Director. ELISEO SUBIELA

Guion: Eliseo Subiela

Fotografía: Hugo Colace

Intérpretes. Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros, Nacha Guevara, Jean-Pierre Reguerraz

El director argentino ELISEO SUBIELA

                        DOS SOLEDADES, UNA LLAMA

Dos seres solitarios logran encender una llama de pasión, aunque sean tan aparentemente opuestos como un poeta bohemio que vende palabras a las agencias publicitarias y una puta de Montevideo que ahorra para irse a vivir a Barcelona con su hija y una amiga. Pero, en el fondo, son iguales. Porque ambos practican distintas variantes de la prostitución: uno vende su talento por un filete con ensalada, la otra, alquila su cuerpo para ofrecerse, a cambio, la posibilidad de la huida.

El poeta y la puta, Oliveiro y Ana (Darío Grandinetti y Sandra Ballesteros) son los protagonistas de la cuarta película del argentino Eliseo Subiela tras “La conquista del paraíso”, “Hombre mirando al sudoeste” y “Ultimas imágenes del naufragio”. “El lado oscuro del corazón” es el primer largometraje de su autor que se estrena en España y constituye un nuevo ejemplo de ese cine latinoamericano, inteligente y sensible, que traspasa fronteras, como “Danzón” de María Novaro, o “Un lugar en el mundo” de Adolfo Aristarain, por poner dos recientes ejemplos.

Subiela ofrece en su cuarto largometraje una extraña y fascinante historia de amor entre un poeta bohemio, siempre en busca de la mujer que vuela, y una hermosa prostituta que llegará a levitar tras hacer el amor con Oliveiro. La metáfora del vuelo es, simplemente, la incesante búsqueda del amor por parte del poeta (“¿Cómo sigue el amor después de hacer el amor?”). Y decimos que “El lado oscuro del corazón” es una película fascinante aunque para llegar a esa conclusión, el espectador deba superar unos primeros minutos de confusión creada por el tono poético del film. Una vez superada esta primera impresión, una vez familiarizado convenientemente con la clave poética de la película, el espectador puede ya abandonarse a esa verborrea poética, a ese personalísimo universo del director argentino, cóctel de romanticismo y pasión carnal, surrealismo más próximo a Magritte que a Buñuel, levitaciones a lo Tarkovski o Francis Coppola, boleros sudamericanos y amplio repertorio poético de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo.

La actriz SANDRA BALLESTEROS

Junto al desesperado encuentro amoroso entre Ana y Oliverio, Eliseo Subiela, ofrece otros interesantes apuntes: el trío de amigos artistas y sus distintas posturas ante el arte, el propio Mario Benedetti recitando en alemán “Corazón coraza”o Nacha Guevara dibujando, con su personaje de la Muerte, el tercer vértice de un triángulo formado, además, por la prostituta y el poeta. También hay referencias a Wilhelm Reich, Jesucristo y Magritte, el bolero y “La Internacional” y, en algunos casos, una explícita representación de metáforas verbales que aproximan “El lado oscuro del corazón” –salvando las distancias- a los “playbacks” de Valerio Lazarov en sus primeros trabajos para televisión. Con todo, la película funciona, porque “El lado oscuro del corazón” –zona en sombras iluminada por el amor- es como una borrachera en la que se mezclan alucinación y realidad, poesía y sordidez, cárcel y locura y donde todo, consecuentemente, está permitido. Porque su principal acierto, el logro más importante de Eliseo Subiela, está en la aparente facilidad con que ha sabido integrar acción y texto poético, en la sabia incorporación de los poemas al desarrollo de la historia sin el pie forzado que cabría esperar.

A la película de Subiela se le puede acusar de muchas cosas: de su tendencia al efectismo, de mostrar y no sugerir, como corresponde a su clave poética, y –lo que es aún peor- de no apartarse demasiado de una historia rosa al uso. Todo esto convive en “El lado oscuro del corazón”, pero lo que la hace atractiva es, precisamente, la osadía de un director que no ha dudado en utilizar elementos tan peligrosos, tan propensos al ridículo, sin perder en ningún momento el necesario control sobre los mismos.

Antonio Gregori. (Agosto, 1993)

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