¿Existe realmente la esclavitud moderna?

Cada 2 de diciembre se celebra el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud y nos preguntamos, ¿sigue existiendo el trabajo esclavo?

En 1949, la Asamblea General de las Naciones Unidas daría su aprobación al “Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena”, buscando con este la posibilidad de que todo aquel que fomentara o facilitara cualquier tipo de explotación sexual, fuera castigado (artículos 1 y 2). Sin embargo, desde 1985, el día 2 de diciembre sirve no para dar visibilidad a la lucha contra la esclavitud y también a cualquier otra forma de esta.

Pero ¿es necesario proclamar un día para la Abolición de la Esclavitud?

Sí. Si bien es cierto que en la actualidad a cada uno de los 365 días se les da un significado, ya sea por efeméride o simplemente para rememorar algo, es una forma de hacer visibles, aunque sea por 24 horas, realidades que para muchos son ocultas. Porque a pesar de que el término “esclavitud” pueda llevarnos a siglos atrás, esta se ha actualizado al igual que lo han hecho nuestras sociedades y, como consecuencia de ello, se ha vuelto mucho más compleja.

Y es que, teniendo en cuenta los datos que recoge la ONG británica Antislavery, son 40,3 millones quienes en 2016 se encontraban en situación de esclavitud. De estos, diez millones son niños y casi la mitad son explotados sexualmente.

La zona sur de Asia es la que más esclavos en cualquiera de sus formas tiene -aproximadamente 17 millones y medio-, desde la explotación sexual a la laboral con la infantil como uno de sus medios. Y, a diferencia de otras zonas del mundo, en las que este fenómeno se achaca a mafias u organizaciones criminales mayoritariamente, en la India la esclavitud es incluso cultural. Se da así en un país en el que la mujer, a nivel social, carece de voz y derechos y el matrimonio forzado está a la luz del día. Mujeres son vendidas al mejor postor por tan solo 120 dólares para que abuse de ella, tanto sexualmente como laboralmente. (AlJazeera).

Además, su jerarquizada sociedad, basada en un obsoleto sistema de organización de la población que obedece a la ascendencia, justifica que aquellos que hayan nacido en la casta más baja- conocidos como “Intocables”- son poco más que un producto del que el resto puede hacer uso y compra.

Sin embargo, no todo viene dado por su contexto cultural, ya que tampoco son raras las empresas occidentales que deslocalizan su producción a este tipo de países para obtener una mano de obra esclava, y por ende barata. En los últimos años la opinión pública no fue favorable hacia ciertas empresas al saberse esto, por lo que muchas optaron por emplear estrategias de subcontratación en cada país y, de esta forma, no ser responsables directos de las condiciones laborales infrahumanas de los trabajadores.

Y no, la esclavitud no es un problema al que los europeos seamos ajenos. Porque a día de hoy, se estima que hay 1.243.400 esclavos en el viejo continente (Global Slavery Index). A pesar de ser cifras alejadas, en cuanto a proporción, del total global -suponen aproximadamente un 2,7 %-, son alarmantes. Los más desafortunados son, como no, los más débiles. Y en la Europa de 2017, éstos son aquellos que vienen de zonas en conflicto bélico en busca de asilo. Cerca del 71 % de los migrantes que seguían rutas desde el norte de África hasta Europa a través del Mediterráneo central han sido víctimas de algún tipo de explotación (Organización Internacional del Trabajo). Cada vez son más los que buscan refugio en nuestras fronteras, y eso las mafias expertas en tráfico de personas lo saben. De esta forma, son estas las que se aprovechan de su situación y negocian con su sufrimiento, ya sea esclavizándolos de forma de directa o vendiéndolos a terceros para que lo hagan.

A pesar de ser un fenómeno tan lucrativo como opaco, las Autoridades Europeas informan de que son las mujeres (y niñas) quienes más sufren la esclavitud, concentrando al 80% de las víctimas. En cuanto a la nacionalidad, es la rumana la más habitual, y la prostitución su destino más común.

Y es que no será fácil poner fin a un negocio que mueve millones y millones y que lejos de desaparecer, va a más.