Entrevista por correo. España

Moriarty. Octubre de 2017

 

ANTONIO MERCERO

Nacido en Madrid en 1969. Licenciado en Periodismo. Guionista de series de Televisión: “Farmacia de guardia”, “Hospital Central”, “Lobos”, “Mir” y “Siete días al desnudo”, de las miniseries “El pacto” y “El Rey”. Guionista de cine: Coguionista de “La vergüenza”, “Quince años y un día” y “Felices 140”. Es autor de las novelas “La cuarta muerte” (2012) y “La vida desatenta” (2014)

“Los crímenes de Madrid” es el título de la segunda novela de esta serie iniciada con “El final del hombre”. Es hijo del director de cine y TV, Antonio Mercero.

Moriarty.-  Desde sus comienzos, la investigación criminal ha sido cosa de parejas (Holmes-Watson) o de lobos solitarios, como el Marlowe de Chandler. Posteriormente se ha impuesto la pareja de policías de distinto sexo, pero, ahora, en tu primera novela negra, “El final del hombre”, tú introduces la figura de una  policía transexual inglesa que tiene existencia real. ¿Parte la novela de una conversación sobre este tema con María Soriano?

A.M.- Así es. María Soriano monta coros en Londres con minorías, y en uno de esos coros conoció a Josi, policía transexual que sufrió humillaciones, mofas y agresiones verbales y físicas. Cuando me habló de esta mujer yo mostré interés, me puso en contacto con ella y, según me iba contando su historia, yo me iba apasionando más y más. No creo que pueda haber un protagonista con un conflicto más marcado como el que tiene Sofía Luna. Conflicto interno y externo. Y creo que encarna el viaje del héroe mejor que ningún otro personaje. Un viaje de un sexo hasta el sexo opuesto es el más alucinante que yo me puedo imaginar.

M.- La verdad es que esta novedad en el ámbito de la novela negra te permite abundar más en lo que es el tema fundamental de la obra: los cambios que la sociedad está experimentando especialmente en lo que respecta al ascenso profesional de la mujer en la sociedad ¿No crees que se trata de una transformación social plagada de obstáculos y traumas, sobre todo en un país como el nuestro, con una fuerte tradición machista?

A.M.- Yo creo que el machismo es una de las lacras de nuestra sociedad. Hay cambios, la mole se agrieta lentamente, la mujer va conquistando espacios tradicionalmente masculinos. Pero sigue habiendo desigualdades laborales flagrantes, discriminaciones, violencia contra la mujer… Queda mucho por hacer en ese terreno. Pero más complicado todavía es eliminar el machismo sutil, que está arraigado en el hueso. En mi novela me centro en el machismo de los hombres cultos (un comisario, un catedrático, un abogado), que deberían estar más dotados para aplicar una mirada nueva sobre la vida y sin embargo no pueden.

M.- También te refieres a una transformación que afecta a las relaciones de pareja, a la posibilidad del divorcio, al fin de las viejas relaciones “para toda la vida”…¿Es el cambio social y su repercusión en las personas el eje de tu novela?

A.M.- El tema principal de la novela es el machismo, y en ese sentido el personaje de Sofía Luna, que pasa de ser hombre a ser mujer, simboliza bien el cambio que se está produciendo en la sociedad. Pero es cierto que las relaciones familiares y amorosas están conociendo una revolución, y la novela también pretende reflejar esa nueva realidad.

M.- “El final del hombre” es, igualmente, una novela sobre las distintas formas de entender la vida en función de nuestra pertenencia a una u otra generación. Retratas el mundo de los mayores, el de los más jóvenes y el de las generaciones que aceptan su condición, aparentemente sin dramatismos, como es el caso del protagonista. A pesar de todo, ¿no crees que le sigue quedando un sentimiento de culpa que se pone en evidencia en el tratamiento de las relaciones entre Sofía Luna y su hijo?

A.M.- El gran miedo de Sofía es perder el amor de su hijo. Porque no es fácil para un joven de diecisiete años aceptar que pasa a tener dos madres en lugar de un padre y una madre. Incluso siendo un chaval majo y sano, le cuesta mucho digerir la noticia. En el fondo, la reflexión que se abre aquí es sobre la intolerancia, sobre lo mucho que nos cuesta aceptar lo que no entendemos o al que es diferente. Sofía Luna intuye que va a hacer daño a su hijo, que va a trastocar su vida estable y feliz, y se siente culpable por ello. Es verdad que hay varias capas de tolerancia en la novela. Pero le cuesta tanto aceptar la novedad al viejo tradicional enamorado de la heráldica como al joven de 17 años. La intolerancia es un monstruo que nos puede habitar a todos.

M.- En la novela aparecen distintas figuras paternas y analizas la relación padres-hijos. En algunos casos se trata de hijos de padres famosos en decadencia física. Y tú mismo eres hijo de un padre famoso por sus trabajos en cine y TV que, además, también padece la enfermedad de Alzheimer. ¿Es un matiz biográfico, en cierto modo, buscado?

A.M.- Supongo que sí, aunque yo no busco esas referencias biográficas deliberadamente. Pero un escritor va con su experiencia a todas partes, no te puedes desprender de lo que eres cuando te sientas a escribir. La familia como tema literario me interesa mucho. Esa obligación de convivir con seres que han entrado en tu vida por azar, que no has elegido tú, y esa obligación también de quererlos, me parece un tanto forzada y hasta abusiva. Y así lo demuestran las inercias y desgracias de no pocas familias. En “El final de hombre” aparecen retratadas varias familias, y me parece que ninguna de ellas termina de ser feliz.

M.- También te adentras en temas como los celos profesionales, el chantaje de algunos profesores sobre sus alumnas jóvenes para someterlas sexualmente, la incomprensión de los mayores a los cambios de los nuevos tiempos, los resentimientos que se esconden durante mucho tiempo en el corazón de las personas y muchos otros. ¿Crees que en la novela negra tal vez lo que menos importa sea descubrir quién es el asesino o asesina?

A.M.- Mi novela tiene un personaje muy complejo y muy original, pero una estructura clásica. Aquí se trata de presentar un asesinato y un abanico de pistas y de sospechosos, y el lector tiene que entrar en el juego de descubrir quién es el asesino. Es muy importante que la trama sea poderosa y absorbente. Mi primera intención al escribir una novela policiaca es coger al lector de la pechera en la primera página y no soltarlo hasta la última. Pero es verdad que al paso de la investigación van surgiendo temas, episodios y personajes que a mí me ayudan a ofrecer una mirada sobre el mundo que vivimos. Mi ideal de novela combina la trama trepidante con la mirada del autor sobre ciertos temas.

M.- ¿Es “El final del hombre” el comienzo de una serie?

A.M.- Estoy trabajando en la segunda parte. Me parece que el viaje de Sofía Luna hacia los misterios del sexo femenino no se puede contar en una sola novela. Así que una continuación me parece necesaria. Habrá un nuevo caso, seguiremos conociendo los miedos y las dudas de Sofía Luna y la acompañaremos en su viaje un rato más. Y seguiremos también con los personajes de la Brigada de Homicidios, que de alguna manera reclamaban algo más de espacio para expresarse. Se lo voy a dar, y ya veremos si la cosa termina en dos novelas, en tres o en muchas más.

M.- ¿Quiénes son tus modelos, en caso de que existan? O, mejor aún, ¿quiénes son tus autores favoritos, ¿los clásicos como Hammett, Chandler, Cain o los más actuales como Benjamin Black o Pierre Lemaitre? ¿O tal vez alguno de los nórdicos?

A.M.- El aroma de cine negro clásico de Hammet y Chandler a mí me sigue embriagando. Sus diálogos afilados, sus ambientes, el aura de eterno perdedor de sus detectives… Me gustan mucho. Benjamin Black y Lemaitre son dos maestros a los que leo con fervor. Yo añadiría a Agatha Christie porque me convirtió en un lector voraz cuando yo era adolescente. Y la más grande de todas, Patricia Highsmith, que cuenta la violencia del hombre corriente. Eso me resulta mucho más aterrador que el baño de sangre de un psicópata.

M.- Eres un escritor de amplio registro: guiones de famosas series como “Farmacia de Guardia” o “Hospital central”, así como guionista de varias películas. Y, también, escritor de novelas como “La cuarta muerte” o “La vida desatenta”. ¿Por qué abandonaste la escritura de guiones ahora que están de moda las series?

A.M.- No he abandonado los guiones del todo, pero es verdad que ahora estoy más dedicado a la literatura. Supongo que es algo coyuntural y que volveré a trabajar en una serie de televisión. Puede que el cuerpo me pidiera darme un paseo por ese territorio de la libertad que para mí está en escribir novelas.

M.- ¿No has sido tentado por la dirección de cine o TV? ¿O es algo que contemplas para el futuro?

A.M.- No lo contemplo, yo soy feliz escribiendo historias y creando personajes. Es lo que se me da bien y lo que me gusta de verdad. Yo veo la ficción como un laberinto lleno de historias esperando que un escritor se fije en ellas. Y tengo la impresión de que siempre queda algo que contar. Así que prefiero concentrarme en lo mío y dejar la dirección para otros que seguramente lo harán mejor que yo.

M.- Un fuerte abrazo para tu padre. Fui ayudante de dirección suyo en una de las primeras series de TVE, tal vez la primera.

A.M.- Se lo daré. Tuviste un buen maestro, entonces. Un abrazo también para ti.

M.- Muchas gracias