El 8 de noviembre de 2017 de nuestro calendario culminaba el proceso revolucionario que terminaba, en palabras del periodista estadounidense y militante comunista John Reed, de “estremecer al mundo”. Es la fecha del triunfo de la revolución obrera que llevaría a la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por primera vez, la clase trabajadora de un país conquistaba su primera victoria después de más de un siglo de lucha obrera. A diferencia de las revoluciones burguesas británica, americana y francesa, fue el grueso del campesinado, ejército y obreros y obreras quienes arrancaban el poder a los feudales zares de Rusia, quienes tiranizaban un inmenso territorio pobre, atrasado y controlado a sangre y fuego.

Desde entonces, mucho se ha dicho sobre lo que fue la URSS. En España, el único país de Europa donde se produjo un alzamiento fascista victorioso contra una democracia y que no murió con su caudillo, sino que se travistió en un proceso que eufemísticamente se llama Transición (el a dónde se transita no se sabe qué es ni dónde está, seguimos en pleno proceso de transición), la propaganda anticomunista y antisoviética ha sido el pan de cada día de varias generaciones de españolas y españoles. Esta gran impostura histórica representa uno de los mayores ejemplos de manipulación continuada y persistente de cualquier avance o triunfo para la clase social que, con su esfuerzo y sufrimiento, alimenta la riqueza de propietarios, rentistas y explotadores (quienes dicen estar altruistamente preocupados por nuestra “libertad”).

Se ha dicho de todo: que provocaban el hambre, que reprimían toda libertad de expresión, que mataban a cientos (¿miles?) de millones de personas, que su economía nunca funcionó, que era un auténtico infierno vivir en los países del socialismo real, que no había seguridad jurídica ni respeto a los derechos humanos más básicos, que no había participación política del pueblo e, incluso, en el colmo del despropósito, equiparar comunismo con fascismo (como si la ideología que surge por principio y definición como la reacción y contestación burguesa para acabar con el comunismo fuera exactamente lo mismo que éste).

Todas estas mentiras han requerido esencialmente la censura, el bombardeo permanente de mentiras y manipulaciones constantes a un nivel goebbelsiano que, obviamente, ha sido todo un éxito.

La brillante propaganda capitalista ha logrado hacer creer que el socialismo no funciona, pero no es capaz de explicar con rigor como un país atrasado y feudal bajo el zarismo se pudo convertir en una de las dos mayores potencias política, económica y militar, rivalizando con la otra, EE.UU, durante el siglo XX.

No consiguen explicar tampoco como pudo lograrlo tras recibir el mayor daño y destrucción en la II Guerra Mundial, liderando la derrota nazi y reconstruyéndose sin la ayuda de ninguna potencia, antes bien, con una permanente política de amenaza y sabotaje continuados por parte del bloque capitalista. Consiguiéndolo además mientras lograba aumentar los estándares de vida (hoy en día, un golpe menor en nuestro país como fue la crisis económica, lleva justo la dirección contraria en un continuo e inexorable proceso de deterioro, por mucho que, el siempre sincero y consecuente, Rajoy, diga lo contrario).

No consiguen explicar, si funcionaba tan mal y la gente sufría y moría, cómo la natalidad se multiplicó y la esperanza de vida prácticamente se dobló.

No consiguen explicar, si el atraso tecnológico y el grado de ignorancia y manipulación era tan alto, cómo lideraron la carrera espacial, cómo se pudo emprender el programa de ingeniería social que eliminó el analfabetismo de millones de personas y lograr, en pocas décadas, convertirse en una potencia cultural y científica de referencia internacional, todo ello, partiendo desde la nada.

No consiguen explicar, si la tiranía y falta de libertad eran tan considerables, cómo el conjunto de las trabajadoras y trabajadores de los países socialistas tenían el trabajo, la educación, la vivienda y la sanidad garantizadas de por vida. En tiempos donde se plantea que la Renta Básica Universal es la medida más progresista y de derechos humanos básicos, pues garantiza la supervivencia del ser humano, es común e interesado olvidarse de que ese objetivo ya lo cumplió la URSS.

No consiguen explicar, si fue una dictadura tan violenta y antipática, porqué desde un tercio hasta casi la mitad (en algunos países hasta el 70%) de la población de Rusia y los países de la órbita del socialismo real, recuerdan con nostalgia el comunismo y afirman que preferirían volver a ese sistema, considerando que la calidad de vida era mucho mejor que lo que tienen ahora mismo.

Y no, tampoco pueden explicar por qué gente como Alexander Solzhenitsyn y otros autores que denunciaron los supuestos genocidios soviéticos -por poner un ejemplo de los muchos que hay- tienen en cuenta como víctimas del estado soviético a los soldados nazis que invadieron la URSS, a los soviéticos que mataron los nazis y las muertes por la destrucción generada que sobrevinieron (para más información sobre la leyenda negra http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2015/07/desmontando-la-leyenda-negra-sobre-la.html)

¿Y por qué no consiguen aclarar todas estas cuestiones tan básicas que justifican la demonización de la revolución soviética?

Quizás porque los países occidentales, incluido el nuestro, no son tan democráticos cuando conviven, propician y apoyan dictaduras manifiestas, monarquías autoritarias y teocráticas, gobiernos corruptos auspiciados por golpes de estado, estados títeres y manejados. Algunos incluso explícitamente pronazis y fascistas.

Quizás porque las guerras, golpes de estado y apoyo manifiesto a terroristas, asesinos y criminales que durante décadas y todavía a día de hoy siguen propiciando países capitalistas como EE.UU no cuentan ni contarán jamás, ya que las películas de Hollywood con las que nos bombardean muestran una realidad autocomplaciente y monstruosamente falsa y manipulada de lo que este país ha hecho y hace internacionalmente.

Quizás porque nuestro país es una verdadera colonia títere de los EE.UU y porque la manipulación que creemos que sufrían otros países, o que nos dicen que debemos ver, es en realidad la que nos han hecho a nosotros. Se cree el engañado que todos los demás son los engañados.

Quizás porque el capitalismo, que en nuestro país ha propiciado que a día de hoy, tan solo Rumanía nos supere en toda Europa en cuanto a pobreza infantil o porque nuestro acceso al derecho, a la sanidad y a la seguridad social estén en peligro, deteriorándose año tras año, recorte tras recorte.

Quizás porque poder tener vivienda es un verdadero quebradero de cabeza (mucha gente ha perdido la suya o no puede casi acceder a una) y la inseguridad jurídica y las mayores ilegalidades se producen precisamente en nuestro mercado laboral en detrimento, siempre y en exclusiva, de la clase trabajadora.

Quizás porque mientras el grueso de la clase trabajadora de este país cada vez trabaja más por menos, la jubilación cada vez queda más lejana mientras los jóvenes padecen fracaso escolar y desempleo, se paga más impuestos por menos estado de bienestar y el desempleo es galopante, en la URSS el trabajo estaba garantizado de por vida, la jornada laboral era de 7 horas, la jubilación era a los 60 años para los hombres, 55 para las mujeres (50 para trabajos duros), disfrutaban de bajas por maternidad de 20 meses, todo el mundo tenía la vivienda, la educación, la sanidad y la protección social garantizada y el hambre fue completa y absolutamente erradicado, entre otras muchas conquistas sociales y calidad de vida, de esa que no tenemos o estamos perdiendo hoy en nuestro país.

Quizás porque el miedo al avance de la URSS y al ejemplo donde se miraban los trabajadores, explotados y marginados de todo el mundo obligó a que Europa garantizara condiciones mínimas de subsistencia y calidad de vida para que no quisieran la revolución y eso supuso hacer políticas públicas y un alto coste para las grandes fortunas que, a día de hoy y sin esa amenaza, no están dispuestos a seguir asumiendo, razón por la que España es cada vez más pobre a cada año que pasa.

Quizás porque los mismos que son responsables de tanta corrupción, tanta pobreza, tanto recorte y tanta explotación, desde representantes políticos y comunicadores de los mass media, nostálgicos de dictaduras fascistas, poderes financieros y bancarios hasta patronales, grandes fortunas, especuladores, terratenientes y demás parásitos que engordan mientras adelgazamos y que son, todos ellos, los más encarnizados enemigos del comunismo y el socialismo (diciendo, qué majos, que les preocupa nuestra libertad, derechos y bienestar), tienen aún hoy en día pesadillas y miedo de que una nueva revolución les quite todos sus privilegios.

Y ese miedo viene representado, en fin, por la primera victoria revolucionaria exitosa de la clase trabajadora un 8 de noviembre de 1917.

************************************************************************

En nuestro país, se ha conformado la Comisión Octubre, una agrupación que está conmemorando y reivindicando la revolución soviética. Sus fines son “conmemorar y difundir el legado de la Revolución Socialista de Octubre y la vigencia en nuestros días, ante nuestras generaciones, de sus valores de paz, progreso y socialismo” y “establecer un espacio unitario de elaboración, actividad concreta y militancia que sirva como aportación efectiva a la necesaria reconstrucción de la izquierda real y de la organización de los comunistas, en unos tiempos en los que ambas sufren un proceso de disolución y crisis organizativa sin precedentes”.

Podéis informaros más y participar en: https://octubre1917.net/

FurorTV no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores.