“La Tercera República”. Sólo de oírlo se le ponen a uno los pelos de punta. Nuestra tan deseada, idealizada y a la vez alejada Tercera. Esa que de una vez por todas acabaría con la medieval institución monárquica y con esta dinastía de los borbones que tantos disgustos nos ha dado. Parece que hoy pocos hablamos de ella, aunque no nos engañemos, pocos no somos. El problema es que estamos muy mal organizados y no sabemos hacia dónde vamos.

El republicanismo en España no tiene un discurso formado –y el que hay poco atrae-, ni una organización que lo represente de cara al exterior de forma estable, ni mucho menos una hoja de ruta a seguir para la consecución de nuestro más preciado fin: poder elegir de forma democrática quien queremos que sea nuestro jefe del Estado. Sí, aunque muchos no lo crean -y aunque a veces no lo aparezca- en eso consiste ser republicano.

La lucha republicana en nuestro país está repleta de simbología –esa que tanto nos gusta aquí-. Una simbología excluyente, que no atrae y que echa atrás a muchas personas “republicanas de ideas”, como a mí me gusta llamarlas, a sumarse a una lucha tan legítima como es la nuestra. Esto es innegable, como puede comprobarse cada año en las marchas de las principales ciudades que exigen un referéndum para decidir cuál queremos que sea nuestra forma de gobierno (#ReferéndumYa) y en las manifestaciones de la más diversa índole que se producen en nuestro país a lo largo del año, la inmensa mayoría protagonizada por sectores socialistas y en las que nunca faltan inmensidad de banderas tricolores que conmemoran la Segunda República.

La bandera tricolor –bandera oficial de España durante la Segunda República y del bando republicano en la Guerra Civil que desencadenó el golpe de Estado fascista del dictador Francisco Franco- representa para muchos valores como libertad, democracia, justicia, igualdad, progresismo, socialismo, ilustración, etc. Pero para otros muchos representa un periodo negativo de la historia de España que no relacionan con nada bueno. Aunque cueste, hay que entenderlo. Y entenderlo, en este punto, consiste en sobreponer ideas por encima de colores y banderas y ser conscientes de que si la tricolor no atrae, debemos atraer con otros símbolos, pero debemos atraer.

Es una realidad que la izquierda se ha adueñado del discurso y movimiento republicano. Y esto es un error de base. Salir con las banderas comunistas, partidistas, sindicalistas y tricolores en las marchas a favor de la Tercera es un gravísimo error. Es un error de base porque no invitamos   -es más, excluimos- a todas las personas que no son de “izquierdas” a participar de este movimiento. Y por lo tanto perdemos. Perdemos fuerza, legitimidad, diversidad, representación y sobre todo perdemos la posibilidad real de que nuestra tan querida Tercera llegue de una vez.

Ahora que está tan de moda el debate sobre la transversalidad, esa que tan poco gustaba a los sectores más rancios de la izquierda pero que ha llevado al socialismo de verdad –no el del PSOE- a ser una fuerza con posibilidades reales de cambio, podríamos aplicar dicho debate al movimiento republicano en nuestro país. La transversalidad, tan defendida por Errejón, debe ser aplicada en las calles y no solo a nivel institucional, como defiende Iglesias, para poder acercarnos realmente a la posibilidad real de que el republicanismo en España cobre fuerza.

¿Qué es lo que queremos?, me pregunto siempre. Conseguir que el jefe del Estado sea elegido democráticamente y nuestro país deje por tanto de ser una monarquía para pasar a ser una República. Esta es la respuesta básica. Ahora bien, la pregunta complicada es ¿Qué necesitamos para conseguir esto? La respuesta compleja: contar con una amplia mayoría social republicana que estaría a favor de votar “SÍ” en ese referéndum que parece no llegar nunca.

Y, aunque a algunos les duela, para contar con esa amplia mayoría en la sociedad civil el discurso y los símbolos republicanos deben cambiar. Deben cambiar porque si no cambian, no convencen. Y si no convencen, no se vence. Fuera de colores y banderas, algunos creemos en las ideas y en qué lo importante es que la Tercera llegue, que nuestro país de una vez acabe de enterrar esta arcaica institución y podamos elegir democráticamente quien queremos que nos represente como jefe del Estado. Elegirle y sobre todo poder echarle si es un inepto, se dedica a cazar elefantes o es amiguete de dictadores de Oriente Medio.

Una vez que consigamos esto ya debatiremos sobre la bandera, sobre el himno y sobre la forma que dicha República deberá tener. Es más, una vez conseguido esto intentaremos que esta Tercera República Española sea socialista, feminista, ecologista, plurinacional, diversa y fuerte. Pero antes debemos convencer. Debemos convencer a nuestros conciudadanos que no son de izquierdas de que el movimiento republicano es inclusivo, democrático, necesario y les reportará una mayor satisfacción que la que les reporta la actual forma de gobierno. Una vez conseguido esto ya trataremos de convencerles de otras cosas. Pero antes, paso a paso.

Entendamos las palabras del maestro Unamuno. Para vencer se debe convencer. Apliquémoslas a las palabras de Errejón: “La mayor radicalidad es ser capaces de transformar la realidad: para ello hay que construir una mayoría nueva, peleando el sentido común y no aceptando el rincón en que nos quiere el adversario”. Solo entonces venceremos.

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Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Comprometido con cuestiones de corte político-social. ¡Para vencer debemos convencer!

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