EL ULTIMO MOHICANO

Director: Michael Mann

Guión: Michel Mann y Christopher Crowe, según la novela de Fenimore Cooper

Fotografía: Dante Spinotti

Música: Trevor Jones y Rany Edelman

Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Madeleine Stowe, Steven Waddington, Russell Means

               UNA HISTORIA DE FRONTERA

Fenimore Cooper forma parte con Irving Bryant y Poe de la primera generación “nacional” norteamericana, la primera que llegó a pensar y escribir en términos no coloniales. Cooper ha pasado a la historia, fundamentalmente, por “Calzones de cuero”, una serie de cinco novelas -entre las que está “El último mohicano”- que le definen como un autor romántico, con una fe ciega en el retorno a la naturaleza y una visión del “buen salvaje” como ser inocente y no contaminado, propia de las concepciones filosóficas del siglo XVIII. Su obra literaria está marcada por sus vivencias infantiles, cuando residió en una casa junto al lago Ostego rodeado por la salvaje naturaleza y por bosques aún habitados por indios, por su propia experiencia vital de muchacho fronterizo.

Historia y Naturaleza son los dos ejes de la narrativa de Cooper –un cruce de Chateaubriand y Walter Scott– que hacen de este autor el verdadero creador de la novela del mar, la narración fronteriza y la novela histórica contemporánea. La suya es una obra en la que cuentan más las descripciones de los lugares salvajes y de sus primitivos moradores que la complejidad de sus personajes, más propia de la novela burguesa que de la necesaria simplicidad de su carácter fronterizo. El western nace con su obra y ninguna de sus constantes básicas está ausente: la nostalgia de los espacios abiertos, la presencia del indio –aliado o enemigo del blanco- el conflicto entre la moral civil y la ley natural y las hazañas caballerescas. De pocas obras puede decirse lo que de esta saga: cada obra es un guión, cada descripción es susceptible de generar una espectacular secuencia.

         Sorprende, pues, el escaso entusiasmo que la obra de Cooper ha despertado en la industria del cine. Si exceptuamos un corto de Griffith, una película de Maurice Tourneur y otra de George Seits interpretada por Randolph Scott, no hay nada destacable aunque, eso sí, la época de las guerras anglofrancesas, tratada desde el punto de vista de colonos y exploradores, dio lugar a excelentes películas como “Corazones indomables” de John Ford o “Paso al Noroeste” de King Vidor. Sorprende ese desinterés porque el personaje central de Cooper, “Leather Stocking”, inspirado en Daniel Boone, es el primer héroe literario norteamericano que surge de la sicología popular, el que encarna las virtudes heroicas de los pioneros, el individualista rudo e intrépido de la frontera. Porque el perfecto diseño que de él hace Cooper, constituye la proyección de una idea.

A remediar esta carencia viene ahora la película de Michael Mann, un estilizado western que no va más allá de lo que el propio texto le marca. Mann como Cooper justifica en primer término el marco histórico, un episodio de las guerras fronterizas en los alrededores del lago George y la cabecera del Hudson, para ir lentamente difuminando la historia y centrarse en lo que realmente le importa: el registro de la espléndida belleza de las montañas de Carolina del Norte, la acción ininterrumpida y las elementales pasiones que impulsan a sus personajes, el odio de Mangua hacia el coronel Munro, la amistad entre Ojo de Halcón, Uncas y Chingachgook, el amor entre Cora y Ojo de Halcón.

         De la película de Mann destacamos en primer lugar el respeto al espíritu de la obra en que se inspira, la estupenda concepción visual de las batallas y escaramuzas, la belleza y el perfecto registro de los escenarios naturales y, por si fuera poco, el atractivo y el talento de sus intérpretes, en especial el de un Daniel Day-Lewis, cuya pasmosa facilidad para trocar la calavera de Yorick  por el “tomahawk” indio, nos parece digna de elogio.                                     

2,016 total views, 0 views today