera existencial marcada por los avatares históricos. Pero, por encima de todo, “Lo que queda del día” es el perfecto retrato de un hombre equivocado que colocó en primer plano el sentido del deber, dejando arrinconado todo lo demás. En una palabra, la historia de un hombre -acabado retrato del mayordomo inglés- que se olvidó de vivir. En cierto modo, hay características comunes entre este Stevens y el C.S.Lewis de “Tierras de penumbra”, interpretado también por Anthony Hopkins. En ambos casos se estudian individuos aparentemente autosuficientes, pero que esconden, a todas luces, grandes carencias vitales. Y en ambos casos un actor excepcional, Hopkins, consigue hacernos llegar, con enorme humanidad, el perfil exacto del hombre maduro, solterón y revestido de autoprotección que alcanza, tardíamente, un momento de lucidez. El justo, para desvelar el fracaso de su vida.

Antonio Gregori (Marzo, 1994)  

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