INSTINTO BÁSICO

Director: PAUL VERHOEVEN

Guion: Joe Ezsterhas

Fotografía: Jan de Bont

Música: Jerry Goldsmith

Intérpretes: Michael Douglas, Sharon Stone, George Dzunda, Leilani Sarelle

El director PAUL VERHOEVEN

BÁSICAMENTE, HITCHCOCK

Cualquier película que explore la sicología criminal, cualquier thriller, cualquiera de las infinitas variantes del cine negro de los últimos años, pasa hoy por la inevitable referencia a  Hitchcock. Su cine recorre y afirma de tal forma las diversas tendencias del género, que bien puede hablarse de un “antes” y de un “después” de Alfred Hitchcock.

El maestro británico fue el mejor técnico de la historia, el único que supo aglutinar en su cine las dos grandes tradiciones del montaje y del movimiento de cámara. Sus películas son las más ferozmente antimaniqueas, las que mejor expresan la ambivalencia moral, la violencia criminal y la contradictoria complejidad de móviles y  situaciones características del cine negro. El empeño de Hitchcock por poner al descubierto el lado oscuro del sueño americano fue el más perverso comentario  al “american way of life” y en sus películas el blanco no es blanco ni el negro, negro, porque sus personajes son culpables e inocentes a partes iguales o, como diría Kafka “diabólicos con toda inocencia”.

Después de Hitchcock solo hay dos caminos: la pura o simple imitación o la asunción de una obra cuya principal virtud fue la de hacer palpable la monstruosidad que ocultan en el fondo los perfectos modelos sociales.

“Instinto básico”, un excelente thriller de Paul Verhoeven sigue esta segunda vía. Todos los grandes temas del maestro británico se dan cita en este film, ambientado en el San Francisco de “Vértigo”, que narra la morbosa fascinación de un policía con mala conciencia, culpable y descontrolado, por una rubia escritora bisexual y sospechosa de asesinato. También en “Vértigo”, el policía protagonista encarnado por James Stewart arrastraba un sentimiento de culpa y se sentía igualmente obsesionado por la dualidad femenina.

Sharon Stone y Michael Douglas

Las lógicas diferencias entre ambas películas son ya de menor relevancia: más humor en Hitchcock, más erotismo en Verhoeven, brillantez técnica en el primero y ausencia de virtuosismo, sobriedad buscada en el segundo. El “ego” de Hitchcock frente a la eficacia narrativa de Paul Verhoeven, un director que solo se desmelena en las secuencias eróticas y que dice interesarle el sexo, dentro y fuera de las pantallas. Consecuentemente, la pareja Douglas-Stone ofrece, al dictado del “story board” toda una tabla de gimnasia sexual, algo impensable en Hitchcock, hombre de otra época y con una concepción más sutil del erotismo (al final de “Con la muerte en los talones”, Cary Grant besa apasionadamente a Eva Marie-Saint y el director concluye con un corte directo de un tren entrando en la boca de un túnel).

En Sharon Stone hay materia prima de símbolo sexual, aunque no conviene olvidar que la “sex symbol” se fabrica en los estudios y surge del talento de quienes están al otro lado de la cámara (Stiller “hizo” a Garbo y Sternberg, a Dietrich). Michael Douglas se encuentra en la edad justa que permite a un buen actor alcanzar  el status de gran actor y su excelente interpretación –la mejor de su carrera- expresa a la perfección la compulsión entre su responsabilidad de guardián de la ley y el despertar de su “instinto básico”.

De este nuevo film  de Paul Verhoeven, tras la erótica “Delicias turcas”, la violenta y entretenida “Robocop” y  la espectacular “Desafío total”, nos quedamos con su excelente guion, su turbia atmósfera, el hechizo de su pareja protagonista, sus estupendos secundarios, la secuencia del interrogatorio –ese contraste entre la frialdad del color y el calor de las palabras- y, sobre todo, con la certeza de que Verhoeven, sin abdicar de su estilo, ha conseguido asumir de forma cabal las lecciones de un maestro insuperable: Alfred Hitchcock.

P.D. Han pasado bastantes años desde que escribí estas páginas y muchas cosas han cambiado, entre ellas la posibilidad de ver más allá de lo que el ojo humano permitía en aquellos tiempos. Sharon Stone hizo jurar a Verhoeven que “no se vería nada” en su famoso cruce de piernas, convertido hoy en uno de los iconos del erotismo cinematográfico. Verhoven se lo prometió, pero…el tiempo y los avances de la técnica trajeron la HD y ya nada es lo mismo. Se dice que la actriz abofeteó más tarde a Verhoeven por faltar a su palabra, pero aquí entramos ya en el sinuoso espacio de las “fake news”, ese lugar donde todo el mundo miente, a veces sin ningún interés. Es otro de los escenarios que nos ha traído el cambio, pero esa…es otra historia.

ANTONIO GREGORI

1,212 total views, 0 views today