Ficha técnica

  • Sinopsis: Emma Rovault, hija única de un humilde granjero de Berteaux, contrae matrimonio con Charles Bovary, un doctor de una pequeña ciudad. Emma, transgresora, romántica y soñadora, pronto es consciente del enorme vacío que provoca su matrimonio en su interior, por lo que buscará consuelo en numerosas relaciones extra conyugales que deben servirle para colmar sus deseos más íntimos, así como ascender en su estatus social.
  • Dirección: Sophie Barthes
  • Guión: Rose Barrenche, Sophie Barthes (basado en “Madame Bovary” de Flaubert)
  • Reparto: Mia Wasikowska, Henry Lloyd-Hughes, Logan Marshall-Green, Paul Giamatt, Ezra Miller, Rhys Ifans.
  • Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine
  • Dirección artística: Edouard Blaise, Christelle Maisonneuv
  • Duración: 118 minutos.

Hay algo de peligroso en las adaptaciones. Reside en el hecho de que hay cosas que toleramos en los libros y sin embargo no podemos sufrir en las butacas del cine. Una adaptación, como bien indica el nombre, moldea una historia a las maneras del ámbito cinematográfico. Sophie Barthes  no lo consigue con su versión de Madame Bovary, y su mayor mérito se convierte en su ruina cuando se deja ensimismar por el costumbrismo y los ritmos pausados que emanan directamente de las novelas decimonónicas.

La adaptación de la novela de Gustave Flaubert es un paseo ilustrado por la historia. Las escenas nos dejan vislumbrar de pasada el conflicto, pero no nos introducen verdaderamente en él. Cae en todos los tópicos clásicos y costumbristas y nosotros a su vez caemos en una indiferencia soñolienta. Todas las señales de malestar matrimonial las hemos visto ya antes en otros films. Hemos visto ya, por ejemplo, cómo la protagonista para de tocar inocentemente el piano cuando los asuntos serios llegan a sus oídos.

Y sin embargo en esta ocasión nos quedamos siempre fuera. Estamos esperando continuamente a que Emma Bovary, encarnada por Mia Wasikowska, adquiera un cierto carácter o muestre algo de psicología interna más allá de la eterna pose mujer reprimida por un matrimonio aburrido e infeliz. En el único momento en que Emma reacciona, da la sensación de que lo hace por instinto sexual, sin ningún tipo de premeditación. Entonces es cuando Marquis (encarnado por Logan Marshall-Green) entra en escena, y de pronto Emma parece hormonar y voilá giro argumental. Wasikowska, por todo lo demás, hace honor al corsé y se muestra más bien agarrotada durante la mayor parte de su actuación. El resto del elenco sólo lo salvan unos fugaces Ezra Miller y Rhys Ifans, cuyos personajes y actuación dan algo de oxígeno al film.

Este tipo de adaptaciones que adquieren todo el carácter del libro en el que se basan tienen también algunas bondades. Como suele ocurrir con las adaptaciones de historias históricas, la dirección de arte tiene un espacio para presentarse como verdadero protagonista del film. Pese a ser esto también un cliché en el que cae Madame Bovary, lo hace de manera prodigiosa que lo disfrutamos de todos modos. Christian Gasc y Valérie Ranchoux hacen un trabajo especialmente exquisito en el diseño de los vestuarios, que brillan en la creciente extravagancia de Emma Bovary.

Sin embargo, Barthes cae en una narración que no ofrece ningún tipo de innovación, y se contenta con imitar la novela de Flaubert en un film que seguro que será eternamente revisitado por cientos de perezosos estudiantes de literatura.