LA LISTA DE SCHINDLER

Director: STEVEN SPIELBERG

Guion: Steven Zaillian

Fotografía: Janusz Kaminski

Intérpretes: Liam Neeson, Ralph Fiennes, Ben Kingsley

El director norteamericano STEVEN SPIELBERG

                                                             EL JUSTO OSKAR

Los siete Oscar concedidos por la Academia de Hollywood a la película de Steven Spielberg “La lista de Schindler” han puesto fin a varios años de injusticia y, sobre todo, a una de las grandes paradojas de la industria norteamericana del cine. Creados por la propia industria para su promoción y autobombo pero, sobre todo, para extender los límites del “business”, los Oscar habían ignorado sistemáticamente al director y productor  más rentable de la historia del cine, un Steven Spielberg que, hasta ahora, había logrado situar nada menos que cuatro películas en la lista de los films más taquilleros de todos los tiempos. Ni siquiera una película como “El color púrpura” –que llegó a acaparar 11 nominaciones- fue capaz de lograr  una sola estatuilla en el momento de la verdad, por parte de un amplísimo jurado proclive desde siempre a premiar historias de corte melodramático y lacrimógeno. Sorprendente, pues, este desinterés de la industria hacia el hombre que más había hecho en los últimos años por consolidar la base industrial del cine norteamericano. Spielberg solo había conseguido hasta ahora Oscar de carácter técnico, pero ni uno solo de los considerados de primera categoría. Una auténtica paradoja que muchos habían interpretado como la venganza de las “Majors” frente a la osadía y el talento de un independiente. De esta manera los siete Oscar logrados por “La lista de Schindler” sumados a los tres de “Parque Jurásico”, vienen a remediar y una injusticia y a consagrar definitivamente la enorme valía del “Rey Midas” de Hollywood, capaz –a pesar de algunos fracasos- de llevar a buen puerto los proyectos más arriesgados.

Las 11 nominaciones y los 7 Oscar de “La lista de Schindler” ponen de manifiesto, igualmente, algo muy elemental pero que siempre conviene recordar en razón del afán personalizador en el que muchas veces caemos de forma involuntaria. Y es que el cine, la obra de creación cinematográfica, es, en todos los casos, una obra de creación colectiva. Y, en este sentido, el responsable del éxito de “La lista de Schindler” no es, exclusivamente su director y productor, sino también y en igual medida, el escritor australiano Thomas Kenneally, el guionista Steven Zaillian, el fotógrafo Janusz Kaminski, el compositor John Williams o el montador Michael Kahn. Como lo son, también, los excelentes intérpretes Liam Neeson, Ralph Fiennes y Ben Kingsley, cabeceras de un reparto en el que todos, hasta el último de los figurantes, han contribuido al éxito de esta película en la que Steven Spielberg ha querido reencontrarse con su origen.

Ralph Fiennes y Liam Neeson

“La lista de Schindler” se basa en la novela del australiano Thomas Kenneally, “El arca de Schindler, biografía del industrial alemán Oskar Schindler que llegó a salvar de una muerte segura en los campos de concentración nazis a unos 1.100 judíos, trabajadores de sus fábricas de Cracovia. Sobre esta base literaria, cuya lectura llegó a emocionar a Spilberg, el director construye un relato –estremecedor y esperanzador a partes iguales- de una de las épocas más sombrías de la humanidad, acudiendo al blanco y negro, la cámara a mano y  una reconstrucción ambiental precisa y tremendamente rigurosa. La película se nos presenta así como un implacable documento histórico que reproduce un dramático episodio del holocausto en los campos de Appelplatz y Auschwitz para cuya realización Spilberg se inspiró en documentales de la época rodados por los propios nazis o por las tropas aliadas. En este plano, algunas de las escenas de esta magistral película bien podrían ilustrar un debate sobre los campos de exterminio a falta de documentos reales, de la misma forma que algunas secuencias de “Octubre” de S.M. Eisenstein  (cine de ficción) son utilizadas todavía hoy para documentar el inexistente material de la revolución bolchevique. Pero también y por encima del riguroso testimonio, del inevitable registro en una película de estas características, del dolor y el sufrimiento, “La lista de Schindler” contiene algo, en el contexto de muerte que sus imágenes destilan, que la redime y sublima. Y es, sencillamente, la fe y la esperanza en el corazón humano, la convicción de que, aún en el peor de los infiernos, pueda encontrarse el apoyo de hombres como Schindler. Porque –como recordó Richard Dreyfuss en la ceremonia de los Oscar- “La lista de Schindler” es un film sobre la crueldad humana pero, en la misma medida, una película sobre la bondad de corazón, un sentimiento difícil de encontrar en situaciones como las que Spielberg presenta, al requerir la alianza del valor, pero que confirma la propia existencia del personaje.

Spielberg cierra su película con una secuencia en color, con un fundido entre el patético grupo de Auschwitz y el de supervivientes residentes hoy en Israel. Y con la tumba florida de Oskar Schindler, uno de los pocos personajes reales del creador de Indiana Jones, E.T. o Tiburón. Su existencia tuvo un sentido para aquellos a quienes salvó de la muerte y, al cabo de los años, posee el valor del símbolo. Por tanto, aunque Schindler no hubiera existido, a nadie le importaría que Spielberg se lo hubiera inventado.

Antonio Gregori .

Marzo de 1994

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