Nacido en Slatina (Rumanía) en 1912. Su madre era de ascendencia francesa y pasó su infancia en Francia hasta 1926, en que vuelve a Rumanía donde estudia el bachillerato e ingresa en la Facultad de Letras de Bucarest, donde se especializa en lengua francesa. Vuelve a Francia en 1938 para realizar estudios en París. La guerra mundial le sorprende en Marsella, donde colabora en la revista “Los cuadernos del sur” dirigida por Jean Belland. Vuelve a París al acabar la guerra y fija allí su residencia viviendo de trabajos de carácter docente y colaboraciones literarias. En 1950 consigue estrenar “La cantante calva” y  pasa de ser un oscuro escritor a una celebridad gracias a la polémica que despertó su obra. Le siguieron “La lección” (1951), “Las sillas” (1952), “Víctimas del deber “(1953), “Amadeo o cómo quitarlo de en medio” (1954), “Jacobo o la sumisión” (1955). Su obra se traduce en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos etc. y en todas partes provoca entusiasmo o repulsa a partes iguales, debido a su carácter insólito. En 1957 estrena “El nuevo inquilino” y “El porvenir está en los huevos” y en 1959, “El asesino sin gajes”. En 1960 la compañía de Jean-Louis Barrault estrena uno de sus mayores éxitos, “Rinoceronte”. Y en 1962, “El rey se muere”. En ese mismo año publica “Notas y contranotas”, donde recoge sus escritos teóricos sobre el arte dramático. En 1963 estrena “El peatón del aire”. En 1970 es nombrado miembro de la Academia francesa. Otras obras suyas son “Ese formidable burdel” (1973), “El hombre de las maletas”, (1975) o “¡Cállate!” (1981). Falleció en París en 1994.

El teatro de Ionesco, con excepción del teatro de Samuel Beckett es el que ha dado lugar a mayor número de interpretaciones críticas, ya que sus textos son, todos ellos, de una vaguedad intencionada. Sus dramas están llenos de posibles sentidos, pero vacíos de soluciones. Ionesco no adopta ningún punto de vista porque piensa que todos los puntos de vista son inútiles. Sus dramas ponen en evidencia la incongruencia de la condición humana y los deseos del ser humano. La realidad, para Ionesco es trágica y los dramaturgos comprometidos con cualquier ideología, Arthur Miller o Bertold Brecht, se dedican tan solo a la “despreciable” tarea de cambiar las apariencias.

Los dramas de Ionesco pueden subdividirse en tres apartados:

  • Los dramas representativos de vanguardia (el teatro del absurdo)
  • Los dramas de “advertencia social” (“Rinoceronte”, “El asesino sin gajes”)
  • Los dramas “confesionales” (“El rey se muere”, “El peatón aéreo”, “Hambre y sed”)

Todos los dramas de Ionesco se basan en los pilares gemelos de la protesta y de la paradoja, como sucede en el teatro de Beckett, Genet o Adamov y la finalidad de sus obras de vanguardia es protestar contra el orden social y la condición humana, tomando la forma de un grito desesperado y frenético, el grito del que está atrapado y lo sabe, pero que está resuelto a luchar hasta el fin.

LA CANTANTE CALVA

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Para Albert Camus la existencia humana es incomprensible. El ser humano vive en un mundo que no entiende, como tampoco entiende cuál es su función en él. Ionesco se concentra en mostrar la soledad en que se encuentran los seres humanos y  la insensatez de las acciones cotidianas que constituyen la mayor parte de la existencia.

En “La cantante calva” Ionesco utiliza un diálogo disparatado para mostrar la absurdidad de la vida cotidiana a través del colapso de la semántica ya que, si nuestras pautas de discurso son absurdas, la vida cotidiana lo es, también, en la misma medida. Así, pues el único medio de comunicación posible es el método indirecto de la paradoja.

LAS SILLAS

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Con “Las sillas” Ionesco consigue su mayor éxito en la consecución de la calidad abstracta, la ruptura de las formas dramáticas convencionales por la combate en todas sus obras. “Las sillas” es la historia de un matrimonio anciano que invita a una muchedumbre a la isla donde vive para que el marido pueda comunicarles la sabiduría que ha acumulado a lo largo de sus 95 años de vida. El plan que ha ideado para salvar al mundo debe ser comunicado a todos sus invitados por un orador profesional. Los invitados –invisibles- van llegando, hasta que, al final, el escenario queda repleto de sillas. El anciano anuncia que el orador les dará a conocer su plan y, a continuación, él y su mujer se suicidan arrojándose por la ventana. Entones el orador anuncia al público, mediante signos, que es sordomudo.

Ionesco se centra, pues, en la imposibilidad de comunicación entre los seres humanos. Las sillas vacías establecen un paralelo con las butacas del teatro donde el drama se representa, que también podrían estar vacías ya que toda comunicación es ilusoria.

“Las sillas” es el drama más trágico de Ionesco. Y la vida, un infierno en el que, cada persona está aprisionada en su celda insonora, invisible e inaudible para los demás individuos.

RINOCERONTE

ionescon-rinoceronte-montaje-centro-draatico-nacional                         Montaje de “Rinoceronte” por el Centro Dramático Nacional

A diferencia de otras obras de su autor, “Rinoceronte” carece de moraleja. Se trata de una simple historia de horror. Un rinoceronte aparece y mata a un gato. Nadie hace nada. Paulatinamente van apareciendo más y más rinocerontes y al propio amigo de Bérenguer, el protagonista, le crece un cuerno encima de la nariz y se vuelve de color verde. Poco a poco todos los compañeros de Bérenguer y su propia novia se van afiliando al nuevo partido mientras se escucha el bramido de los rinocerontes en una marcha guerrera bárbaramente rítmica. Bérenguer se queda solo, pero al avanzar hacia él los rinocerontes y comprendiendo que es el último ser humano, grita son todas sus fuerzas: “¡No capitularé!”. La verdadera fuerza de este drama de Ionesco se encuentra en la angustiada repulsión con que Bérenguer se enfrenta a la perspectiva de su propio aniquilamiento. La muerte es la nada y a hombre le resulta intolerable la idea de que todo será como si nunca hubiera existido.

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Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas. Periodista con amplia experiencia en todos los medios de comunicación. Cineasta. Escritor. Ferviente defensor de la cultura, la libertad y la justicia social. Fanático de los malvados de ficción: desde Fú Manchú a Mabuse pasando por el propio Moriarty. Porque los auténticos malvados visten de Armani y reparten sonrisas desde la alfombra roja de los telediarios.