Los EEUU, siempre tan generosos, habían permitido durante la II Guerra Mundial, que militantes comunistas del CPUSA (Partido Comunista de Estados Unidos) se enrolaran en la Fuerzas Armadas de su país, llegando, incluso, a admitir a veteranos excombatientes en la Guerra Civil española de la Brigada Lincoln. Sin embargo, al acabar la contienda, las cosas cambiaron radicalmente y  la persecución a los militantes del CPUSA aumentó de forma considerable. Es famoso el juicio contra varios de sus dirigentes en el año 1948 que acabó con la condena de los acusados a cinco años de cárcel y al pago de una multa de 10.000 $. Un juicio que duró nueve meses y en el que se acabó condenando a los propios abogados defensores, acusados de desacato al tribunal.

Entre los años 1950 y 1956, en plena guerra fría tiene lugar el famoso y vergonzoso proceso emprendido por el senador MacCarthy contra los profesionales del mundo cinematográfico y teatral conocido como “La caza de brujas”, que acabó condenando a numerosos profesionales a penas de cárcel y a la pérdida de sus trabajos en la industria del cine. Especialmente notorio fue el caso del director de cine y teatro Elia Kazan, exmiembro del CPUSA que llegó a delatar a varios de sus compañeros de profesión y el del guionista y escritor Bud Schulberg, también exmiembro del CPUSA y también delator.

MARLON BRANDO como Terry Malloy en La Ley del silencio

Años después, en 1954, Schulberg como guionista y Kazan, como director realizaron la película “La ley del silencio” protagonizada por Marlon Brando en la que los autores hacían una defensa de la delación al presentar la violencia sindical y el clima de corrupción imperante entre los estibadores, poniendo en evidencia la corrupción generalizada, la extorsión y el crimen organizado en el frente marítimo de Hoboken. La película se inspiraba en una serie de artículos publicados en el New York Post en la que el periodista Malcolm Johnson –que acabó ganando el Premio Pulitzer- contaba cómo la Mafia había tomado el control de los muelles de la ciudad, de qué manera extorsionaba a los trabajadores y cuáles eran sus métodos criminales. Schulberg y Kazan centraron el relato en el acto de valentía del protagonista, el exboxeador Terry Malloy al delatar a los mafiosos que controlaban el sindicato de estibadores. De esta manera Schulberg y Kazan, antiguos miembros del CPUSA, justificaban su conducta al delatar a sus antiguos compañeros y presentar su propia delación como un acto de heroísmo. En  cualquier caso, hay que reconocer que, al margen de consideraciones de carácter ideológico o político, “La ley del silencio” es, sin duda, una película extraordinaria y una de las mejores de la historia del cine norteamericano.

Pero lo más curioso de todo esta asunto es que en 1949 el director norteamericano Robert Stevenson ya había realizado una película titulada “Casada con un comunista” en la que se advierten situaciones y actitudes personales casi idénticas. El protagonista masculino, encarnado por Robert Ryan era un excomunista que abandonó al partido y que empezaba a ser extorsionado por los comunistas norteamericanos cuando llegaba a la vicepresidencia de una naviera, para que les permitiera difundir su propaganda política. La película, dirigida por Robert Stevenson (“Mary Poppins”, “La bruja novata”) comenzó su carrera titulándose así “I married a comunist” pero luego cambió su título por el de “The woman on Pier 13”. Lo verdaderamente curioso de esta película, rayano en el esperpento, es la forma de presentar a los comunistas, algo así como personajes de una secta diabólica enquistados en todas partes, que no dudan en asesinar a quienes estorban ni en utilizar los más siniestros ardides para acabar con sus enemigos. Incluso llegaban a arrojar a una de sus agentes, una rubia comunista que utilizaban como anzuelo y que había sido amante del protagonista, desde lo alto de un edificio (también en “La ley del silencio había una escena similar). Pero lo de esta película, una serie B de cierto interés, solo tiene parangón con la forma en que el cine nacionalcatólico de Franco presentaba a sus enemigos políticos en el cine español de la posguerra: personajes diabólicos encarnados en la pantalla por actores siniestros en la línea de Carlos Casaravilla o Gerard Tichy, encuadres desfavorecedores, planos contrapicados de turbios individuos, rostros devastados por la viruela, iluminación manipulada para poner en evidencia su maldad frente al exquisito cuidado con el que directores, fotógrafos, maquilladores etc. trataban a los héroes nacionales. Un ejemplo de esto último es el Alfredo Mayo de “Raza” iluminado por una franja de luz que recorre su rostro y su limpia mirada, como si fuera un arcángel. En contraste, el repulsivo Carlos Casaravilla abriendo el cajón de su escritorio y diciendo: “El paggutido no admite egggogues…” antes de descerrajar un tiro a uno de sus agentes que ha fracasado en una misión criminal. Hay que señalar, por si fuera poco que tanto Casaravilla como Tichy eran extranjeros. El primero, uruguayo, aunque de padres españoles y el segundo, alemán. Y aquí viene lo mejor: Gerard Tichy, que se hinchó a hacer películas de comunista malo, había sido, en realidad, teniente de la Wersmachdt en la II Guerra Mundial, estuvo en un campo de prisioneros, del que se fugó y vino a España donde empezó a trabajar en el cine porque tenía acento y físico de extranjero. En cine encarnó a muchos malvados comunistas durante los años 40 y 50.

El actor GERARD TICHY, teniente de la Wersmachdt

Naturalmente el cine de la guerra fría (que se prolonga hasta entrado el siglo XXI) se caracteriza por el debate capitalismo/comunismo, mucho más virulento y feroz en el cine norteamericano cuyos orígenes hay que buscarlos posiblemente en NINOCHTKA de Lubitsch y al que corresponden películas como EL TELÓN DE ACERO de William Wellman, EL MENSAJERO DEL MIEDO de Frankenheimer, EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRIO, TOPAZ, etc y que se prolonga en el tiempo con títulos como ¡QUE VIENEN LOS RUSOS! de Norman Jewison, UN,DOS, TRES de Billy Wilder, AMANECER ROJO, ROCKY 4, LA CASA RUSIA, SIETE DIAS DE MAYO, TELÉFONO ROJO VOLAMOS HACIA MOSCÚ, 13 DÍAS y un larguísimo etcétera. Si a estos títulos añadimos películas disfrazadas de filmes de género como LA INVASION DE LOS LADRONES DE CUERPOS o ULTIMATUM A LA TIERRA de Robert Wise o las películas de James Bond con DESDE RUSIA CON AMOR a la cabeza, la historia está servida. Sin embargo  hubo un período en el que Hollywood pareció volverse loco. Fue de 1943 a 1945 cuando se hicieron películas como LA ESTRELLA DEL NORTE de Lewis Milestone, MISION EN MOSCÚ de Michael Curtiz o SONG OF RUSSIA de Gregory Ratoff. Películas volcadas a favor del sistema político imperante en la URSS o de su heroico comportamiento frente al invasor alemán. ¿Qué pasó? Muy sencillo, durante esos años USA y URSS eran aliados en la II Guerra Mundial frente al nazismo y a todos les convenía mostrar la cara amable del sistema: Robert Taylor versus Thomas Gómez. Alguien dijo que el cine “es una mentira para contar una verdad”. Pero hay muchas veces en que sucede lo contrario. A veces “el cine es una mentira para contar una mentira aún mayor”.

ANTONIO GREGORI

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