Este 2 de Septiembre, aulas, trasporte, vías de comunicación, escuelas, tiendas y fábricas han sido paralizadas por casi 200 millones de trabajadores y trabajadoras de la India. Se han levantado en huelga en todo el país contra las políticas del gobierno y sus injustas condiciones laborales.

La subida de la inflación y las “reformas laborales vacías” del gobierno, en palabras de Dinesh Varshney líder del Congreso de Sindicatos de Toda la India, han llevado a hacer incluso “difícil la supervivencia de los trabajadores”. Los organizadores de la huelga, una plataforma formada por diez sindicatos y federaciones nacionales, reclaman principalmente:

  • Subida del salario mínimo a 18 000 rupias al mes (270 $)
  • Derecho de la Seguridad social y pensiones
  • Frenar la privatización del sector público
  • Frenar la promoción de inversión extranjera

El gobierno trató en su momento de calmar los ánimos ofreciendo un aumento del 42% del salario mínimo de los trabajadores no cualificados del Ejecutivo central, hasta las 350 rupias o unos 4,7 euros diarios. También buscó apagar las tensiones con la cancelación de la polémica Ley de Adquisición de Tierras, tras la dura oposición en la calle que dicha ley levantó.

Sin embargo, estas mínimas concesiones no han bastado a los trabajadores, que han convocado la segunda huelga general en el país desde la llegada al poder de Narendra Modi. La anterior huelga, ocurrida hace exactamente un año, el 2 de Septiembre de 2015, tuvo un seguimiento similar a la de hoy: 180 millones de huelguistas.

La huelga impresiona por la magnitud de su seguimiento (casi la mitad de ciudadanos de la UE) en un país con una población de 1250 millones y una fuerza laboral de 480 millones.