Entrevista por correo. Chile.

Moriarty. Junio 2018.

CLAUDIA LARRAGUIBEL

Nació en Santiago de Chile, creció en Caracas y trabajó durante años en Madrid como periodista. Autora de novelas como “Reír como ellos”, “Reglas de caballería”, “Donde nunca es invierno”, “Puesta en escena” o “Al sur de la Alameda”, además de cuentos y crónicas. Actualmente vive en Chile donde dirige una pequeña editorial de literatura infantil, Ediciones Ekaré Sur.

M.- SPRINTERS es un estremecedor relato sobre COLONIA DIGNIDAD, un lugar situado en el sur de Chile fundado en 1961 por Paul Schäfer, exmilitar nazi que viajó a Chile con cientos de alemanes en su mayoría niños y creó una secta destructiva convertida, más tarde, tras el golpe de estado de Pinochet en un centro de detención y tortura. ¿Cuáles fueron las razones por las que no solo en Chile sino en el resto del mundo todos miraran hacia otro lado durante muchos años? ¿Tan grande era el secretismo sobre Colonia Dignidad?

Claudia Larraguibel.- Cada día, ocurren cosas terribles en el mundo de las que no nos enteramos o a las que simplemente no hacemos caso. Los medios de comunicación tienen su agenda y sus jerarquías. A veces un tema sale en primera página y luego desaparece y se olvida; se hace poco seguimiento de las noticias. Colonia Dignidad ha aparecido en la prensa por rachas, a lo largo de varias décadas. Es un caso criminal siempre en desarrollo, pero que desgraciadamente no concluye: no se ha hecho justicia con todas las víctimas ni tampoco se ha detenido a todos los culpables.El secretismo en torno a Colonia Dignidad no fue demasiado, creo yo. Simplemente todo un país decidió mirar para otro lado. Por muchas razones. Una de ellas puede ser que algunos poderosos de Chile, esos que durante décadas recibieron apoyo y ayuda de la Colonia, que formaron parte del Círculo de Amigos de Colonia Dignidad, que pasaron vacaciones en el enclave alemán, que disfrutaron de prebendas que ofrecían Schäfer y sus jerarcas, aún siguen estando muy presentes en la vida chilena, en la política y en el mundo empresarial. Hernán Larraín, actual Ministro de Justicia y Derechos Humanos, en los años setenta y ochenta fue muy cercano a la Colonia, por darte sólo un ejemplo. Pero, claro, ahora dicen que no vieron nada, que no se dieron cuenta de nada.

M.- También entre los propios colonos el mutismo fue un factor fundamental para ocultar lo que sucedía en Colonia Dignidad. Recordemos el lema de la colonia: “Silencio es fortaleza”.

C.L.- Estaban obligados a callar. Si no lo hacían eran golpeados, tratados con fármacos o aislados. Pero también es verdad que gracias a la valentía de muchos colonos que se fugaron y que denunciaron los abusos que ocurrían allí dentro es que se pudo saber del caso de Colonia Dignidad. Gracias a ex colonos y también a varios niños chilenos secuestrados y abusados por Schäfer, y a sus madres. Algunos de los ex colonos han dedicado su vida a reunir información para ayudar en las causas judiciales, trabajan en organizaciones por los derechos humanos, incluso se han convertido en abogados.

M.- ¿Quién era Paul Schäfer, el fundador de Colonia Dignidad y cómo acabó buscando refugio en Chile?

C.L.- En esta historia llena de monstruos, Schäfer era el mayor monstruo de todos. ¿Cómo una comunidad y cómo un país permitieron que un psicópata como él campeara a sus anchas, gobernara sobre cientos de personas, dominara a una comunidad entera y construyera un Estado dentro del Estado? Es un fenómeno psico-sociológico que merece un estudio en profundidad. Su biografía, igual que su personalidad, es oscura. Dicen que fue criado por su madre, que nunca conoció a su padre. Sus dos hermanos murieron en la Segunda Guerra Mundial, donde él, tras ingresar en las juventudes hitlerianas, se desempeñó como enfermero. Después de la guerra se acercó a la religión bautista y, en 1959, fundó en Siegburg la Misión Social Privada, una institución para ayudar a niños y jóvenes con problemas, en la que él era uno de los ‘pastores’ principales así como el ‘director psicológico’. Tras ser acusado de abusar de algunos niños de la Misión, tuvo que huir a Bélgica. Llegó a Chile en 1961 con un pasaporte falso, acompañado de unos pocos colonos y tres niños, y logró convencer a cerca de 50 familias de la Misión para que lo acompañaran. Los primeros colonos eran los seguidores de Schäfer en Hamburgo y Siegburg, además de doce niños que sacaron de Alemania sin consentimiento de sus padres, supuestamente a una gira musical.Siempre fue un hombre muy astuto. Nunca firmó ningún papel, ninguna de las propiedades de la Colonia estuvo nunca a su nombre, y ni siquiera aparece en el acta de fundación de Colonia Dignidad, pero a lo largo de casi cuatro décadas fue el líder absoluto de los colonos alemanes. En agosto de 1996 se dictó en Chile una orden de detención en su contra, por abusos deshonestos, pero sólo en 2005 la policía logró detenerlo en Argentina. El 10 de marzo de ese año fue hallado en una casa en Tortuguitas, un pueblo a unos sesenta kilómetros de Buenos Aires junto a un guardaespaldas y a una hija adoptiva que lo cuidaba. A mediados de 2006 fue sentenciado a 25 años de prisión. Murió en abril de 2010 en el hospital de la cárcel de Santiago de Chile.

Paul Schäfer, fundador de “Colonia Dignidad”

M.- Tu libro tiene el gran mérito de utilizar diversos elementos, tanto de ficción como de no ficción sin que el lector se sienta incómodo. En el plano narrativo hay dos historias: la de la escritora que busca material para el guion de una película y la de la colona que indaga las causas de la muerte de un niño, el propio guión de la película junto al story board de la misma y, por si fuera poco, testimonios y entrevistas que tuvieron que ver con Colonia Dignidad. ¿Te planteaste esta estructura desde el principio o fue surgiendo con el propio libro?

C.L.- Al empezar un libro tengo muy pocas cosas claras, y la estructura lo que menos claro suelo tener. Esta configuración híbrida, que mezcla ficción y no ficción, en la que se hila un relato novelado con un guión y con declaraciones reales, se fue armando a medida que avanzaba en la escritura, a lo largo de varios años. Soy una escritora exasperantemente lenta, lo que tiene sus problemas pero también sus ventajas.Cuando comencé a interesarme por el tema de Colonia Dignidad, hace unos 16 o 17 años, y me puse a reunir información cuando aún vivía en Madrid, y luego al volver a Chile, no sabía exactamente si escribiría una crónica, un libro de no ficción, un guión o una novela. Al final, Sprinters es un poco de todo eso. La primera historia que me llamó la atención fue la de Tobias Müller y Salo Luna, dos jóvenes que escaparon en 1997 y que en el libro se cuenta en el guión que está escribiendo la narradora. Luego encontré, entre una maraña jurídica, la muerte de Hartmut Münch, que articula la novela. Es un caso que nunca se cerró y en el que todas las versiones se contradicen. Pensé que tal vez sólo abrazando la contradicción podría contar la historia de la Colonia, llena de claroscuros, de incoherencias, de paradojas. Pero realmente supe que de verdad había un libro allí cuando apareció el personaje de Lutgarda, la colona protagonista. Ella es la voz y la mirada a través de la cual miramos el mundo; ella es la que conduce y confronta al lector. Finalmente, cuando ya la novela estaba bastante avanzada, no quise prescindir de las declaraciones reales, que provienen de entrevistas y de documentos judiciales, porque son muy potentes y dan un buen contrapeso a la ficción.

M.- ¿Se ha llegado a convertir Colonia Dignidad en una especie de laboratorio para los estudiosos de las sectas destructivas?

C.L. Por lo menos en Chile, hay mucha gente hoy en día interesada en hablar y contar lo que sucedió allí. Están en marcha varias películas (documentales y de ficción), alguna serie, libros. Supongo que algunos se aproximan a este suceso de la historia reciente de Chile porque se trata de una secta, es ése el ángulo que les interesa. Otros prefieren la parte más de thriller, los casos criminales, o la fuga de Schäfer, hay cientos de aristas y cientos de historias que se pueden transformar en un libro o en una película. A mí no me interesaba particularmente ni los casos criminales ni la condición de secta. Me interesaba ponerme en el lugar de los colonos, entender cómo veían el mundo. Yo celebro que se haya despertado nuevamente el interés por saber qué pasaba allí dentro. Mientras más se hable de lo que allí ocurrió, mientras más se investigue y se analice y se cuente, más posibilidades hay de que el caso no se olvide y de que las víctimas reciban las compensaciones que merecen. Si bien la prensa, como te decía, suele ser olvidadiza, las películas, los libros, las obras de teatro, pueden arrojar luz sobre aquellos episodios oscuros de nuestra historia y ponerlos nuevamente sobre el tapete. Desafiar el olvido es uno de los poderes de la literatura.

M.- En tu libro apuntas también a la cuestión de las consecuencias que tiene para el individuo el vivir completamente aislado del mundo exterior y sometido a un severísimo régimen disciplinario. ¿Cuáles fueron los resultados de este sistema sobre los individuos que allí vivieron?

C.L.-No es difícil imaginar cómo queda alguien que ha sido obligado a trabajos forzados, que ha sido castigado, torturado, separado de su familia, alguien a quien le han quitado todos sus derechos. Lo sorprendente es encontrar en ellos la resistencia y la esperanza que vi en muchos colonos y sobre todo en colonas. Las mujeres con las que hablé eran más luminosas, tenían más esperanzas, estaban menos dañadas tal vez. En ellas me basé para el personaje de Lutgarda.

M.- Otro tema importante es el hecho de que la colonia no tuviera futuro por empeño de sus propios creadores. ¿No es contradictorio que los matrimonios estuvieran prohibidos, que las mujeres fueran obligadas a abortar y otras medidas similares?

C.L.-Es lo que se han preguntado muchas veces psicólogos y delegados del gobierno o de la embajada alemana, ¿por qué Schäfer les prohibía a los colonos casarse y tener hijos? Quién sabe. Parte de su locura o de su humor negro. Es otro tema más por investigar.

M.- ¿Cómo era la estructura de poder en la colonia? En tu libro te refieres a los tíos, los jerarcas etc.

C.L.-Paul Schäfer era el líder máximo, ayudado por una siete u ocho familias, los jerarcas. A todos ellos los llamaban ‘tíos’. Y a Schäfer, el ‘Tío Permanente’. Cada jerarca tenía una función dentro de la Colonia: la vigilancia, el espionaje, los que se hacían cargo del campo, o del hospital o de los negocios… era Schäfer el que decidía qué hacía cada uno.

M.- ¿Era Colonia Dignidad, además de un espacio físico, un espacio mental?

C.L.- En una parte del libro se hace referencia a este punto. Se habla de la Colonia como un espacio claustrofóbico, obsesivo y carcelario que persigue a la gente mucho más allá de sus fronteras físicas. Eso pude constatarlo durante la investigación.

M.- Los hechos fueron puestos al descubierto por algunos fugitivos pero sus confesiones no trascendieron lo suficiente. ¿Fue la película COLONIA, dirigida por Florian Gallenberg e interpretada por Emma Watson y Michael Nyqvist y su alcance internacional lo que consiguió que el gobierno chileno reaccionara?

C.L.- La película de Gallenberg hizo que el parlamento alemán reaccionara. En Chile en realidad la vio muy poca gente. Pero si una película logra cosas como que se cree una comisión mixta entre jueces y abogados de ambas naciones para colaborar y agilizar la compensación a las víctimas, a mí me parece bien, más allá de que la película me guste o no.

M.- En la película se pone de relieve la colaboración que hubo entre la embajada alemana en Chile con Colonia Dignidad. ¿Qué grado de colaboración hubo? ¿Se ha investigado lo suficiente?

C.L.- Aún hay muchas aristas oscuras en todo el caso (los cientos de casos) que rodean a Colonia Dignidad. Y muchas de ellas no han sido suficientemente investigadas. No puedo decirte mucho sobre este punto porque no formó parte de mi investigación. Sólo puedo remitirme al mea culpa que hizo el parlamento alemán y que salió en las noticias. En abril del 2016, el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania emitió una declaración en la cual reconoció la actitud de indiferencia y complicidad del cuerpo diplomático de su país.

M.- Durante el régimen de Pinochet Colonia Dignidad se convirtió en un lugar donde se mantenían detenidos a los enemigos del régimen y donde eran torturados y asesinados. También se llegó a encontrar un importantísimo alijo de armas que tú describes con gran minuciosidad en tu libro. Se encontraron en contenedores, enterradas y esparcidas en el año 2005.

C.L.- Ha sido el arsenal particular más grande hallado en Latinoamérica. Las armas estaban al margen de todo control y vigilancia del gobierno chileno y su obtención y fabricación no fue jamás autorizada. Se trataba de material bélico (lanza cohetes, ametralladoras, sub- ametralladoras, rockets, morteros, explosivos etc.) como para una guerra. Ese hallazgo demostró que los jerarcas de la Colonia no sólo fabricaban armas sino que traficaban con ellas a nivel internacional. Y que durante el gobierno de la UP armaron a grupos paramilitares y, durante la dictadura, a los organismos de seguridad del estado.

M.- ¿En ese año, llegó a cambiarse su nombre por Villa Baviera. ¿Cómo es hoy Villa Baviera? Al parecer está dirigida por dos antiguos colonos. ¿Qué tipo de actividades se desarrollan allí?

C.L.- El cambio de nombre se hizo a principios de los noventa porque sobre Colonia Dignidad pesaban algunas acusaciones de evasión de impuestos. Fue una estrategia para eludir la justicia. Patricio Aylwin, primer presidente de Chile tras la dictadura, canceló la personalidad jurídica de Colonia Dignidad y entonces los alemanes se cambiaron el nombre por Villa Baviera. No he regresado a Colonia Dignidad desde 2007, cuando terminé la investigación para Sprinters. Hoy en día Colonia Dignidad se mantiene abierta, allí viven unos cien colonos, la mayoría ancianos, y dos chilenos hacen de líderes y mantiene los negocios legales del lugar: un par de restaurantes, agricultura, ganadería… están organizados en tres empresas y se supone que todos los colonos son socios. Imagina el grado de confusión por el que deben haber pasado cuando atraparon a Schäfer o a otros jerarcas: les quitaron a su líder, se sintieron abandonados, huérfanos. Varios se han alineado bajo Ewald Frank, de la secta Movimiento de la Lluvia Tardía, que visitó varias veces la Colonia y que bautizó a muchos colonos. No todos repudian a Schäfer y a sus cómplices. Y los jerarcas son delincuentes que no asumen que lo son porque se sienten por encima del bien y del mal.

M.- Por cierto, ya para terminar. ¿Hay alguna razón especial para que cambies de nombre como escritora? La edición chilena de tu libro aparece firmada por Lola Larra. Confieso que eso me llegó a desorientar.

C.L.- Pues no es por confundir ni nada parecido. Es más simple: en Chile, mi familia y mis amigos me conocen como Lola desde que soy muy pequeña. Mi anterior libro, una novela ilustrada sobre la revolución estudiantil chilena de 2006, lo firmé como Lola Larra, y el editor chileno de Sprinters sugirió mantener ese nombre. En España, en cambio, mis amigos me conocen como Claudia. Como son ellos los que seguramente comprarán el libro, es mejor no despistarlos. Sé que no es común firmar un mismo libro con dos nombres distintos, pero para mí fue algo natural, ambos son mis nombres. En esta época en que todos tenemos nicks y varios apodos, no me parece tan esencial lo del nombre. Seguramente en Instagram o en Twitter te llamas de otra manera, no sé, tal vez.

M.- Muchas gracias, Claudia.